NEON ANGEL. Rebel Rebel

 

Oh, Dios, en serio Cherie… ¡mama te va a matar!
Mi hermana se estaba medio riendo cuando me dijo eso. Volteé mis ojos e hice gestos diciéndole ‘como quieras’ Estaba mascando chicle con la mirada fija en el espejo. Fruncí mis labios y exhalé, y una gran pompa rosa se puso a crecer y crecer hasta que estallo.
Tenía 15 años, y mi vida consistía en conciertos de rock y salir por los clubs más guais de Hollywood. En concreto por el Sugar y la English Disco de Rodney Bringenheimer.
Y hoy, con la horrible ayuda de mi hermana, estaba tiñendo mi pelo de rojo, blanco y azul.
Muy patriota’ me dijo mi hermana riéndose cuando le dije lo que quería hacer, ‘pero no es el 4 de julio, estamos en mayo’
Hablo en serio, ¿me vas a ayudar o qué? No puedo hacerlo sola…
Marie empezó a ridiculizarme con una voz quejosa ‘¡No puedo hacerlo sola, Marie!’ Le puse mala cara, pero ella se levantó de la silla dejándola camino del baño. Allí, hecho un vistazo a mi cabeza, decidiendo cual era el mejor plan de ataque. Separó una pequeña porción de mi pelo y empezó a hacer una trenza, ‘si lo hacemos a trozos, al final quedara medio decente…’ Suspiró ella. Tenía que admirar a Marie. Tenía que ser difícil para ella ver los cambios por los que estaba pasando. Una vez que las trenzas estaban en su sitio, me echo un último vistazo para medir si estaba de broma. Ella podía ver en mis ojos que no era así. Meneó su cabeza.
Mama te va a ASESINAR, Cherie. Ella enloquecerá’
Está demasiado ocupada con Wolfgang, probablemente ni se entere…’
¡Si, bueno! ¡Ella se enterará de ESTO!’
VAMOS, Marie, ¡ayúdame! Sabes que lo voy a hacer de todos modos…’
Equipada con colorante de comida rojo y azul, ella arrojó un chorro de agua a los trozos que tenía hábilmente trenzados a través de mi largo pelo rubio. Marie empezó a frotar esa viscosa mugre roja en un tercio de mi pelo llevando un par de guantes de goma de mi madre. Por supuesto que mi hermana no quería ensuciarse sus perfectas uñas. Algunas veces no podía creer que fuésemos gemelas.
Cuando empezó a frotar el tinte azul en la siguiente sección, Marie dijo ‘No sé si estas cosas saldrán alguna vez, Cherie’ Miraba mi pelo multicolor, frunciendo el ceño con preocupación.
¿Y qué?’ sonreí, ‘es solo colorante alimenticio. Si no sale, lo blanqueare’
Eso la silencio unos instantes. Ella continuo, sacudiendo su cabeza hacía mí.
¿Todo esto es por esos idiotas de la escuela de ayer?’ Me dijo Marie, su voz se ablandaba. Todavía parecía pensar que podía hablarme de ir a la escuela con el pelo de colores ‘Creo que estas reaccionando en exceso a todo ese rollo, Cherie’
La mire fijamente un instante, ‘para tu información no estoy sobre actuando, estoy REACCIONANDO. Es diferente. Es importante reaccionar cuando te cabreas’
El incidente sucedió el día anterior. Yo estaba viendo a esos asquerosos acosando a un niño de séptimo grado por pisar el césped del noveno grado. Esos punks de noveno grado se lanzaban encima si tu pisabas una esquina de su precioso césped. El pobre chaval parecía que se iba a mear en sus pantalones. Le estaban empujando y riéndose de él. ‘¡Hey, freak!’ chillo uno de ellos. ‘¡Bonitas gafas! ¿Se las robaste a Mr. Magoo?’
El chaval las cogió. Estaba muerto de miedo. El cabecilla le arrancó sus gafas de la cara, y las arrojó al suelo. Se levantó y le gritó al chaval en su cara. ‘¡ERES UN FREAK!’ burlándose de él. ‘¡UN PUTO FREAK CUATRO OJOS!’ dándole un último empujón antes de volcarlo en el contenedor de basura. Unos cuantos y él le rodearon riéndose como un grupo de chacales. Me acerque a ayudar a salir al pobre chaval del cubo de basura, desempolvándolo un poco. Él estaba llorando: ‘Vamos’, le dije suavemente, ‘déjame ayudarte con las gafas…’
De repente me empujaron por detrás. El cabecilla se estaba dirigiendo a mí. ‘¿En que estas ayudando a este FREAK? ¿Eh?’ Luego se volvió hacía sus compinches y dijo ‘supongo que ella debe ser una ZORRA amante de los freaks’
Tan pronto como él me empujó, sentí la rabia creciendo en mi pecho. Ese sentimiento, descendía como una nube roja sobre mis ojos al igual que la rabia empezó a bombear por mis venas, poniendo mi corazón en marcha a un ritmo muy acelerado. Apreté mis puños hasta que mis manos temblaron.
¿Estas llamando a este chaval freak?’ Le grite ‘Te enseñare lo que es un VERDADERO freak’
El chaval empezó a retroceder, sorprendido por mi arrebato, y la sonrisa deslizándose por mi cara. Agradecido de que la atención se desviase de él por el momento, el chaval al que ayude a salir de la basura empezó la caza de sus gafas. El matón se burló de mí, encogiéndose de hombros, despegándose del grupo de lobos que iban con él. Les observe como se iban, echando chispas. ¡Se lo tuve que mostrar! Quiero decir, ¡no podían llamar a ese pobre chaval freak por llevar gafas! No, tenía que ser fiel a mi palabra. Mañana esos idiotas iban a ver a un verdadero freak, ¡claro que sí!
Marie puso el color azul. Se dio cuenta de que cayó un poco en su pantalón. ‘Mierda, Cherie ¡Mira esto! ¡Maldita sea!’
¡Oh, cálmate!’ me reí, ‘Y dime que pintas tengo’
Marie meneo su cabeza. ‘Pareces horrorosa. Muy, muy horrorosa.
¡Dios!’
Ella sostuvo el espejo así que pude echar un buen vistazo detrás de mi cabeza. ‘Has hecho un buen trabajo’ Le dije, admirando su trabajo. ‘Podrías dedicarte a esto…’
Con mi pelo terminado, regresé a la habitación y empecé a escoger mis trajes para el día siguiente. La habitación estaba dividida cuidadosamente entre el lado de Marie y el mío. Podías decir de quien era que a los pocos segundos de entrar. Su pared era bonita y limpia, con unos pocos posters de luces negras que estaban tan ‘de moda’ en esa época. En mi pared… bueno, no había pared; No había nada salvo un collage de recortes de revistas y periódicos clavados de David Bowie. La colección iba desde el suelo hasta el techo y era hermosa, mi orgullo y mi alegría. Recordaba cada línea de cada artículo. Recordaba cada ángulo de su terriblemente hermosa cara.
Me decidí por el vestido más disparatado que pude encontrar. Un par de vaqueros destrozados con mi camiseta de la gira de Diamond Dogs, rematado con una chaqueta que no pegaba nada. En el suelo estaba mi obsesión más reciente: un par de zapatillas con plataforma. Esas pequeñas tenían más goma que un Dirigible de Goodyear, y me hizo crecer 4 pulgadas. Me costaron 40 dólares. O me habrían costado 40 dólares si no las hubiese robado. Fue pan comido: le dije a la dependienta que quería probármelas, y luego le dije que si me podía sacar otras de una talla distinta. Para cuando había regresado, estaba al otro lado de la manzana, con la caja de las zapatillas debajo de mi chaqueta.
Marie estaba de pie en la puerta de la habitación, viendo cómo me vestía. ‘Los profesores van a tener un día de campo contigo’ dijo meneando su cabeza.
Me encogí de hombros. ‘Viven con ello’ respondí. Me pare y me mire en el espejo. La imagen era buena… Pero todavía había algo que fallaba. Me fui a mi tocador y agarré algunos lápices de maquillaje fosforescentes. Me acerque a Marie y los arroje en su mano.
Bien, el último favor. Mañana por la mañana, antes de ir a la escuela, quiero que dibujes un rayo rojo y azul en mi cara. Como la portada de Aladdin Sane. ‘Harás esto por mí, ¿vale?’
Vamos, Cherie. Estas llevando esto demasiado lejos…’
¿Lo harás o no lo harás?’
Marie suspiro, pero no dijo que no.
Si, quería hacer algo importante, pero era más profundo que eso. Viendo el abuso que ese pobre de séptimo grado soportó había despertado un reciente recuerdo que me había perseguido todos los días. Unos pocos meses antes, había tenido un cara a cara con la matón más notable de la escuela. Su nombre era Big Red y ella era del tipo de matón más mezquina, sencilla y simple. Ella tenía el pelo rojo, brillante y ondulado: por eso la llamaban Big Red. Tengo la sensación de que a ella le gustaba… eso de tener un apodo como ese le hacía sentirse grande e importante. Sin embargo, nadie se atrevía a llamarla a la cara ‘Big Red’ a menos que fuese una de sus matones o seguidores. Nuestro primer encuentro fue durante mi primer año de estudiante. Un día después de educación física, ella y dos de sus gorilas se acercaron a mí en la sala de las taquillas. Estaba a medio cambiar, y todo lo que llevaba puesto eran mis pantalones cortos. No la vi al principio. Aunque sentía que algo estaba fuera de lugar, como si no pudieras impedir una tormenta, una sensación visceral de desastre avecinándose en la distancia. Mis ojos lenta e instintivamente subieron desde mi armario y allí estaba Big Red, la enorme y gran perra que había estado atemorizando a los chavales más pequeños todo el semestre.
Ella cerro mi armario. ‘He oído que no me tienes miedo’, dijo Big Red, con una voz que goteaba amenaza. Sus dos sucias cantantes rieron a la vez, masticando sus chicles, burlándose con malicia de mí. Pensé por un momento que nunca había visto sola a Big Red. Siempre estaba con sus gorilas. Se me ocurrió que ella quizás tuviese miedo. Miedo de lo que los chicos la pudiesen hacer si la pillasen sola.
La mire confundida. Hasta ese momento, yo no había dicho nada a nadie de Big Red. Solo había escuchado historias y visto las lágrimas y las aterradas caras sollozantes de los chavales que ella había estado atemorizando. Hasta ese momento ella solo había estado aplastando a los otros chicos. Yo solo la había ignorado, esperando que ella me dejase en paz.
¿Eres sorda o algo parecido?’ Ironizó Big Red, cuando me quede allí mirándola. Puse mis manos en mi pecho tratando de cubrirme. Menee mi cabeza diciendo no.
Bueno, he escuchado que no me tienes miedo. Que eres muy valiente. ¿Eh, Cherie?’
¿Por qué debería tenerte miedo?’ dije con resignación, ‘Ni siquiera te conozco…’
Sin decir más palabras me dio un duro revés en mi cara. Todo el mundo que estaba en la sala de taquillas se paró, y el sonido de los nudillos contra la carne sonó con eco en la habitación como un disparo de pistola. Volé hacia atrás, sobre un banco, y terminé de espaldas. ‘¡Haw, Haw, Haw!’ se reía Big Red, al igual que todos sus gorilas, ‘¡Haw, Haw, Haw!’
Me levante, obviamente temblando. Ella no perdió un instante. Puso un dedo en mi cara como un arpón y su boca estaba muy cerca de mí. Podía sentir su aliento. Aparté mi cabeza. ‘MEJOR ten miedo, ZORRITA’ me dijo mirándome con desdén, ‘¡La próxima vez me temerás!’ dándome golpes en el pecho, mientras ella se reía y podía ver su pintalabios manchando sus dientes. Ella miro alrededor de la sala, todos evitaban su mirada y después, como un monstruo en una película de terror, se fue. Me dejaron allí de pie, medio desnuda, paralizada por el terror. Pude sentir mi cuerpo temblar violentamente hasta que me derrumbé en lágrimas. El silencio era atronador y el único sonido que había en esa sala de taquillas eran los ecos de los lamentos de mis sollozos.
Según caminaba hacía Mullholland Junior High, los abucheos empezaron antes incluso de lograr entrar por la puerta. Según pasaba los pasillos, las taquillas, sentía una silenciosa caída por todo el edificio. La gente dejaba de hablar y se volvía mirándome boquiabiertos. Camine pasando por todos ellos, mirándolos.
¡Bonito pelo, Cherie!’ gritó alguien según pasaba. ‘¿Has asaltado un circo?’
Continué caminando, maldiciendo al niño. Todo el mundo me iba a decir algo hoy. ‘¿Tu peluquero ha tenido un episodio psicótico, o algo así?’ ‘¿Qué ha pasado? – ¿No te puedes permitir laca para el pelo y por eso usas pintura en spray?’
No aguante ni un minuto en la clase de historia de primer grado de Mr. Thomas. Me hecho un vistazo y me envió directamente al despacho del decano. Me gustaba Mr. Thomas. Era un ex marine de mediana edad con el pelo canoso. Me recordaba a mi padre. Parecía comprender lo que le sucedía a una adolescente bastante áspera, y aunque él nunca se acercó a mí a decírmelo, sentía que realmente le importaba. De todos mis profesores, él era mi favorito.
La decana me echo un vistazo y suspiro. ‘Muy Bien, Cherie’ dijo ella, ‘¿podrías decirme que está pasando?’ Le conté alguna historia ridícula de que era voluntaria en el Hospital Encino y que el vestido era para un evento especial que íbamos a hacer allí después de la escuela. Sorprendentemente, me creyó. De hecho, la decana, el director y el resto del personal de la escuela se tragaron el anzuelo, el sedal y la plomada. La historia funciono tan bien que me dijeron que, si las cosas ‘se salían de madre’ con los otros chicos, ellos me soltarían pronto de la escuela, ‘solo por esta vez’ ¡Muy bien por su parte! Ahora podía mantener mi promesa a esos matones tontos del culo, y dejar la escuela pronto… con felicitaciones para el equipo de Mulholland Junior High.
Y siguió así toda la mañana. Los profesores me hacían un aparte para preguntarme si todo estaba bien en casa. Yo masticaba chicle y les ofrecía mi mejor mirada perdida. Cuando me senté a tomar mi almuerzo, todo empeoro. Los abucheos, las carcajadas y los comentarios sarcásticos… ‘¡bonitas zapatillas! ¿ahora puedes hacer mates?’ ‘¿Qué te pasa en la cara? ¿es un sarpullido, o se equivocaron al hacer un graffiti confundiendo tu cara con un muro?’
La cosa era que yo no estaba rabiosa. Realmente no. Por más que se rieran o se me quedaran mirando fijamente, yo me sentía mejor. Más poderosa. ¡Todo el mundo en esa cafetería sabía quién era Cherie Currie! Cuantas más noticias tuvieran de mí, más grande era mi victoria. Me di la vuelta y miré al chico con gafas que habían llamado freak el día anterior. Estaba sentado una mesa más allá de mí. Caminé y me senté junto a él. Según me senté él se quedó mirando fijamente, con su boca abierta. Ni siquiera sé si me reconoció. Quizás pensó que quería golpearle o algo parecido. En lugar de eso le dije. ‘¿No son espantosos esos tipos?’
Asintió rápidamente con la cabeza y dijo, ‘¡sí!’
Me acerqué y dije, ‘¡Siempre están tomándole el pelo a gente como nosotros!’
Se rio un poco y empezó a relajarse, cautelosamente. Todavía no podía dejar de mirarme fijamente.
¿Te ha costado mucho dinero?’ preguntó de repente. ‘Quiero decir – uh – ¿tu pelo?’
Sacudí la cabeza. ‘Ni un centavo. Me gustan tus gafas’
Se puso un poco colorado y miró hacia otro lado. ‘Las odio’ dijo en voz baja. ‘Les sigo pidiendo a mis padres unas nuevas, pero ellos no quieren’
Me gustan mucho’ le respondí. Luego me incliné de nuevo. ‘Escucha – si alguno de esos asquerosos te molesta otra vez, dímelo, ¿de acuerdo?’
De acuerdo’
Todavía podía oír a esos mierdas reírse, justo detrás de nosotros. No importa: hice lo mío. Deje que se rieran. No es como si se estuvieran burlando de mí. Era la criatura que había creado. La cosa Cherie. Duele cuando la gente se ríe de ti. Se que se siente como… como cuando los amigos Marie me decían que me largara cuando intentaba salir con su camarilla. Oh sí, eso duele mucho. Pero puedo llevarlo si esos cretinos se ríen de la cosa-Cherie que he creado, porque realmente no soy yo. La verdadera Cherie, la que siente temor, vergüenza y dolor esta encerrada de forma segura. Está en algún lugar profundo dentro de mí, en un sitio donde nadie puede herirla. Ahora yo era más grande que ellos. Y había tomado una consciente decisión de no temer más a nadie.
Cuando sonó la campana del almuerzo, todo el mundo se fue. El chico con gafas sentado a mi lado hizo un esfuerzo por evitar a los tipos que siempre le habían atormentado. Yo también salí disparada – directa a la puerta trasera. Fuera de la escuela, saqué un cigarro de mi bolsillo y lo encendí. Me reí sola – hoy era un día bastante bueno. Había dejado clara mi posición, todo bien.
Tenía mis cigarrillos, tenía mi música, y eso era suficiente para mí, muchas gracias. Tenía suficiente escuela por hoy. De todas formas, esta noche me fui de cabeza al Rodney con Paul, y no quería arruinar mi estado de ánimo saliendo con una pandilla de asquerosos. Arrugue mis ojos por el fuerte sol de media tarde. La escuela era el infierno, pero cuando tenía 15 años, la English Disco de Rodney Bingenheimer era mi idea del cielo. Por entonces, la escena glam era el único lugar que sentía como mi hogar en mi propia piel.
Apagando mi cigarrillo en la suela de mis plataformas, exhale una gran columna de humo gris y me aleje de los límites de Mulholland Junior High, dejando atrás la única vida que no significaba nada para mí.

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