Las semanas previas a la partida de
Mama a Indonesia fueron terribles. Muy, muy terribles. La casa era un
alboroto, y los niños solo podíamos mirar al último hilo de la
historia de nuestra vieja vida familiar estable y feliz que
lentamente se desgarraba. Cuando Marie y yo le dijimos a Mama que no
íbamos a ir con ella a Indonesia, no dijo nada. Su cara no mostró
emoción. Simplemente dijo, ‘si es lo que queréis…’ y se alejo
caminando, con el proceso de desmantelamiento de nuestra unidad
familiar.
Resultó que la abuela y la tía Evie
estaban de acuerdo en el regreso de Papa. Debería haber sido causa
de celebración, pero no, no lo era. La razón era Mama. Una vez que
se dio cuenta que Marie y yo no íbamos a ir con ella, empezó a
llamar a Papa y a gritarle. Incluso aunque mi padre estaba planeando
el regreso, Mama empezó a demandarle que regresase de inmediato.
Recordé las palabras de Papa de hace 3 años: ‘Conocéis a vuestra
madre- siempre ha querido ser la que lleva los pantalones en la
familia. Y sabéis que no comulgo con ese tipo de historias, cariño’
Empecé a temer que Papa se quedase en
Texas, solo por fastidiarla. Marie y yo nos sentamos silenciosamente
en frente del porche, escuchándola hablar por teléfono. Mi madre
estaba histérica. ‘¡Son tus HIJAS! Te necesitan, ¡maldita sea!
No las quieres; ¿No te importan?’
Nos dábamos un respiro cuando ella
decía cosas así. Era como en los viejos tiempos otra vez, antes de
que se separasen. Mi madre siempre fue realmente buena en golpear a
mi padre donde le dolía, y luego pasar página. Podíamos escucharle
al otro lado del teléfono subiendo la voz, lo que estaba totalmente
alejado de su carácter. Era un ruido rabioso, distorsionado y
electrónico, como si una avispa estuviera atascada en el receptor.
Mama había decidido que, ya que Marie y yo nos íbamos a quedar en
California, era el deber de nuestro padre regresar de inmediato para
cuidarnos.
Fiel a mis temores, las interferencias
de Mama lo volvieron todo peor. Papa argumentó. Se enfadó. La
realidad era que, ya que mi madre había de repente empezado a
ordenarlo
que regresase, esto le había puesto firmemente en contra de toda
esta idea. La simple realidad era que él no quería tratar con Mama.
Nuestra madre nos iba a contar la última vuelta de tuerca en la mesa
desayunando, sus ojos estaban humedecidos de lágrimas, y la
insinuación no se nos escapó. Él no quería la responsabilidad de
cuidar de sus chicas, decía ella. Él no quería volver a casa.
Creo que al final mi madre ganó. Como
en los viejos tiempos, se salió con la suya y Papa estuvo de acuerdo
en regresar, rebosante de ira y resentimiento, para retomar su vida
con la abuela, la tía Evie y nosotras. Con Papa en casa, mama
decidió que ella alquilaría la casa. Pero más tarde, Wolfgang
insistió en venderla. Cuando descubrimos esto último, yo me
enfurecí. Wolfgang se había llevado a nuestra madre y a nuestro
hermano y ahora quería llevarse nuestra casa también. ¿No tenía
corazón?
Así que Marie y yo estábamos
compartiendo una pequeña habitación en la pequeña y repleta casa
de Tía Evie. Cuando nos mudamos, la tía Evie nos dijo, ‘Este es
vuestro nuevo hogar. Siempre será vuestra casa. Aunque era increíble
tener a tu padre de regreso en nuestras vidas, y la casa estaba llena
de amor familiar, todavía hubo pequeños ajustes.
De hecho, la desconfianza de Mama
sobre mi iba en aumento. Primero, yo había decidido quedarme en
California en vez de irme con ella. La idea de que las Runaways eran
más importante para mí que mi propia madre, era una piscina a la
que no se quería tirar. En cierto modo, sentí que ella se sentiría
aliviada cuando finalmente se fue. Nuestras discusiones en los
anteriores meses habían empezado a volverse físicas. Yo era una
adolescente herida, rabiosa y probablemente mi madre se alegraría de
alejarse de todo esto.
Kim Fowley se asomó por la puerta del
local de ensayo un día. Había cometido el error de contarle lo que
sucedía. Él empezó a chillarle y gritarle a mi sorprendida madre
que yo tenía un contrato vinculante con Mercury Records y que no me
podía ir a Indonesia incluso si yo quería.
Habíamos firmado los contratos unos
pocos días antes. Como éramos muy jóvenes, nuestros padres o
quienes tenían la guarda legal firmaron por nosotras. Con todo lo
que pasaba en casa, decidí que mi hermana Sandie sería la mejor
persona para venir conmigo. Sandie, que tenía un poco más de
experiencia que los padres de las otras chicas cuando se trataba de
contratos, miró el papeleo y estuvo a punto de objetar algo. Le puse
mala cara, diciendo en voz alta ‘¡Cállate!’ Me hecho a un lado
y me dijo que el contrato ponía a Kim al cargo de todo el dinero, y
que eso no era buena idea, ya que ella pensaba que Kim era una
autentica víbora. Me quede con la idea de abandonar. ‘Si me
arruinas esto, ¡nunca te perdonare! ¡Firma el papel y no hagas
caso! ¡Nunca tendré otra oportunidad como esta!’
Así que cuando Kim se entero de la
mudanza de mi madre a Indonesia y decidió interferir, las cosas se
pusieron incluso más feas. Él despotrico y desvarió, ondeando el
contrato, y básicamente le dijo a mi madre que ahora yo le
pertenecía a él, y que si no le gustaba sería mejor que se buscase
un abogado. Mi madre se mantuvo allí, con la mandíbula llegando
hasta el suelo, mientras ese hombre extraño vestido con un traje
naranja le decía que le demandaría si se llevaba a su propia hija a
otro país. Ella le dio con la puerta en las narices. Pero el daño
ya estaba hecho.
Cuando Marie y yo nos mudamos con la
tía Evie, Donnie ya se había ido a Indonesia, Mama tenía que salir
unas pocas semanas después. Con los contratos firmados, nos pusieron
de inmediato en los estudios Fidelity para grabar el primer disco de
las Runaways.
‘¡Me estáis costando dinero!’
Ese era el mantra de Fowley durante la grabación del álbum de
debut. Grabar un disco con Fowley al control fue un verdadero paso
atrás. Eran los 70 – los discos eran un gran negocio. Bowie había
editado discos maravillosamente producidos durante años. Led
Zeppelin, Elton John, Pink Floyd… esta era la era del disco doble
con hermosos diseños en la portada, un producto específicamente
diseñado para ser escuchado de principio a fin. Era la época del
álbum como forma de arte – algo cuidadosamente elaborado y
perfeccionado.
Grabar The Runaways fue un retroceso a
la época de Sun Records: la filosofía era dejar la cinta corriendo,
tocar la canción y salir del puto estudio.
Cagarla no era una opción. Para ese
fin, Jackie Fox fue reemplazada por un delgado bajista con acento
británico llamado Nigel Harrison que supuestamente andaba entrando y
saliendo de una banda que no conocíamos llamada Blondie. Jackie tuvo
que mirar mientras Nigel tocaba las canciones con la banda. Esto fue
duro para Jackie – creo que la primera noticia que tuvo fue cuando
apareció Nigel y se lo presentaron como bajista.
Kim produjo el disco de la misma forma
que nos trataba en los ensayos: quería hacerlo rápido, barato y
ponerlo en el mercado tan rápidamente como fuese posible. Nunca se
dio el caso de Kim sentado en la silla del productor pensativo,
preguntándose si podría conseguir una toma mejor. Cada canción se
ejecutaba tres veces como máximo, la mejor toma era la que se
elegía. Era del mismo modo con las voces. Nunca había cantado en un
estudio de grabación, y al principio estaba allí de pie enfrentada
a ese micrófono, con los cascos puestos, pero mi voz era débil e
insegura. La cinta se paró de inmediato. Escuché a Kim irrumpiendo
en la cabina y cerré mis ojos, preparada para otro ataque verbal. En
vez de eso, un Kim totalmente diferente asomó su cabeza por la
cabina.
‘¿Cuál es el problema, Cherie?’
‘Uh, estoy nerviosa, ¡lo siento!
¡Lo… probare otra vez!’
‘Hummm…’, Kim parecía
reflexivo. Entonces, abandonó la cabina, volviendo a entrar con el
ingeniero con aspecto acosado. ‘Saca el micrófono de aquí’, le
dijo al ingeniero. ‘Quiero un micrófono normal. Uno que ella pueda
manejar y moverlo’
El ingeniero miro objetando, diciendo
que la calidad del sonido no sería correcta, pero Kim descartó sus
objeciones moviendo su mano.
‘¡Es R&R! ¿A quién le importa
la calidad del sonido? ¿Tú crees que a los putos chavales les
importa qué tipo de micrófono ha usado ella?
Después de un rato en el que el
ingeniero estuvo re-cableando
la sala, maldiciendo a Kim en voz baja, yo estaba allí de pie con un
micro en la mano.
‘El problema’, decía Kim, ‘es
que no estas interpretando. Estas intentando CANTAR. Yo quiero a
Cherry Bomb, no a Cherie. No pienses que porque estamos en un estudio
tú estas intentando cantar afinada o algo similar. Muévete si
tienes que hacerlo. Agarra el micrófono – menealo. Esto no es
arte. No eres una jodida cantante de opera o ninguna mierda de perro
similar. Esto es R&R Tienes que proyectar – autoridad rockera,
¿recuerdas?’
Mire alrededor de la estéril
habitación, repleta de cables y equipo de grabación. ‘Parece
raro’, dije, ‘quiero decir, hacerlo en un escenario es una cosa…
¿pero aquí?’ Kim se acercó, apagó la luz. La habitación se
sumergió en la oscuridad. Me quede allí, confundida y temerosa de
decir algo. ‘Ahora estas a oscuras’, dijo él. ‘Ahora no estas
en un estudio de grabación. Estás en el escenario. La habitación
esta repleta. ¿Necesitas algo?, ¿agua?’
‘No’, dije dócilmente.
‘¡Entonces adelante!’, Kim chasco
sus dedos inmediatamente, ‘¿Estas preparada para hacerlo?’
‘Si…’
Esta fue la ternura más cercana que
Kim dio. En momentos así, sentía que amaba a Kim de alguna forma
extraña. No amarla en el sentido de verle atractivo – uhh, dios no
– pero quería hacerle feliz. Quería demostrarle que tenía razón.
A pesar de los gritos, las amenazas y el abuso, yo era una chiquilla
y Kim era la única figura adulta en mi día a día. Así de que de
forma instintiva quería que se enorgulleciera de mí. Supongo que
cuando eres gemela, tienes algo parecido a que no te sientes como una
persona completa. Siempre tienes que competir por la atención
adulta. Supongo que era la misma mezcla de amor y temor que una
esposa maltratada tiene con su marido.
La siguiente vez que la canción entro
de golpe, yo estaba preparada. Me moví en la oscuridad, imaginado
que estaba sobre el escenario de uno de esos pequeños y abarrotados
clubs en los que habíamos tocado. Canté como si estuviera
compitiendo con cientos de chavales rugiendo apretujados en un
estadio lleno. Cuando la canción acabó, esperé un instante y luego
dije al micrófono, ‘¿Cómo fue?’
‘Genial’, se escucho a Kim por mis
cascos, ‘hazlo otra vez’
‘¿No puedo escucharlo?’
‘¡No!’, ladró Kim, ‘Ya habrá
bastante tiempo para escucharlo y esa mierda cuando el disco salga.
Ahora vamos - ¡esto es puto dinero!’
El disco se grabó y mezcló en
cuestión de semanas. El día que acabamos de grabar, iba desde el
estudio a casa a decir adiós a Mama. Incluso ni pude sentir
excitación por el álbum que acababa de grabar con mi banda. Mi
mente estaba repleta por la inminente partida de mi madre. Debía
salir al aeropuerto ese día más tarde. Me deje llevar, y Marie
estaba ahí de pie pareciendo culpable.
‘¿Qué pasa?’, dije, ‘¿Dónde
está Mama? ¿Está todavía haciendo el equipaje?’
Marie meneó su cabeza.
‘¿Entonces dónde está? ¿en la
parte de atrás?’
‘Mama se ha ido, Cherie. Se acaba de
ir al aeropuerto’
‘¿Qué?’
Mire de nuevo la hora. Había dejado
el estudio pronto para poder decirle adiós. Miré a Marie, ¿estaba
de broma? Una mirada a su cara me dijo que no era así.
‘Tengo que ir al aeropuerto,
¡vamos!’
Marie y yo nos dirigimos a toda
velocidad hacía el aeropuerto para alcanzar a Mamá. Tuve que
suplicar a Marie para que condujese ya que yo no tenía aún mi
permiso de conducir. Me senté en el asiento silenciosamente, mi
mente se aceleró. ¿Por qué demonios se fue sin decirme adiós?
¿tanto me odiaba por querer quedarme? ¿es por lo que le dijo Kim
Fowley a ella? ¡Debe serlo! Ella cambió después de eso. Había esa
sensación no hablada de que ella y yo no íbamos a estar de acuerdo
nunca más. La desconfianza se estaba gestando. ¿O quizás era por
Papa? Siempre dijo que yo era una niña de papa, y cuando ella se
enfadó con él, inexplicablemente se convirtió en su enfado
conmigo. Yo estaba en el lado de Papa. Yo estaba en el lado de Kim.
Empecé a darme cuenta de que en lo que respecta a mi madre, yo
estaba en el lado de cualquiera menos del suyo.
Pillé a Marie echándome un vistazo
mientras conducía. Le devolví la mirada y ella rápidamente miró
hacia otro lado.
‘¿Qué ocurre?’ Hay algo más,
¿no?’ le demande.
Marie se quedó muy callada un
instante, y luego habló lentamente y de forma deliberada. ‘Mama
piensa… bueno, ella cree que le vas a entregar documentos
judiciales’
‘¿Qué? ¿Qué coño quieres
decir??que papeles?’
‘Algo como, una citación. Tiene la
idea de que tu… que tu y Papa estáis intentando que se quede aquí.
Para que él tome nuestra custodia’
Empecé a llorar. En el periodo en que
Papa abandono a mama y nosotras estuvimos a su cargo, me había
acostumbrado a la calma. Pero ahora las cosas estaban peor que nunca:
era el viejo drama de que dos de ellos eran incapaces de ir más
allá. Estaban peleando sobre quien se quedaría la casa, quien se
quedaría el dinero, quien se haría cargo de los niños… y usaban
todo lo que podían para hacer daño, golpear y humillar al otro.
Exactamente como en los viejos tiempos, antes de que Papa se fuera. Y
ahora mi madre había decidido que yo también estaba contra ella. No
había ninguna sensación más impactante en el mundo que mi propia
madre considerase que yo era su enemiga.
Antes incluso de que Marie aparcara el
coche, yo estaba corriendo por todo el recinto, intentando encontrar
a mi madre. Me abrí paso entre los viajeros y estuve cerca de
golpear a una señora mayor con una maleta corriendo a través del
LAX y gritando como una loca para encontrarla. ¡Tenía que
encontrarla antes de que se subiera al avión! Tenía que decirle que
la quería, que quería que ella fuese feliz, y que jamás había ni
soñado con entregarla ninguna citación judicial… ‘¡Eres mi
madre!’, quería decirle, ‘¡quiero que seas feliz!’
Su vuelo no había salido aun, y
empecé a buscarla frenéticamente. Había llegado hasta la puerta
cuando la vi. Incluso no la reconocí. Llevaba gafas de sol y un
sombrero que le tapaba la mayor parte de su cara. Iba a un ritmo
rápido, sin levantar la vista. Rápido y de forma determinada,
caminaba hacía mi sin mirar.
Fue cuando me golpeo, que mi propia
madre estaba llevando un disfraz. Estaba tan atemorizada porque yo le
llevase algún tipo de demanda de mi padre que ella se estaba
escabullendo del país para evitarme. Mientras se apresuraba a través
de la puerta, corrí hacía ella, pero de repente me vi bloqueada por
dos guardias de seguridad. Intente abrirme paso entre ellos, y ellos
tuvieron que sujetarme.
‘¡No podéis impedirme ver a mi
MADRE!’ les grite. ‘¡Puede que no la vea más!’ ¡Dejarme
pasar! ¡DEJARME PASAR!’
No les importó. No era su trabajo el
preocuparse. Se empezó a congregar público ya que mis gritos eran
cada vez más ruidosos e histéricos. ‘¡Apartad vuestras manos de
mí, gilipollas! Grité al guardia pegado a mí. ‘¡MAMA! Berreé,
‘¡MAMA, MAAAMAAAA!’ La vi desaparecer por el camino que bajaba
al avión y forcejeé violentamente, pero los guardias me retuvieron.
‘¡MAMA!, ¡QUIERO DECIRTE ADIOS!
¡MAMA!’
Para entonces, yo ya estaba histérica,
las lagrimas resbalaban por mi cara. La vi estremecerse por el sonido
de mi voz, pero no se paro ni incluso ando más despacio. Mi madre
estaba convencida de que estaba por un tortuoso y oculto motivo por
el que ella no debería volver.
Para entonces, un tercer guardia de
seguridad había llegado, un bastardo grande, y me agarró fuerte.
Pero no tenía sentido. Toda la pelea se me había ido de las manos.
Marie apareció, y estaba peleando para abrirse paso entre la gente
que estaba reunida a mi alrededor. Yo levitaba entre los brazos del
guardia, sollozando, y repitiendo una y otra vez ‘Mama, te quiero…
por favor… ‘pero ella se había ido.
Me había quedado sin aliento. Escuche
a Marie decirles a los guardias, ‘es mi hermana. Lo siento… me
ocupare de ella’ y me sentí entre sus brazos y lloré como nunca
lo había hecho en la vida, Marie prácticamente tuvo que llevarme al
coche. Me sentó dentro, y estuvimos allí un rato, sin hablar.
Cuando mi aliento estaba bajo control, Marie dijo, ‘Todo va a estar
bien, Cherie, te lo prometo. Se lo puedes decir a mama cuando llegue
a Indonesia, y explicarlo todo. Le puedes explicar la verdad, y ella
se dará cuenta que ha sido un gran error’
No la respondí. Marie metió la llave
de contacto y arrancó de vuelta a casa.
¿Llamar a mi madre? ¿Explicárselo a
ELLA? La idea me ponía un horrendo y rancio sabor de boca. No sabía
si iba a ser posible hablar con mi madre después de esto. Lloré de
nuevo. Lloré durante todo el camino a casa. No por lo sucedido, sino
porque sabía que después de esto nada sería igual. Algo cambió
dentro de mí ese día. Algo dentro de mí se rompió, y dejo de
importarme. Nunca quise sentirme así de nuevo, así que empecé a
aprender como empujar esos sentimientos a lo más profundo de mí
misma, a un lugar donde no pudiese herirme nunca más.
El dolor de darme cuenta de que mi
propia madre tenía miedo de mí fue demasiado para poder manejarlo.
Así que tuve que obligarme a que dejase de importarme. Parar ese
sentimiento. Pasarían dos años antes de que volviese a ver a mi
madre.
La opinión de Lita
fue sencilla. ‘No te preocupes’ dijo ella. ‘Los padres pueden
ser raros. Es su trabajo ser raro’
Estábamos en un camerino decrepito y
estrecho después de nuestra primera actuación como artistas de
Mercury Records. Fue en un pequeño club llamado Wildman Sam’s.
Cando digo pequeño, quiero decir: ese lugar debió ser la habitación
de alguien. El show fue salvaje esa noche. Después del loco programa
de ensayos, y un constante ensayo de las canciones, estábamos en
llamas. Tocábamos tan alto, y el estrecho local estaba tan lleno con
200 chavales que bailaban duro que me esperaba que el yeso se cayese
del techo en grandes trozos de madera. Supongo que eso es lo que
llamaban tirar el local abajo.
‘Si, supongo. Esto apesta, creo…’
Le respondí a Lita.
Afuera del camerino, la gente estaba
intentando entrar para conocernos. Podías oírlos gritar, rogando
por poder entrar. Kim estaba haciendo de guardia de seguridad.
‘Mira lo que estamos haciendo justo
ahora’, dijo Lita. ‘La gente se vuelve loca con nosotras. Todo
esto se solucionará. No dejes que te desanime…’
Mire hacía Joan. Me pilló y me
sonrió. Fue una de esas sonrisas especiales que me lanzaba de vez en
cuando, como si hubiera un secreto entre nosotras. Algún
entendimiento sin necesidad de hablar. Le sonreí de vuelta, y ella
miró hacia otro lado, dejándome un poco mareada. Los golpes en la
puerta, las súplicas para venir a vernos entre bastidores, y los
gritos de Kim reverberando en algún lugar del pasillo. De alguna
manera sentí que mientras tuviera a las chicas – Joan y Sandy
particularmente – quizás sería posible manejar todo esto.
Después de todo - ¿Qué otra
elección tenía?

