Empecé a cartearme en 1988 con Ben Corrigan,
guitarrista/cantante de Thatcher on Acid, y le dejé postales de todo
el mundo en los siguientes años. Eran mi banda favorita inglesa de
siempre, encontrando una sofisticación y un cinismo lírico en ellos
que había sido difícil encontrar en ninguna banda americana que me
gustase. Después, mi intento de trabajar a mi manera por todo el
globo finalmente falló. Me mude a Oakland en 1991 y me impactó ver
a Thatcher on Acid anunciado en un show en Epicenter Records en San
Francisco. No podía creerlo. Había asumido que la única manera de
verlos era ir a Londres.
Paré
en el Epicenter para chequear el lugar y me alegré de ver un centro
comunitario genuinamente punk y una tienda de discos todavía vivos.
En realidad, nunca había visto un lugar punk como este, un lugar
para punks llevado por punks. No habría sido sorprendente para mí
que comunidades radicales como San Francisco tuviera un Epicenter
Zone, y Berkeley el garito 924 Gilman St. Lo sorprendente de todo es
que el resto del país no tuviese más lugares como este. Ambos
garitos fueron creaciones de MRR, que puso su dinero donde estaba su
boca cuando llegó a promover garitos confiables para hacer shows y
lugares para que alternasen los punks. Aunque el fundador de MRR Tim
Yohannon se había vuelto exasperante para gente dentro y fuera de la
revista con sus visiones dogmáticas, los garitos que el fundó
estaban trabajando con modelos anarquistas que llevaban todos los
punks que se involucraban. La historia de Gilman se cuenta con gran
detalle en un libro de 400 páginas publicado por MRR en 2004
recopilado por Brian Edge y llamado 924 Gilman.
Unas 20 personas se presentaron en el Epicenter
para el concierto de Thatcher on Acid, y rápidamente estaba seguro
de que yo era una de las pocas personas que conocían bien su
material. Mientras estaba la banda montando, le di un toque a uno de
ellos y le dije que buscaba a Ben. Resultó que era él y se quedó
ligeramente impactado cuando le dije quién era yo.
‘¡La
última vez que supe de ti fue en Australia! ¿Qué estás haciendo
aquí?’
Le
conté
mi intento fallido de buscarme la vida por el mundo y salimos a tomar
una birra a la calle. Es curioso como narices acabaron tocando en San
Francisco cuando eran tan oscuros. Me dijo que algunas personas que
conocían de la Bay Area les habían dicho que Thatcher on Acid
tenían una cantidad decente de seguidores en la Costa oeste y que
podían hacer un pequeño tour con éxito por California, el noroeste
y Arizona. Se imaginaron que solo les costaría un par de miles de
pavos y que valdría la pena solo llegar a los USA y tocar algo. Era
un poco escéptico sobre los ‘seguidores’ y pensaba que sus
amigos probablemente solo eran fans exagerados como yo que estaban
dispuestos a decir cualquier cosa por tenerles a este lado del
estado.
Thatcher
on Acid fue la única banda que había escuchado citar a Raoul
Vanegeim, cuyo libro siuacionista The Revolution of Everyday Life es
un clásico de la literatura anarquista: ‘esos que hablan sobre
revolución y lucha de clases sin referirse al día a día, sin
entender lo que es subversivo sobre el amor y lo que es positivo en
el rechazo de las restricciones… esas personas tienen un cadáver
en la boca’ La única banda que yo conocía que apreciaba Vaneigem
y el situacionismo eran los Feederz, esos anónimos anarquistas de
Phoenix que escribieron clásicos como Terrorist, Burn Warehouse Burn
y Gat Rage.
Después
de un show estelar en el Epicenter y otro en el Gilman, Thatcher on
Acid regresaron e hicieron otro en Gilman un mes más tarde al final
de su pequeña gira. El concierto del Gilman fue esta vez una tarde
con Cringer, Victim’s Family, Thatcher on Acid y Alice Donut y
hablé en el parking mucho entre sets con Ben, su compañero de casa
Sean Forbes y Wat Tyler y los tipos de Alice Donut. Uno de mis amigos
de la escena de Philly, Jack ‘the mountain’ Gorry de Scab
Cadillac era amigo de los Alice Donut y había cantado alabanzas a
menudo antes. Fue bonito que la diáspora de punks que se había
extendido por todas partes de la tierra desde sus hogares originales,
casi a cualquier lugar que una banda viajase, podían confiar en
encontrase con alguien conocido o a uno de sus amigos.
Nunca
había escuchado una canción de Alice Donut hasta que tocaron en el
Gilman, pero me gustaba el hecho de que su cantante Tomas Antona
pasase mucho tiempo en el parking transformándose a sí mismo en
otro personaje. Era un tipo agradable de modales apacibles, quien al
enfundarse su personaje escénico se convertía en un frenético
héroe de acción irreconocible. Cuando aúllas
frases como ‘piernas torcidas/ riñones débiles, la mujer del
carnicero es difícil de complacer’ y ‘espero morir como un freak
por un hecho o por pura estupidez’ no puedes sentir exactamente
calma. Mule, que había sido editado ese año, era un álbum
brillante y excesivamente retorcido. Como una versión neoyorquina de
Butthole Surfers, les encantaba desafiar a su audiencia. Eran más
infames por su canción Lisa’s father de sus primeras ediciones.
Era una canción profundamente inquietante sobre el incesto con una
niña, y algunas veces podría expulsar a miembros desprevenidos del
público fuera de la sala. No es sorprendente que fuese favorita
entre los fans de Alice Donut. A veces un miembro del público podía
saltar al escenario y empezar la canción de forma espontánea.
Antona describía la versión más enfermiza de la canción que
habían interpretado en un show en Schorenbaum, Alemania, cuando
tocaron con una banda alemana llamada Rick Agnew.
‘Ese
lugar era caluroso, húmedo – como si cayera lluvia del techo’
decía Antona. ‘¡Fue increíble! ¡como una máquina de humo! El
guitarrista de Rick Agnew había escuchado Lisa’s Father en un
video de la TV Alemania, como se sabía la canción dijo, ‘OK,
¡hagámosla!’, el resto de Rick Agnew dijo, ‘desnudos’ y el
respondió, ‘Si, quiero hacerla desnudo, así que les dije, ‘OK,
eso está bien’ Él era un tipo dulce, ¡un tipo dulce y normal!’
‘Y
salió y cambió, la estaba haciendo de una forma realmente
siniestra, susurraba ‘Lisa, Lisa’ luego se quitó su camiseta, se
bajó los pantalones, se envolvió con el micro sus huevos y empezó
a apretar y a gritar muy dramáticamente, con su cara contorsionada y
nosotros nos quedamos ¡Whoaa! Luego agarro un imperdible y con el
extremo atravesó su polla, ¡y luego se dirigió hacía el micro y
grita! Todo el mundo estaba en plan ‘¿Qué coño es esto?’ y él
se estaba acercando a mí con su rollo y clava su polla a mi abrigo,
así que fue como un hecho muy poco natural. Fue muy, muy raro’
La
banda más asociada en las mentes de la gente con el Gilman era
Operation Ivy, cuya breve y furiosa carrera lanzó un nuevo estilo de
punk comercialmente exitoso – el género ska/punk. La banda se
juntó a primeros de 1987, tocando su primer show el 16 de mayo en el
garaje del batería Dave Mello, y al día siguiente hicieron su debut
en el Gilman abriendo para Gang Green y MDC. En unos pocos meses y
algunos shows en el Gilman. Desarrollaron un fuerte grupo de
seguidores locales por su súper
cargada y apasionada mezcla de hardcore y ska. Los miembros de la
banda hacían voluntariado en el Gilman en su tiempo libre sacando la
basura o haciendo cualquier cosa para mantener el club funcionando.
Tim ‘Lint’ Amstrong, el guitarrista, acredita al Gilman como
clave en la existencia de la banda.
‘Creo
que es la gran razón por la que somos de verdad una banda’, le
contaba a MRR en enero de 1988, ‘porque cuando Basic Radio se
separó, Matt y yo solo salíamos por ahí al igual que Jesse. Creo
que estar rodeado de toda esa energía creativa nos unió en ese tipo
de modo de pensar y creo que es una gran razón por la que formamos
una banda. Creo que no podemos dar al Gilman por sentado y creo que
un montón de gente lo hace. Es fácil olvidar cuando las cosas iban
bien. Deberíamos mantenerlo así el mayor tiempo posible’
La
frustración que encaraban era común para los punks DIY durante los
80, y eso fue lo que hizo que otras personas contribuyesen. Siempre
se había prestado más atención al DIY en la escena punk que a la
acción basada en el carácter distintivo, y al final de la década
el problema solo empeoró. Una nueva generación estaba llegando en
una era donde siempre parecía haber sitios donde ver conciertos,
fanzines que leer, discos que comprar y muchos de ellos lo daban por
sentado.
Mirando
en retrospectiva, el cantante Jesse Michaels está de acuerdo en que
924 Gilman y Operation Ivy no son citados como que estaban
entretejidos. Él sentía la atmósfera
de MRR en el Epicenter y Gilman , haciéndoles más estructurados que
con lo que algunos punks estaban conformes.
‘Nuestra evolución fue concurrente con el
Gilman más que como resultado de ello. Gilman fue un lugar genial,
pero todo el mundo en la banda estaba familiarizado con antros punk
más tradicionales, así que había otras ideas sobre garitos
flotando alrededor además de la comunidad basada en el muy político
924 Gilman. No le restó importancia al Gilman, pero muchos de
nuestros mejores shows sucedieron en garitos menos organizados, como
algún chaval montando una PA y buscar una pizzeria o algún mierdoso
bar en los suburbios’
Otro
de los pocos garitos confiables de Bay Area en ese momento para shows
hardcore había sido The Farm, un edificio bunkerizado en Army St.
(ahora Cesar Chavez Blvd), al sur de Missin District. La apertura del
Gilman proporcionó un paraíso para ver shows para un montón de
jóvenes punks que no querían arriesgarse a ser golpeados por los
grupos de skinheads que normalmente se pasaban por el Farm.
‘Desafortunadamente’,
recuerda Jesse Michaels, ‘el Farm funcionó durante una de las
peores eras de la violencia skinheads en San Francisco, así que ir a
shows allí era una experiencia aterradora y de riesgo. Eran matones
y cobardes, escogían a una persona y la atacaban, con el resultado a
menudo de mandar a esa persona al hospital. Y los punks, desdentados,
se quedaban ahí parados observando. Creo que algunos de esos
skinheads acabaron bastante mal por las pandillas mejicanas en el
parque cercano al garito una noche’
Cuando
finalmente el Farm cerró en 1988, los skinheads empezaron a ir al
Gilman, y todavía se mostraban demasiado intimidantes para la
relativamente pequeña cantidad de voluntarios comprometidos a llevar
el Gilman. Fue un dilema para los punks que llevaban el Gilman –
habían hablado de contratar un guarda de seguridad, pero la idea de
involucrar seguridad o polis era admitir que los punks estaban
desorganizados y eran ineficaces para vigilar su propio club.
Una
organización benéfica de homeless en Philly fue educativa para mí
en cómo hacer shows punk apropiadamente, especialmente en la era de
violencia skinheads que virtualmente estaba invadiendo cada escena en
el país a finales de los 80. La seguridad siempre fue uno de los
grandes temas en shows DIY en salas alquiladas y centros comunitarios
– o en cualquier show punk en ese asunto – y contratar gorilas
profesionales que no fuesen punks normalmente invitaba al desastre.
Por otro lado, usar gorilas punks que eran demasiado pequeños para
ser eficaces, a menudo no funcionaba. Siempre estuve impresionado por
la propuesta del CBGBs que parecía usar un enorme skinhead musculoso
que estaba tan seguro de sus habilidades que nunca se sintió
amenazado o enojado. Con una sonrisa en su cara, simplemente sacaba a
los chavales del escenario y sin esfuerzo los arrojaba de regreso al
público.
En
el concierto benéfico, un contingente de skinheads suburbanos estaba
causando problemas y me llamaron para separar una pelea en el baño.
Acabó cuando me presente allí, pero me sorprendió lo rápido que
mis órdenes para dispersarse fueron atendidas. Aunque yo media casi
2m, yo era tan delgado que nunca me vi como una persona grande.
Aunque cuando me vestía con algún tipo de uniforme – cabeza
afeitada, chaqueta y botas militares, y mi fría cara – mis propios
amigos me decían que les asustaba muchísimo. Los grupos de
skinheads, que generalmente se nutrían de individuos cobardes,
tenían una tendencia predecible a obedecer a un macho alfa al que
percibían como uno de los suyos. La mayoría de los punks temían de
algún modo a los skinheads, especialmente a uno tan grande como yo,
así que ese angulo lo tenía también cubierto. Lección aprendida -
para seguridad, contrata al skinhead amigable más grande que
conozcas. Por otra parte, esto no siempre funcionaba. Julian Bevan de
la banda Sluggo de Cincinnati recuerda uno de sus shows favoritos en
el Jockey Club.
‘Inspirado
por la brutal interpretación Frenchy Da Skin en el show de Agnostic
Front, Chris D y yo éramos los únicos skinheads de Cincinnati, Tom
Turk y Steve Hull, para ser falsa seguridad en el escenario de
Sluggo, desarrollaban falsas palizas a todos nuestros amigos. Un
puñado de personas no pillaban la broma y me arrojaban latas de
cerveza y me atacaban físicamente en el escenario’
El
EP Hectic de Operation Ivy salió en enero de 1988 y los rumores
sobre la banda se empezaron a extender más allá de la Bay Area.
Fueron una dosis bienvenida de juguetona-pero-cruda energía en el
punk cuando demasiadas bandas nuevas habían perdido la noción de la
modestia, mejor expresada por Leonard Philips de los Dickies, que ‘el
punk rock es ridículo’. Larry Livermore recuerda en una entrevista
en la web de Operation Ivy que el núcleo de Gilman intentó fomentar
una atmósfera más ligera.
‘En
esa época, el punk se había quedado muy teñido por el metal
thrashcore y tenía tendencia a ser bastante oscuro y a menudo
machista. Los chavales del Gilman eran mucho más jóvenes, en edad y
en espíritu, y les encantaba la diversión de las convenciones
tradiciónales punk. Por ejemplo, una vez, cuando la banda hardcore
de Boston Slapshot tocó en el Gilman, en vez de estar de pie entre
el público golpeando al aire con nuestros puños cantando eslóganes
straight Edge como hacían los fans de Slapshot normalmente,
empezamos a jugar al pídola y otros juegos infantiles en el pit, y
cada vez que el cantante de Slapshot nos gritaba cosas como, ‘¿qué
es esto?, ¿la puta sala de juegos?’ nosotros dábamos vueltas
riendo y poniéndole caritas. Nuestro objetivo no era ser hostiles
con la banda, pero si mostrar que el punk podía y debía ser alegre
y divertido, en vez de lo que Slapshot y muchas otras bandas parecían
pensar de ello más que un festival de golpes en el pecho y
testosterona.
‘Fue
realmente como Larry lo describió’, recuerda Jesse Michaels
divertido. ‘Nadie estaba allí, excepto un par de tipos era
Straight Edge allí – quienes no podían haber sido mejores
personas – y los típicos nerds. Si lo recuerdo bien, alguien fue
al pit con aires de grandeza y todo el mundo solo estaba siendo
absolutamente estúpido. Incluso los chavales Straight Edge pensaban
que era hilarante. La cita de Choke es exactamente lo que él dijo y
todo el que estaba allí lo recuerda, solo fue un momento genial. Él
estaba allí con su palo de hockey y todo era pura comedia’
Operation
Ivy fue una de las pocas bandas que tocaban en el Gilman de forma
regular que daban dinero de lo que cobraban al Gilman. Ellos hacían
esto cuando apenas se ganaban la vida con otros trabajos. Algo
inusual en las bandas de esa era – cuando los grados de éxito
comercial eran más alcanzables que en la primera mitad de la década
– ellos mantenían un fuerte compromiso con la música underground
y sostenían una escena musical underground. Michales explicaba a MRR
como su mezcla musical reflejaba esto, de una forma esto reflejaba la
primera actitud de Bad Brains en cuanto a llevar estilos musicales al
extremo:
‘Me
gustaba el ska desde hacía tiempo. Las bandas ska parecen tener una
verdadera tendencia negativa para convertirse en bandas pop poco
convincentes, desafortunadamente. A causa de esto y también a causa
de nuestro gusto en la música, creo que es justo decir que cuando
tocábamos ska intentábamos hacerlo lo más duro posible. Todo el
mundo en esta banda adora el ska pero mucho de esto es básicamente
alegre y comercial. Es casi como si quisiéramos tomar música
realmente buena que a veces se vuelve comercial o es semi-comercial y
llevarla de vuelta a la tierra. Llevarlo al underground y añadirle
algo de energía ya que la energía natural de la música ska es
increíble y cuando la coges y le sumas algo de la energía hardcore
underground a ella…’
La
banda salió de gira durante 6 semanas por USA en 1988. Aunque el
camino había sido pavimentado por numerosas bandas antes, todavía
era excitante para ellos como si hubiesen estado en 1980. Pocas
bandas fuera de la escena de East Bay hacían giras, y Operation Ivy
no tenían ni idea de como serían recibidos en cualquier lugar. Su
conductor era David Hayes, copropietario de Lookout, y su máquina
para girar era un Chrysler Newport del 69.
‘Creo
que era una mentalidad positiva’, explicaba Tim Amstrong sobre el
éxito de la gira en una entrevista para Flipside en 1988. ‘Salimos
con un coche con una caja en techo diciendo ‘¡Lo vamos a hacer!’
y mucha gente en Berkeley decía, ‘No se… deberíais pillar una
furgo’ o ‘6 semanas es mucho tiempo’ o ‘No sois una banda
suficientemente buena…’ y ese tipo de cosas. Pero solo dijimos,
‘¡Lo vamos a hacer!’ y sabíamos que cuando al principio nos
dirigíamos a L.A., sabíamos que lo estábamos haciendo. ¡Y lo
hicimos! Creo que todo es actitud mental’
Cuando
llegaron a grabar su primer disco, Operation Ivy lo quería hacer en
el Gilman, lo cual resultó ser más un dolor de cabeza que nada que
esperasen y resultó agotador en cuanto a las relaciones de los
miembros de la banda entre sí. Finalmente se fueron a otro estudio
con Kevin Army, que había grabado sus primeras canciones para un
recopilatorio de MRR. Brevemente después de editar el álbum, la
banda anuncio que harían su último show, y la gente se presentó y
abarrotó el Gilman en una cantidad que antes nunca había llenado el
club. Jesse Michaels había decidido que quería dejar la banda, y
como Marginal Man, no había ninguna cuestión sobre la existencia de
Operation Ivy que no fuese con su encarnación original. Según todos
los informes, el show fue similar al último show de Marginal Man por
el apego emocional que los fans sentían por la banda. Los chavales
caminaban con lágrimas en sus ojos, asombrados de que la banda que
había colocado la escena de East Bay en el mapa se estaba separando
ya.


