8 de septiembre de 1974.
Mi hermana gemela, Marie, y yo
parecíamos sencillas inusualmente esa noche. De hecho, parecíamos
un par de quinceañeras del Valle. Un par de vaqueros, nuestras
blusas más simples y aburridas. Sin maquillaje, sin nada, nuestro
‘plan Jane’ parecía deliberado. Esta noche era especial y la
ropa estaba cuidadosamente elegida.
Mientras
nos escabullimos de la habitación, colgué la mochila casualmente
sobre mi espalda, mi madre sintió el movimiento de inmediato y llamó
desde la cocina, ‘chicas, ¿sois vosotras?’
‘Si,
mama’, respondió Marie mientras íbamos directas a la puerta
principal sin pausa, ‘somos nosotras, estamos saliendo…’
‘¿A
dónde vais?’ preguntó de nuevo, sospechando.
‘¡Hacer
de niñera!’ repicamos a la vez, antes de añadir, ‘¡ya te lo
diremos!’
Hacer
de niñera es lo que decíamos a mi madre cuando estábamos haciendo
algo que sabíamos que no aprobaría. Hacer de niñera fue un código
para ir a los nightclubs vistiendo de forma llamativa a bailar toda
la noche. Era un código para fumar y beber cerveza Big Mouth en
Mickey con los chavales del vecindario. En esa noche en particular,
era un código para ir a un concierto de rock. La mentira se deslizó
con facilidad por mi lengua, tiramos de la puerta y el aire turbio
del Valle de San Fernando golpeo en nuestras caras, dulce con aroma a
enebro y la promesa de libertad. Yo tenía quince años y se sentía
como si la mentira fuese una segunda naturaleza. Ese sentimiento
enfermizo que solía tener con las medias verdades o las mentiras
descaradas era ahora muy suave, al menos era imperceptible. De todos
modos, esa noche tenía cosas mejores en mi mente que las mentiras
que le conté a mi madre para mantenerla felizmente inconsciente. Esa
noche era especial: la tenía marcada en el calendario desde hacía
meses. Era mi primer concierto de David Bowie, y nada en la tierra me
iba a impedir estar allí.
La
puerta se cerró detrás de nosotras, y nos deslizamos en la noche.
Empezamos
a pasear por la manzana, por si mama estaba cotilleando por la
ventana de la cocina. Después de todo, no queríamos levantar sus
sospechas. Caminábamos con paso ágil como si no tuviéramos nada
que esconder. Marie andaba mirando por su espalda, arrastrándose por
la acera como una fugitiva a la huida.
‘Cálmate,
¿quieres?’ murmure, ‘Pareces nerviosa, mama está bien. Esta
demasiado ocupada con Wolfgang y no va a sospechar nada. Solo estamos
haciendo de niñeras, ¿recuerdas?’
Wolfgang
era el nuevo novio de mi madre, era alemán y extremadamente
pudiente. Supongo que era atractivo – para ser mayor – y siempre
vestía con trajes caros a medida. Trabajaba en el Bank World y
viajaba mucho. Lo que realmente sabía era que ganaba mucho dinero
haciéndolo, y vivía en Indonesia. Cuando él estaba en California,
ella parecía feliz. Cuando estaba fuera, ella estaba callada y un
poco triste.
Yo
sentía que a Wolfgang le desagradaba, pero eso estaba bien para mí.
A mí no me gustaba Wolfgang porque no era mi padre, y nunca lo
sería.
‘No
es por mama por lo que estoy preocupada’ dijo Marie, mirando aun
por su espalda con la suburbana calle vacía detrás de nosotras. ‘Es
por Derek’
Puse
los ojos en blanco, ‘OH, POR FAVOR, para ya de hablar de Derek’
suspiré.
Derek
era un ex novio de Marie, y un asqueroso del primer curso. Marie le
había estado viendo durante meses hasta que papa se fue para siempre
y que ella finalmente había dejado hacía unas pocas semanas. Mama
no sabía nada de Derek cuando Marie tenía citas con él y es bueno,
ya que estoy segura de que ella lo habría hecho arrestar, o echado
de casa a Marie de casa para siempre otra vez si se hubiese enterado
de que su hija de quince años se citaba con un holgazán de veinte
años. No tengo ni idea de qué coño vio Marie en Derek: él no era
atractivo, no era encantador; de hecho, todo lo que se puede decir de
él es que tenía coche. Marie era demasiado buena para él. Ella era
una chica hermosa, y yo solía sentirme totalmente inferior a ella, a
pesar del hecho de que éramos gemelas y la mayoría de la gente no
podía distinguirnos…
Eso
es por lo que lo de Derek me desconcertaba. Toda la idea era
repugnante, y se lo recordaba a Marie cada vez que tenía la
oportunidad. Cuando Marie se libró finalmente de él, yo me sentí
muy feliz. El inconveniente era que desde que ella se libró de él,
Derek era de todo lo que parecía que Marie podía hablar.
‘No
me arruines la noche’ supliqué mientras veíamos el coche parado
un poco más debajo de la manzana. ‘no
quiero oír hablar de
Derek, ¿vale? Vamos a divertirnos esta noche’
‘Vale’
respondió Marie sonando insegura, ‘Él me pone nerviosa, está
LOCO, Cherie. No son chiquilladas, algunas veces él me asusta…creo
que me ha estado siguiendo’
‘No
me sorprende, Marie, ¡es un freak! ¿Porque coño salías con él?
Sera mejor que no nos arruines la noche hablando de él’ Escupí la
palabra como si fuese tan desagradable como si no pudiera sostenerla
en mi boca. ‘Es aburrido, él apesta’ No malgastes tu aliento
hablando de ese perdedor…’
En
esas, Marie sonrió finalmente. Ya que nos acercábamos al coche ella
finalmente concedió, ‘Esta bien, tienes razón, apesta’ Después
ella sonrió. Toda la preocupación finalmente abandonó su hermosa
cara.
Abrí
la puerta, mi mejor amigo, Paul, estaba dentro, su cartucho de ocho
pistas escupía la banda sonora de esa noche: Diamond Dogs de David
Bowie. ‘¡Hey chicas!’ sonrió, ‘¡Entrad!’
Paul
era nuestro conductor elegido para esa noche. Tenía diecisiete años
y era hijo único, sus padres le daban todo lo que quería,
incluyendo un Camaro Sport amarillo con una raya negra en el costado.
Fue Paul quien nos enseñó a Bowie, el glam rock y todo eso que se
había convertido en el centro de mi universo. Paul era un tío
extraño e introvertido que estaba totalmente obsesionado con Bowie.
Hablaba a través de sus dientes, y tenía una extraña fobia sobre
comer cualquier cosa que él hubiera tocado. Cuando íbamos a un
McDonalds, se comía toda la patata frita menos la parte que había
tenido contacto con sus dedos. Tenía una extraña y jadeante risa
que me recordaba a Muttley de Wacky Races. A pesar de todas esas
singularidades, me gustaba Paul; pensaba que era adorable; raro pero
lindo, Supongo que era atractivo de una forma bizarra; vestía y
llevaba pintas un poco como Bowie. Además, tenía buen gusto para la
música. Me habría fugado con él si me lo hubiese pedido. Nunca se
le vio interesado. Sentía que había algo incomodo entre nosotros
cuando me acercaba demasiado a Paul.
Incomodo
era la verdadera definición de Paul. No sabía demasiado de chicos y
de cómo funcionaba su cerebro, y no fue hasta años más tarde que
me enteré de que él era gay. Él era uno de los tíos más guays de
entonces. Lo sabía, mi mejor amigo de esa época. Hubo una época
cuando Marie era mi mejor amiga, pero durante esos pocos meses yo
estaba más cerca de Paul que de Marie, que había sido absorbida por
el vórtice de Derek. Durante el verano habíamos empezado a
separarnos lentamente: Marie estaba saliendo con su propio círculo
de amigos, la mayoría de los cuales pienso que no me gustaban. Esa
noche se estaba comportando como era típico en ella. Habíamos
estado hablando de ir a este concierto de Bowie durante meses, y
ahora era el día que finalmente llego y Marie estaba demasiado
ocupada de su estúpido ex-novio para disfrutarlo.
‘Jesus’,
dijo Paul mientras nos alejábamos, ‘¿Por qué frunces el ceño,
Marie?’
‘¡No
lo estoy haciendo!’ chillo Marie, ‘solo estoy preocupada por
Derek…’
Mire
con los ojos en blanco a Paul, y él gesticulo, familiarizado con la
saga de Marie y Derek. Fue Paul quien nos enseñó todos los buenos
clubs de L.A. Fue Paul quien nos llevó por primera vez a la Disco
Inglesa de Rodney Bingenheimer, un club de Sunset Strip que fue la
zona cero para el glam rock en L.A. Fue Paul quien nos llevó al
Sugar Shack en North Hollywood – un club para menores de 21 años
donde pinchaban la mejor música nueva, todo el maravilloso glam
ingles que yo amaba: Bowie, Elton John, Sweet, Mott the Hopple…El
Sugar Shack se había convertido en un hogar fuera de casa para mi en
esos meses pasados, un lugar donde podía olvidarme de todos los
problemas que tenía en casa desde que papa se fue, un lugar para
divertirse, ponerse elegante y bailar. ¡Y Rodney! Todo el mundo en
Rodney era una estrella, y el club era un club frenético de jóvenes
chicos vestidos con sus ropas más sexis, sucias y extravagantes,
groupies, faces de la escena glam y los tíos mayores más extraños
que se congregaban para comerse con los ojos a todos los adolescentes
carne de talego tambaleándose en la pista de baile con reveladores
trajes y botas de plataforma de seis pulgadas. Por supuesto que ahí
es donde Marie conoció a Derek.
‘No
te preocupes por Derek’ dijo con sorna Paul, ‘Estará en Rodney’s
como siempre’
‘Pero-‘
‘¡Cállate!’
grité. ‘Derek, Derek, Derek ¡No quiero oír su nombre nunca más
esta noche!’ Nos metimos en una destartalada estación de servicio
de Ventura Boulevard. El dependiente era un gordo vago con un mono
lleno de grasa mordisqueando un cigarrillo apagado. Sacamos nuestras
sonrisas más dulces, y preguntamos por las llaves del baño. Miró
de arriba abajo y con un gruñido las arrojó sobre nosotros. La
llave era pequeña, pero estaba atada a una cadena de dos por cuatro
tan grande como mi brazo. Nos apresuramos a doblar la esquina y nos
metimos en el baño.
El
lugar era peor de lo que nos imaginábamos. El inodoro estaba repletó
de toallas de papel y la taza llena hasta el borde de agua amarilla y
dios sabe que más. El suelo de baldosas estaba agrietado y salpicado
de charcos de pis y manchas oscuras de quien sabe qué. Alrededor de
la bombilla parpadeante y desnuda moscas agitadas y arremolinadas. El
espejo estaba roto y mugriento, pero eso no nos importaba: esa noche
ese era nuestro camerino. Usando el minúsculo lavabo como mesa de
maquillaje, empezamos nuestra transformación.
‘¡Este
sitió es verdaderamente repugnante!’ se estremeció Marie,
agarrando sus pantalones rojos brillante y su caja de maquillar.
Yo
dije, ‘Uh, Uh’ intentando no respirar por mi nariz.
Nos
quitamos nuestra ropa interior, tratando de no tocar las superficies
desagradables del lugar, con buen uso para sus rutinas hasta ahora.
Pedazo a pedazo la vieja Cherie empezó a desaparecer. En su lugar
surgió la nueva Cherie, Cherie la reina brillante: pantalones rojos
como un camión de bomberos, una camiseta con un rayo brillante
purpura exaltando sobre ella, y unas botas doradas de plataforma de
cinco pulgadas. Admiré mi aspecto en el espejo: estaba tan
resplandeciente, tan radiante que por un instante olvidé que estaba
en un asqueroso y lleno de mierda aseo público. Ya que Marie se puso
su impactante pinta labios rosa, comencé el delicado proceso de
pegar un hilo de diamantes de imitación en mis parpados con
pegamento de pestañas. Todo prestado de la caja de maquillaje de mi
madre. Cuando terminé, era perfectamente bizarra, una princesa
extraterrestre aterrizada en el sur de California. No era una
transformación física; también lo era mental. Cuando me vestía
así, finalmente me sentía en casa dentro de mi propia piel. Ya no
era la sencilla vieja Cherie Currie, la dulce chica platino del Valle
nunca más; era el rollo Cherie: algo salvaje, desenfrenado y
glamuroso. Era mi propia creación, algo monstruoso, misterioso y
poderoso.
Cuando
salimos del baño, los ojos del dependiente casi se le salen de su
cabeza. Arrojamos de vuelta la llave en el mostrador con una sonrisa
de superioridad. Le dejamos mirando fijamente, con la boca abierta,
mientras corríamos sobre inestables tacones de vuelta al coche de
Paul.
¡Excelente!
Dijo mientras nos introducíamos en el coche. ‘¡Me encantan los
ojos!’ Después quemando ruedas sobre el asfalto, nos introducimos
en la noche de nuevo.
¡Pero
no por mucho tiempo! En Lamkershim Boulevard llegamos a un punto
muerto – había un mar de cromo, que se extendía en la distancia.
El aire de la noche estaba vivo con el sonido de los cuernos
graznando, gritando y riendo como una fiesta espontanea que empezó a
tomar lugar en este tráfico enfermo improvisado. Los faros lucían
hipnóticamente, subían por el cielo nocturno con un ritmo
constante; la gente aguantaba en sus descapotables bailando una
música que no podían oír. A medida que avanzábamos, podías
sentir la electricidad creciendo en el aire como el preludio de una
tormenta.
¡Debía
de haber un millón de personas yendo a ese concierto! Respire con
asombro. Nunca había visto una masa semejante de humanidad antes.
Apenas podía creer que iba a ver a Bowie en persona. Parecía
demasiado bueno para ser cierto.
‘Es
el último concierto de la ciudad’ dijo Paul, ‘la mitad de esas
personas ni siquiera tienen entradas. Creen que va a ser posible
pillar reventa. Esto es un caos…’
Respire,
y dejé que la excitación llenase todos los lugares vacíos dentro
de mi mientras que aparcábamos en un parking lleno. No podía
recordar haber tenido esa excitación antes - ¡mi primer concierto
de rock! Esta noche todo era Bowie, mi hermoso y maravilloso David.
‘¿Sabes
lo que Derek dijo de mí?’ Dijo Marie, rompiendo el hechizo de
repente. La mire con mi mirada más sucia y grite, ‘no lo quiero
saber’ En su lugar, subí el volumen de la radio y la voz de David
Bowie empezó a sacudir el interior del coche, llenándome otra vez
de buenas sensaciones…No puedo expresar en palabras lo
suficientemente bien lo que David Bowie significaba para mi entonces.
Con el paso de los años, Bowie llenó todos esos lugares vacíos
dentro de mí, espacios que empezaban a aparecer, como agujeros de
gusanos en la madera de los muebles viejos, desde el día que mi
padre se levantó y se fue.
Ese
día todavía era una herida fresca. A menudo rondaba por mi cabeza,
preguntándome si podía haber hecho algo, decir algo que hubiese
hecho que todo terminase de forma diferente.
Tenía
doce años. Me levante la primera esa mañana, helada hasta los
huesos por el aire acondicionado, mi estómago revuelto por el temor
y la excitación. Hoy era un día especial... ¡hoy es el día que
papa regresa a casa!
Me
asomé por debajo de las mantas y miré al cuarto de baño. La ropa
amontonada en el suelo, los discos cubrían cada superficie
disponible. La habitación estaba tan mal que mama ya no entraba
jamás. Quizás tenía miedo de que el desorden la comiese viva. Por
la habitación, Marie estaba somnolienta, muerta para el mundo.
Siempre dormía en silencio, sin roncar ni hablar dormida, como una
pequeña princesa. Todo lo hacía así. Ella duerme y come
delicadamente. Ella es muy perfecta. Estoy segura de que cuando yo
duermo ronco, hablo o hago cualquier cosa que sea horrorosa o
vergonzosa. A pesar del hecho de que todo el mundo decía que éramos
iguales, realmente no lo éramos… La cara de Marie es más llena
que la mía; más linda también. Deseaba que mi cara se pareciese a
la suya. La gente nos confundía todo el rato, pero no entiendo cómo.
Me siento como la hermanastra, la imagen del espejo de la pequeña
chica perfecta que es mi gemela.
Marie
parpadeó despierta y se dio cuenta que la estaba mirando. Esto no la
perturbó en absoluto; ella estaba acostumbrada a despertar y verme
mirándola con una extraña mezcla de envidia y adoración. Miró
hacía atrás sin decir nada. Después de darse cuenta del aire
acondicionado dijo, ‘me siento como un oso polar’ y las dos nos
reímos.
Mama
estaba en la cocina, tomando café. Afuera, el calor siempre era
sofocante. Entonces vivíamos en Encino, que es como decir el Valle.
El Valle siempre estaba diez grados por encima del resto de Los
Ángeles. Mire a mama y me pregunte si estaría pensando en papa. Me
asombre de lo que ella dijo cuando atravesó la puerta. Me pregunte
que es lo que ella le decía cuando ellos hacían las paces.
Me
hice un zumo de naranja y me senté a ver a mi madre leer el
periódico. Cambiaba la cara cada vez que leía sobre algo horrendo.
Eran las 9 y media de la mañana, y su pelo platino estaba
perfectamente peinado, su maquillaje impecable. En esa época, mi
madre era la persona más glamurosa que había conocido. Me recordaba
a Marilyn Monroe con una pequeña mezcla con Lucille Ball.
Mi
madre vino a Hollywood desde Illinois cuando tenía 18 años para ser
actriz. Con el permiso de sus padres, una amiga y ella fueron a
California y alquilaron un pequeño apartamento de una habitación en
Hollywood con una cama abatible por 37 pavos al mes. Encontró un
trabajo en un Burger Shack, llevando bandejas repletas de
hamburguesas, patatas fritas y batidos de chocolate a los clientes
aparcados en Ford’s modelos A y Chryslers afuera. Todo el tiempo
estuvo esperando para su gran ruptura. Mi madre era rubia, hermosa y
con determinación: a veces se pagaba sus gastos en la escuela de
arte dramático gracias a trabajar con vendedora de tabaco en after
hours de Hollywood. Me acuerdo de que me contó que una vez Orson
Welles le dio 10 dólares de propina por un paquete de Camel. La
apariencia y la valentía de mi madre le daban a veces papeles en
películas. Tenía contrato con Republic Pictures y trabajó con Roy
Rogers y las hermanas Andrews. Encontró que era particularmente
hábil para interpretar a la rubia tonta. Eso fue hace tiempo. Mama
no actuó nunca más, pero cada mañana se vestía como si fuese a
una prueba para un papel.
‘¿Cuándo
va a estar papa?’ le pregunté.
Ella
tomo un sorbo de café y suspiró, ‘No lo sabe, puede que pase
tiempo. Ya conoces a tu padre…’
Eso
es todo lo que pude sacarle. Mama no hablaba mucho de papa desde que
anunció que se separaban. Los meses anteriores a la separación
fueron insoportables. Sus peleas – a las que nunca nos
acostumbramos – eran intensas y desgarradoras. Recuerdo ver a mi
padre agarrar las muñecas de mi madre ya que ellos peleaban en el
porche, en un desesperado intento de parar sus golpes. Y las
sollozantes llamadas telefónicas de mi madre resonando en los
pasillos. ‘¡Lo pille allí!, en el hotel… con… ¡con esa
fulana!
El
primer marido de mama era un maltratador alcohólico llamado Bill.
Tuvieron una hija, mi hermana mayor Sandie. Mama nos dijo que una vez
Bill la persiguió alrededor de la cama durante una de sus
borracheras y le plantó un cigarrillo en su frente. Todo esto con mi
madre abrazando fuertemente a Sandie atemorizada. Después de eso,
mama le abandono y regreso a Illinois un tiempo, antes de volver a su
carrera en Hollywood. Conoció a mi padre en el restaurante Cock and
Bull de Sunset Boulevard, que era bastante famoso por su anuncio en
esos días. Mi futuro padre, Don Currie, trabajaba allí como
camarero y mama a veces nos contaba la historia de la primera vez que
se vieron. Mama estaba bien vestida, venía de una entrevista, y se
sentó en el bar con unos amigos. Uno de los otros camareros le dio
un codazo a mi padre y asintió con la cabeza hacía Joan Crawford,
que estaba entrando en el local, comentando ‘¡Ahora es cuando hay
una mujer hermosa!’ Mi padre fijó su profunda mirada azul en mi
madre y dijo ‘yo pienso que la mujer más bonita esta justo
enfrente de mi…’ Fue amor a primera vista, dijo mi madre. No hay
duda en ello, mi madre amaba de verdad a mi padre y él la amaba a
ella también. Esa es la razón por lo que la separación fue tan
dura para todo el mundo.
‘¿Qué
significa separación?’ preguntaba mi hermano pequeño, Donnie,
después de que mama y papa lo anunciaran. Marie puso mala cara y
dijo, ‘¡significa que se van a divorciar, Dumbo!’ Dumbo era el
nombre que usábamos con Donnie cuando nos enfadábamos con él, a
causa de sus orejas, las cuales sobresalían de su cabeza. Él se
sonrojó cuando Marie dijo esto. Después de todo, ¿qué chico no
sería consciente de sus orejas cuando sus hermanas mayores le
llamaban ‘Dumbo’ y su madre le hacía dormir con un extraño
turbante envuelto en su cabeza en un esfuerzo para que se aplanen?
Marie
y yo no teníamos mucha paciencia con Donnie, aunque él estaba bien
para ser un hermano. Él la miraba con grandes ojos de incomprensión.
Con una maldición, Marie salió furiosa de la habitación. Me miró
buscando respuestas, pero no las tenía.
Y
entonces, papa se fue. Nos fuimos a vivir con la abuela y la tía
Evie, a 10 millas de Reseda. Al principio, pretendía que solo fuese
un viaje, pero a medida que las semanas se prolongaban, su ausencia
empezó a hacerme daño, tan dolorosamente como si hubiese perdido
físicamente un pedazo de mí misma. Mama rechazaba incluso nombrar
el nombre de papa después de que el se fue, pero Marie y yo podíamos
hablar de lo mucho que le echábamos de menos. Mama lo llevaba como
si nunca hubiera estado allí. Todos llorábamos por ello, por la
noche en la cama, cuando mama no podía oírnos, pero eso no ayudaba.
Las lágrimas me hacían sentir más vacía y solitaria que antes.
En
nuestra familia, mi madre impartía la disciplina. O como mi padre
solía decir: ‘Le gusta llevar los pantalones en casa’ Por
supuesto que a mi padre le gustaba eso, y yo en secreto estaba
convencida que fue una gran contribución para su separación.
Nunca
tuvimos lo que podrías llamar una relación tradicional madre-hija.
Nunca vi películas con mi madre o hice nada que otras chicas de la
escuela parecían hacer con sus madres. Mi madre trabajaba todo el
tiempo, así que nosotros tres solíamos salir a nuestro rollo. Nunca
le hable a mi madre de mi primera regla o discutido cualquiera de las
extrañas o vergonzosas cosas que le ocurren en la pubertad a una
chica joven. Sandie fue la única que nos ayudó con todo eso. Mi
madre estaba demasiado ocupada trabajando para poner comida en la
mesa. De todos modos, mi madre no estaba cómoda hablando de ‘cosas
como esas’ y yo siempre me sentí demasiado avergonzada para sacar
el tema. Como resultado, a pesar de haber crecido en su casa, no creo
que mi madre y yo nos conociésemos. Al menos no hasta mucho más
tarde, cuando pudimos hablarnos como mujeres adultas. Como
adolescente, era un misterio para mi madre. Ella estaba totalmente
absorta en su trabajo: llevando una exitosa tienda de ropa llamada
Donna-Rie Shop. Después de que mi padre se fuese, mi madre tuvo que
mantener a tres chicos y se volvió incluso más irritable y distante
que antes. Ahora puedo entender porque ella actuaba así, pero en esa
época me llenaba de confusión y resentimiento. Todo lo que siempre
quise es que mi madre estuviese orgullosa, nunca me sentí como si
sumara o fuese suficientemente buena. Supongo que la mayoría de los
chavales se sienten así en uno u otro momento. Cuando mi padre se
fue de casa, mi mundo se derrumbó, literalmente. Mi padre era el
protector, el único que dormía con un arma debajo del colchón, el
último que siempre te aseguraba que nadie vendría a hacerte daño.
Con papa fuera, sentíamos miedo, como si no hubiera nadie para
defendernos. La familia se desmoronó.
Pero
entonces, un día, en respuesta a mis oraciones hubo noticias de que
papa regresaba, para hablar. Yo decidí que esto solo podía
significar una cosa: habían entrado en razón e iban a regresar
juntos.
Le
di un sorbo a mi zumo de naranja, y busqué pruebas en mi madre. Pero
ella era inescrutable, absorta por los últimos horrores urbanos
servidos por los periódicos. Mire por la ventana, y observe que el
cielo estaba azul – perfecto, raso, azul infinito. Así que supe
que todo iba a ir bien.
Después
de todo, supuse, que las cosas malas no pueden suceder en días
calurosos, despejados y soleados como hoy.
‘¡Da-vid!’
‘¡Da-vid!’ ‘¡Da-vid!’ ‘¡Da-vid!’
Dentro
del Universal Amphitheater, el público se estaba poniendo inquieto,
y los fans estaban cantando más y más alto, los gritos y silbidos
se acumulaban en un sector de la sala para luego desvanecerse, el
ruido crecía en otro lugar. El aire estaba caliente, húmedo e
intoxicado. El aroma intenso y dulce de la marihuana colgaba del aire
pegajoso…
‘¡Da-vid!’
‘¡Da-vid!’ ‘¡Da-vid!’
La
excitación era mucha. Podía sentir mi corazón golpear contra mi
caja torácica, y tuve la idea de que podría abrirse de golpe. No
podía limpiar la grande y estúpida sonrisa de mi cara. Cuando se
apagaron las luces, y el rugido de la audiencia era ensordecedor…En
la oscuridad, pude ver un mar de caras y luces rebotando en un mar
brillante cómo algún tipo de caleidoscopio mareante. Lo siguiente
para mí fue un colgado con un traje espacial plateado, todo el traje
de Ziggy Stardust, y botas de locura con peces vivos nadando en
suelas de plataforma de cristal. El escenario parecía como si
hubiese algún tipo de ciudad extraña futurista con sangre cayendo
desde lo alto de los edificios. Mis ojos estaban a punto de salir de
mi cabeza: ¡No había visto nada como eso antes! El equipo era
excelente, cargado con humo, y había figuras oscuras bailando como
arañas en la oscuridad. La banda estaba en algún lugar del
escenario; los pude escuchar tocar sus instrumentos, confuso, un
numero impreciso. Escanee el escenario buscando a David Bowie, pero
estaba en algún lugar que no se veía. Yo estaba gritando, aun sin
darme cuenta de ello. Luego, cuando las luces se atenuaron, comenzó
el tintineo de las campanas…Conocía esa música personalmente,
había puesto el LP casi hasta que se desgastaron los surcos…Era
‘1984’ Por todos lados, figuras retorcidas y sudorosas empujaban
contra mí bailando, gritando, animando…
Después
apareció una silueta detrás de las cortinas y todo el mundo se
volvió loco porque sabíamos que era Bowie. Se puso en posición, y
el público perdió la cabeza. Abrió sus piernas, agachándose…y
después, mientras mi boca permanecía abierta, se rompieron las
cortinas en pedazos y David Bowie saltó hacía el escenario.
Yo
estaba en shock – tanto que deje de gritar por un instante. ¡Ese
no era el David Bowie de la portada de Diamond Dogs! Ese no era Ziggy
Stardust, o Aladin Sane…ese era un David Bowie totalmente
diferente. Iba vestido con un traje zoot beige, con tirantes, y su
pelo rojo fuego resbalaba hacía atrás. Estaba alejado de los
leotardos y plataformas que yo me había imaginado. Incluso la banda
era distinta – Spiders From Mars se había sustituido por un tipo
de traje con espíritu de mutante de la era espacial. Parecía Soul
Train, repensado en marcianos travestidos. Por supuesto que él no
era lo que me esperaba, me di cuenta. ¡Él NUNCA era lo que nadie se
esperaba!
Observe
ese imposible príncipe alíen delgado y pálido cantándome a mí.
No era un vinilo, estaba realmente allí…justo enfrente de mi cara,
ese extraño hombre hermoso e hipnótico me estaba cantando a mí, y
aunque no podía expresarlo en palabras, instintivamente sabía que
lo que estaba experimentando era algo religioso, algo profundo. El
público parecía moverse como un solo ser, empujando al frente, una
marea de energía adolescente y aunque había escuchado las letras
salir de la boca de Bowie un millón de veces sentía como si las
estuviera escuchando por primera vez, cada línea subía por el
repleto anfiteatro y caía sobre mi como una ducha de meteoros.
El
calor y la frustración, la alienación y la soledad, la lujuria y la
ansiedad y la alegría parecía como si se hubiesen construido dentro
de mi durante años, y de repente era insoportable, como si fuese
demasiada presión y me sentía como una bomba preparada para
explotar, y solo David Bowie sabía cómo me sentía. Sus palabras
expresaban que lo que había dentro de mí era mejor de lo que
siempre pudo haber. La insoportable energía adolescente cocida a
fuego lento dentro de mí de repente se encendió. Me di cuenta de
que debía entrar en erupción, explotando como las viejas fotos que
te mostraban de la bomba atómica, ¡solo explotar! Salí de ese
concierto con una erupción de brillantina y furia…
Alrededor
mío todos eran chavales de Bowie… Hijos bastardos de Ziggy
Stardust, los chicos que sabían que David Bowie era la criatura de
plástico-profundo más hermosa del planeta. No eran los estúpidos
de la escuela que ironizaban con que Bowie era un ‘marica’ o
demasiado ‘raro’…El lugar estaba repleto de chavales que se
sentían como yo, que también sentían que habían caído a la
tierra. Gritábamos por él…gritando, cantando y bailando por toda
nuestra rabia, frustración y diversión.
Cuando
acabó la canción, las luces se apagaron. Y por una fracción de
segundo, antes de que el lugar brotase con una erupción de histeria,
pareció haber un instante de impactante silencio.
Por
ese momento, yo estaba en algún lugar. En algún profundo lugar. Lo
que estaba presenciando esa noche era algo parecido a una revelación.
Regrese
a casa y mi hermana y yo estábamos viendo a Donnie saltar a bomba en
la piscina, cuando sonó el timbre y todos miramos. ¿Puede que sea
papa? Estaba de pie al filo del trampolín, a punto de saltar, y de
repente no podía moverme. El timbre sonó de nuevo. ¿Tenía llave,
o no la tenía? Si era papa, ¿Por qué tocaba el timbre? Después me
golpeó una reflexión: toca el timbre porque lleva sus maletas y
necesita nuestra ayuda. ¡Papa regresa de verdad a casa!
Mi
padre era el hombre más atractivo y hermoso que había conocido.
Antes de conocer a mi madre, él era un paracaidista marine, un
sargento de artillería. Muy condecorado por sus servicios en alguna
de las más traicioneras campañas japonesas de la II Guerra Mundial.
Don Currie era un hombre atractivo y delgado con una tranquila voz al
estilo de Dean Martin. Su voz era tan buena que Larry Crosby quería
haberla grabado, aunque mi padre nunca lo persiguió. Papa era un
tipo feliz, amante de la diversión y genial con nosotros sus hijos.
También era exitoso con las damas. Mi madre nos contó que cuando
tenían una cita, ella le descontaría 500 dólares cada vez que ella
le pillara citándose con otra mujer. Cuando se casaron, tenían
ahorrado lo suficiente de las indiscreciones de mi padre para
amueblar su primer apartamento.
Había
también un lado oscuro en mi padre. Sus experiencias durante la
guerra le habían causado grandes traumatismos, y a veces recuerdo,
cuando nos contaba sus historias de guerra, que sus ojos parecían
ponerse más azul, con una mirada lejana que parecía llevarte allí.
Recuerdo que nos hablaba de un viejo amigo que pillo la sífilis
durante la guerra, y que se volvió seriamente depresivo. Lo
suficiente para que el resto de la unidad le cogiesen su pistola y
escondiesen sus propias armas, temerosos de lo que pudiera hacer. Una
mañana se despertó mi padre y su arma había desaparecido. Se temió
lo peor de inmediato, corrió por los barracones buscando a su amigo.
Le encontró en las letrinas, parado muy quieto, con el arma de mi
padre al lado. Cuando papa cuenta su historia, hacía una pausa,
estirando el brazo hacía su vaso de bourbon con agua y hielo, y
tomaba un trago largo. Estaba extrañamente a gusto cuando hablaba de
la guerra, envuelto en su memoria como si tuviera puesto un viejo
abrigo confortable. Nos contó que lo último que dijo cuando su
amigo llevó su arma a la cabeza fue ‘¡No lo hagas!’ Y luego,
con un flash del arma, el amigo de mi padre se voló la cabeza.
‘Él
se quedó allí de pie’ decía mi padre con una voz que de repente
se hizo débil. ‘Solo se quedó allí con la pistola quieta, y su
cabeza se fue de forma limpia. Después su cuerpo se sentó
tranquilamente en un banco. Luego se cayó al suelo. Mi arma todavía
estaba en su mano’
Mi
padre era bebedor. Bebedor social – mis padres hacían unas fiestas
increíbles, donde escuchaban a Dean Martin o a Mills Brothers
cantando ‘Shine, little glow-worm, glimmer, glimmer, Shine, little
glow-worm, glimmer’ y papa estaba detrás de la barra del bar que
hicieron en la sala familiar, haciendo cocteles, contando historias,
e interpretando al genial anfitrión. Pero otras veces él bebía
solo, y su cara parecía de algún modo más vieja. Sus ojos se
volvían distantes, perdido en su memoria. Cuando le veía así, le
preguntaba ‘¿Estas bien, papa?’ regresaba a la realidad, me
sonreía, y decía ‘lo estoy haciendo bien, gatita, me siento como
un tigre’ Mi padre fue un héroe de la guerra, y ahora siento a
veces que era incapaz de adaptarse al papel de hombre común. Podía
ver que había alguna insondable tristeza en el corazón de mi padre,
algo muy profundo y oscuro que ninguna niña como yo podía
comprender.
‘¡Papa!’
Corrimos,
sudando, a través de la madriguera hacía la puerta. Mama era la que
siempre abría la puerta, y allí, con el sol cayendo detrás de él,
era papa. Donnie pasó por delante de nosotros, y saltó a sus
brazos, todavía goteando, y papa sonriendo dejó las maletas en el
suelo para poder cogerle. De repente estábamos todos encima de él,
hablándole a la vez, de todo lo que había ocurrido en las cuatro
semanas que habían pasado desde que él se fue. ‘Marie y yo hemos
empezado séptimo grado’. ‘Se han mudado vecinos nuevos a la
puerta de al lado’. He aprendido a hacer volteretas en la piscina’
Papa se reía y agitando su cabeza intentaba escuchar. Pero había
mucho a lo que atender…Donnie estaba preguntando ‘¿Quieres beber
algo, Papa, ¿estas sediento?’
‘¿Estas
hambriento?’ interrumpió Marie, ‘¡tenemos barbacoa!’
Yo
estaba tirando de la manga de mi padre. ‘¿Quieres darte un baño?
¡Te refrescara!’
Papa
no podía responder, solo sonreía y nos besaba, felizmente agobiado
por toda la conmoción. Nos miraba como si nunca quisiera apartar los
ojos de nosotros nunca más. Dio un paso adentro y yo dije ‘¡Cogeré
tus maletas, papa!’
‘¿Puedes
con ellas, gatita?’ ‘¡Claro!’
Me
agache, cogí sus gruesos asideros de cuero y me prepare para el peso
de las pesadas maletas.
Solo
que algo iba mal, Cuando las cogí se levantaron fácilmente.
Demasiado fácil. Empecé a llevarlas hacia la habitación de mis
padres, y a cada paso parecían más y más livianas. Un sentimiento
de vacío empezó a crecer en mi estómago y me di cuenta de algo
terrible. Algo que me hizo desear no haberme levantado esa mañana.
Algo más terrible que cualquier otra cosa que había sucedido desde
que papa se fue hace un mes.
Me
di cuenta de que las maletas estaban vacías. No eran para traer las
cosas a casa. Eran para llevárselas.
En
la habitación, las deje en silencio sobre el suelo. Camine hacía el
armario de papa y lo abrí: se veía disperso. Papa se había llevado
muchas cosas cuando se fue hace un mes. Puse mis manos sobre las
ropas que quedaban – las camisas, los pantalones de vestir y las
chaquetas deportivas de mi padre. Tomé las mangas de una de ellas
con mi mano, las puse sobre mi cara. Respire, profundamente. Olían
al Old Spice de mi padre. Una sensación dulce-dolorosa se apoderó
de mí. Esperé silenciosamente que dejase su chaqueta allí. Escuche
algo detrás de mí y me giré, con miedo de que me pillase
husmeando, pero era Marie.
Estaba
de pie frente a la puerta, mirándome en silencio. Su cara era una
mezcla de confusión y dolor. Siempre supo que yo lo sabía, de esa
extraña forma en que los gemelos pueden meterse en los pensamientos
del otro. Finalmente ella dijo, ‘¿Qué crees que se llevara esta
vez?’
Me
impactó ligeramente en mi mente.
‘¿Crees
que se llevara su ropa?’ Preguntó Marie, avanzando hacia mí. ‘¿O
los muebles?, ¿Quizás incluso el coche?’
De
repente, llena de furia auto-justidficada grité, ‘¿Eso es todo lo
que te importa?, ¿el estúpido coche?’
Marie
parecía herida y enseguida me sentí mal porque yo sabía que no era
Marie, era yo la que estaba enojada. Estaba enojada y temerosa, y
necesitaba descargar. Marie resultó ser la única que estaba allí.
‘¡No!’,
dijo de repente ruborizándose. Luego añadió con una vocecilla.
‘Todo lo que quiero decir es sí que solo coge su ropa…lo que
quiero decir es que probablemente regrese alguna vez. Eso es todo’
Esquivé
su mirada y dije ‘Tiene dos maletas. ¿Crees que se va a llevar los
muebles, genia?’
‘Lo
se’, dijo Marie, aproximándose a centímetros de mí. Sentía su
presencia cerca de mí, nuestros cuerpos casi tocándose. No me gire
para mirarla. ‘¿Así que eso es bueno, ¿no? Quiero decir, no es
como si hubiera aparecido con un camión de mudanzas. Si lo tuviese,
sabrías que son malas noticias. Pero, él no se iría de esa forma.
¿esta es su casa! ¿su piscina! Los muebles son…el negocio
también. La gente no deja todas esas cosas, ¿no crees?’
Me
encogí de hombros, pero ella siguió adelante.
‘No,
si solo toma su ropa, significa que tiene que regresar’
Marie
estaba intentando parecer fuerte y con decisión, pero cada frase que
salía de su boca sonaba a duda. Suspiré, pensé para mí misma, la
gente se levanta y se va…Él siempre lo hacía así, ¿Qué había
de diferente esta vez? A cambio dije, ‘Tienes razón veamos que se
lleva’
Cuando
papa se metió en la habitación a empaquetar, puso su vaso sobre el
tocador sin posa vasos. Le iba a decir algo, ya que mama odiaba
cuando él hacía eso, pero me detuve dándome cuenta de que
realmente no me importaba. Observe como se apoyaba ahí, medio lleno
de whisky escoces aguado con un hielo derretido, la condensación
descendía por el exterior, se formó una mancha de agua en la
madera. Mama siempre se quejó de que papa debería usar posa vasos,
y papa siempre le decía que se olvidaba. Había pequeñas manchas de
agua de los vasos de mi padre por toda la casa. Pequeños souvenirs
suyos. Pequeños rastros de lo que una vez fue.
Lentamente,
mi padre tomó su ropa de las perchas. Luego paró, y se giró hacía
mí.
‘No
tienes que verlo, gatita’ dijo, ‘¿Por qué no sales a jugar en
la piscina?’
Sacudí
mi cabeza, ‘no quiero ir a la piscina, he estado allí todo el día,
quiero estar aquí contigo’ No sabía dónde estaba mi madre. Podía
oír a Donnie gritar y chapotear en la piscina, ajeno a todo lo que
estaba sucediendo. Marie estaba en nuestra habitación, molesta,
intentando ver la TV. Papa guardo su chaqueta, la única que olía
como él. Lo hizo rápidamente, y yo observe lo rápido que dos
maletas engullían todo lo que colgaba del armario. Empecé a sentir
un irracional odio a esas estúpidas maletas. Tomaba solo su ropa.
Incluso aunque Marie decía que eso era bueno, tenía malas
sensaciones con todo eso. Me sentía mal en lo profundo de mi
estómago. Tratando de ignorarlo dije, ‘¿Vendrás a vernos pronto?
Quiero decir…¿Te veremos los fines de semana? ¿Qué hay del
próximo fin de semana?
Cuando
mi padre me miró, me asuste porque parecía diferente. Parecía
viejo, cansado y triste. Sus ojos enrojecidos y su cara arrugada de
dolor y preocupación. Normalmente mi padre parecía atractivo,
incluso más joven que los otros padres de mi instituto, pero hoy
parecía vaciado, agotado. Como si le hubiesen caído 20 años más.
Esa misma mirada que se le ponía cuando se sentaba en su silla,
silenciosamente taciturno en dios sabe que terribles recuerdos de la
guerra. Se volvió de nuevo, agarro el escoces. Dio un sorbo largo,
cambio la marca de agua. Apenas mirándome, dijo ‘gatita…supongo
que os contara vuestra madre…’
En
el momento en que dijo eso yo quise llorar, porque sabía lo que
pasaba. Cuando decía eso, significaban malas noticias. No solo eran
malas noticias, era el tipo de malas noticias que te cambian la vida
con la fuerza de una explosión atómica. ‘Supongo que mama os
contará…el abuelo a muerto’ o ‘supongo que mama os contará…nos
vamos a divorciar’
Esta
vez era único, duro, y por un instante pensé que debía haberlo
oído mal, o que era algún tipo de mal sueño, y yo todavía estaba
escondida en mi habitación, retorciéndome y agitada en un agitado
sueño.
‘Supongo
que vuestra madre os lo dirá’ dijo esta vez, ‘me mudo a Texas’
De
pie, boquiabierta sin poder soltar una palabra. Sentí el rubor en mi
cara, y una oleada de nauseas me atravesó. Sentía lo que una chica
de doce años no debería sentir. Intente graznar la palabra
‘¿Texas?’ hacía él. Quiero decir… la casa de la tía Evie
parecía estar lejos. Pero ¿Texas? ¿Como en el Álamo y esas cosas
de cowboys? ¿Cómo a miles de millas? ¿TEXAS?
‘Voy a montar un negocio’,
dijo mi padre, como si algo así fuese la cosa más racional del
mundo. ‘Voy a hacer un negocio de cintas de 8 pistas. Hay dinero
ahí. Creo que tienen mucho futuro…’
¿Qué
era lo que Marie dijo? La gente no abandona sus casas, ¡ni sus
negocios!
‘¿Qué
pasa con la tienda de ropa?’ tartamudee, maldiciéndome por no
decir lo que de verdad quería decir ‘¿Qué pasa con NOSOTRAS?’
‘Tu
madre puede manejar la tienda bien sin mí. Ya la conoces… ella
siempre es la que quiere llevar los pantalones en la familia. Ya
sabes que no me gustan ese tipo de noticias, gatita’ Su voz tenía
dureza y goteaba con resentimiento cuando dijo lo siguiente: ‘No
quiero hablar mal de tu madre, gatita… pero supongo que tiene ahora
lo quiso todo el tiempo’
Abrí
mi boca, y la cerré de nuevo. Me di cuenta de que ya no había más
que decirle a mi padre. Finalmente estábamos más allá de las
palabras. Había venido a recolectar sus pertenencias, y ahora se iba
y se mudaba a Texas y no había nada en el mundo que pudiera hacer.
Lo supe cuando el apareció hoy con esas maletas vacías. El divorcio
estaba en marcha, no había marcha atrás. Seguro, serían meses
antes de que el papeleo se resolviese, pero a todos los efectos,
cuando mi padre salió de casa con las maletas llenas de ropa, solo
dejó un armario vacío y alguna mancha de agua para recordarnos que
él siempre estuvo allí, el divorcio sería el final. Dentro yo
estaba gritando. Podía sentir las lágrimas brotando dentro de mí,
pero sin embargo no salían por mis ojos.
‘No
es el fin del mundo, gatita’ dijo débilmente. Yo quería gritarle.
Quería gritar eso que era PEOR que el fin del mundo. Mucho peor. Si
el mundo se acabase justo ahora, yo estaría conforme. Un gran BOOM y
todo se acabó. ¿Pero esto? ¡Nos iba a hacer daño el resto de
nuestras vidas!
Mi
padre continúo empacando, inseguro e inestable, abriendo cajones y
cerrándolos de forma distraída sin sacar nada. ‘Gatita’ dijo
con resignación, ‘por favor, sal a jugar…’ Silenciosamente me
di la vuelta y salí de la habitación en shock. En la habitación,
Marie estaba viendo la TV con el sonido quitado. Sabía que había
escuchado cada palabra de mi padre. Su cara estaba fría, blanca.
¡Estúpida
Texas! Dijo ella finalmente, con voz temblorosa. ‘¡Todo esto
apesta! ¡No se debería permitir el divorcio! Después salió
furiosa de la habitación, cerrando la puerta de golpe detrás de
ella.
Camine
despacio hacia la ventana. El cielo todavía estaba perfecto. Era
otro día soleado en el sur de California. Dejabas de notar la
climatología después de un tiempo. Incluso la perfección puede ser
rutina. Hoy debería haber nevado. O llovido. Debería haber
relámpagos, y truenos retumbando o granizos del tamaño de pelotas
de golf golpeando contra los cristales. Pero no había nada de eso.
Solo había luz solar y ese terrible e interminable cielo.
A
la hora y media, mi padre se había ido. Incluso Donnie lo sabía
ahora, aunque probablemente él no captaba la enormidad de lo que
estaba sucediendo. Mi padre nos abrazó a todos a la vez, y lloramos
juntos. Cuando se me acercó, podía oler su after shave, y podía
sentir la humedad en sus mejillas. La única vez que vi lágrimas en
la cara de mi padre fue cuando tenía 4 años, el día que el abuelo
murió. Ahora intentaba decir adiós, pero le salió un sollozo de
asfixia. Nos abrazamos a él, intentando evitar que se fuese. Nos
aferramos a él. Nos arrastramos a la puerta, teniendo que quitar las
manos de él, lágrimas en sus ojos. Finalmente tuvo que llamar a
mama y decir, ‘Marie, ¿puedes ayudarme, por favor? Nos aferramos a
él, gritando, llorando y suplicando a papa que no se fuese. Mama
apareció y empezó a arrancar nuestras manos de él. Nos dio una
última mirada larga y triste y desapareció. La puerta se cerró
detrás de él, con terrible golpe.
Al
alejarme de la puerta, me di cuenta de un espacio en la pared en la
que solía haber una foto suya. Una foto nuestra con él. Además de
la ropa, eso fue lo único que se llevó con él. Me di cuenta de lo
mal que estaba Marie. Solo se llevó su ropa, no porque fuese a
regresar, sino porque quería dejarlo todo exactamente igual para
nosotros. No quería que nada desapareciese de nuestras vidas. Nada,
así es, solo él.
Esa
noche me eche en la cama, las lágrimas frías en mis mejillas, con
unos cascos escuchando mi música. Las guitarras se arremolinaban y
caían en cascada sobre mi cabeza. Intentaba escuchar tanto que acabe
desapareciendo dentro de la música. Sabía que algo fundamental
había cambiado hoy, que nada sería igual de nuevo. Me sentía muy
vacía dentro. Todo lo que sabía se había alejado de mí, todo lo
que parecía tan sólido, real y acogedor… Me di cuenta no había
garantías en este mundo. ¿En quién o en que puedo creer? Subí el
volumen, más y más, hasta que la música sonaba tan ruidosa y
poderosa que golpeaba mis oídos y no había nada que hacer, solo
entregarte y rendirte a ello. Quería que la música hiciera
desaparecer esta terrible sensación de vacío. Cuando fuertemente en
la música, desapareció el temor y la soledad. Estaba en el lugar en
el que no había nada, solo música. Solo el ritmo violento, glorioso
y primario de la batería, el rugido vertiginoso de la guitarra…

Mientras
sonaba la última nota en el Universal Amphitheater, las luces
empezaron a encenderse, señalando que era el final del show y que no
habría bis. Todo mi cuerpo estaba vibrando con una energía que se
sentía como el resultado de ser golpeada por la iluminación. De
repente nos bañamos en el brillo fluorescente de las luces del local
y nos veíamos de nuevo – un mar de chavales, bañados en sudor y
maquillaje agrietado deslizándose por nuestras caras, y el aroma
seco del humo de la marihuana y cerveza derramada por todos lados…
Yo
no quería que terminase.
Me
di cuenta de que el resto de los chavales serían felices por
regresar ahora a casa, continuar sus vidas, habiendo dejado salir un
poco de la presión que se había estado construyendo dentro de
ellos. Ahora no tendrían miedo de que sus cráneos volasen por una
mina olvidada de la II Guerra mundial. ¡Pero yo no! Se que nunca
sería suficiente. Necesitaba más que eso, Mire hacía el escenario,
donde la gente estaba estirando los brazos hacia los roadies que
estaban retirando cables del escenario, pidiendo un recuerdo, un
fragmento del repertorio, cualquier pedazo de esta noche que llevarse
y guardar.
Pero
los recuerdos no eran suficiente para mí. Incluso las manchas de
agua de papa se disolvían con el tiempo. No quería regresar a mi
realidad ordinaria y solitaria. Quería algo más…
Esa
noche yo cambie, fui alterada de alguna forma profunda, y sabía que
nunca sería lo mismo. Marie y Paul no podían verlo según íbamos
de vuelta al coche…Me sentía completamente distinta a antes.
Incluso cuando regresé a casa, limpiando los restos de mi maquillaje
mirándome en el espejo del baño, no podía ver ninguna
manifestación física de ese cambio. Pero podía sentirlo, un brillo
dentro de mí que estaba creciendo a cada momento que pasaba.
¿Era
esto de lo que hablaban los religiosos cuando hablaban de que habían
vuelto a nacer? Supongo que sí. Todo lo que sabía es que algo iba
sucediendo, y que iba a ser pronto.
¡Podía
sentirlo!