Estaba
en mi habitación con los cascos puestos, escuchando de nuevo Diamond
Dogs, la música tan alta como podía, después de ver a Bowie tocar
esas canciones en directo, cada nota y cada línea habían tomado un
carácter más grande y profundo. Me descubrí a mí misma poniendo
especial atención en la instrumentación, en la entonación vocal de
Bowie. La música me proporcionaba una idea, un plan de a donde
quería ir. Sentada en mi silla puf, flotando sobre mi cuerpo,
transportándome fuera de mi cuerpo gracias a ese glorioso ruido en
mi cabeza.
Mi
mente deambulaba lejos del trabajo de matemáticas en el que se
supone que estaba trabajando. Pensando en un chico llamado Byron
Friday, que también estaba en mi curso. Me había enamorado mucho de
Byron, aunque él no se había percatado de mi existencia, aparte del
ocasional saludo al entrar o salir de clase. Byron era un chico
atractivo, rubio y bronceado, con el pelo dorado y brillante cortado
a capas encima de sus hombros. Era callado, introvertido, un hombre
misterioso en monopatín. Algunas veces le veía en el descanso del
bocadillo, haciendo ochos imaginarios en la parte de atrás del
parking o caballitos con su bici donde se supone que debía estar. Me
sorprendería que él fuese lo que dicen algunos que es un rebelde.
No estaba segura, pero sabía que cuando lo veía zumbando por el
asfalto, me daba un escalofrío que recorría todo mi cuerpo.
No
le conté a nadie mi enamoramiento de Byron, ni siquiera a Marie.
Pero algunas veces, cuando estaba sola como esa noche, tenía esa
recurrente fantasía sobre Byron y yo, era fin de semana, Byron y yo
hacíamos un picnic en la pradera de la escuela sin nadie alrededor.
Byron me echaba una mirada, con su linda y torcida sonrisa, y me daba
cuenta de que iba a besarme. Alzaba su mano y tocaba suave y
lentamente mi cara moviendo sus labios entre los míos…Yo tenía
esa sensación maravillosa de tener mariposas dentro cuando imaginaba
nuestros labios tocándose. Me preguntaba si eso era lo que se sentía
al estar enamorada.
Un
ruido brusco a través de la música de mis cascos interrumpió
finalmente esta fantasía. Incluso no lo escuche al principio,
golpeando suavemente en la puerta corredera que da al patio trasero
de mi habitación. No vi su silueta, contra la luz que se desvanecía
en el exterior.
Mama
estaba cenando fuera con Wolfgang. Marie estaba en el cine con sus
amigas. Donnie estaba durmiendo en casa de un amigo. Ni siquiera
sabía cuando regresarían. Marie dijo que quizás a las diez, pero
eso no significaba nada. Yo estaba disfrutando de tener la casa para
mí sola. Tenía mis deberes delante de mí y no fue hasta que Derek
golpeo más fuerte el cristal que miré por encima de mis libros y le
vi allí de pie. Estaba gritando algo, su boca se retorcía.
Oh,
que asco, ¿Qué querrá este imbécil?
Me
quité mis cascos y apagué el reproductor. Podía escucharle a
través del cristal: ‘Hey Cherie, ¡déjame entrar!
‘¡Marie
no está aquí!’ le grité como respuesta.
Encogió
sus hombros y alzó la palma de sus manos al cielo como diciendo, ‘¿Y
qué?’ Negué
con mi cabeza y me puse de nuevo los cascos.
‘Cherie,
vamos, ¡quiero hablar contigo un segundo!’
Con
un suspiro, aparté los cascos y me arrastré descalza hasta la
puerta. Le miré y arrugué mi nariz. Iba vestido con su uniforme
habitual de estrechos vaqueros rasgados y una camiseta de Led
Zeppelin de aspecto asqueroso. El pelo oscuro hasta los hombros
parecía sucio, y cuando se reía, su horrible sonrisa mostraba sus
torcidos dientes amarillos hincados en sus finos labios. Él no era
Byron Friday, eso es seguro. Yo abrí la puerta solo una rendija.
‘Te
dije que Marie no está aquí. Ella esta fuera’
‘Déjame
entrar, Cherie’ dijo, poniendo su boca en la apertura. ‘¡Me
estoy congelando aquí fuera!’
‘No’
escupí, ‘¡Lárgate!’
‘Déjame
entrar, Cherie’ dijo, poniendo su boca en la apertura. ‘¡Me
estoy congelando aquí fuera!’
‘No’
escupí, ‘¡Lárgate!’
Derek
me hizo sentir rara, y la idea de estar a solas con él nunca la
habría considerado. Él era un verdadero cerdo: cuando él y mi
hermana estaban juntos, siempre la estaba maltratando, intentando
meterle sus manos entre la falda o bajo su top… ¡como un puto
perro en celo! Nunca pude entender porque Marie lo soportaba, con
coche o sin coche. O peor, cuando estaba aquí, y Marie iba a traerle
una cerveza u otra cosa, le pillaba mirándome fijamente con esos
ojos de insecto muerto. Me miraba de cierta forma, y era como si sus
labios se humedecieran y cogiesen musculo. ¡Ugh! Si me levantaba y
salía de la habitación, sentía su mirada sobre mí, recorriendo
arriba y abajo mi cuerpo, valorándome. Casi podía oír su
respiración dificultosa.
Iba
a cerrar la puerta y echar el cerrojo otra vez, pero deslizó sus
dedos por la rendija y dijo: ‘¿solo un segundo?, ¡Vamos! Solo
quiero esperar y charlar hasta que Marie regrese’
‘¡Estoy
haciendo mis deberes!’
Ignorándome,
él giró la puerta y metió más de la mitad de su cuerpo dentro.
Instintivamente retrocedí, me alejé unos pasos de él, y de repente
Derek estaba de pie en mi habitación, mirándome. Tiró de la puerta
cerrándola detrás de él.
Mi
corazón empezó a latir más rápido. Fue como si su presencia le
chupase la vida a la habitación. Estaba allí de pie, mirándome con
esa vil sonrisa suya. Sus ojos partían de los míos, viajando a lo
largo de mi cuerpo, haciéndome sentir pequeña e incómoda. Con
rubor me di cuenta de que estaba de pie delante de él sin nada más
que un camisón y mi ropa interior. Sentí un calor ardiente
pinchando mis mejillas. ¡Oh dios!
Derek
fue siempre horrible, pero había algo más horrible en él esta
noche. Parecía desaliñado. Sudoroso. Como si hubiese estado tres o
cuatro noches bebiendo. Podía oler la priva en él, flotando hacia
mí como el dulce y enfermizo olor de una habitación recién
pintada. Su ropa estaba sucia y arrugada. Su pelo parecía grasiento.
Su cara sudorosa y esa enorme y protuberante nariz italiana parecía
roja.
Dios,
dios, dios.
De
repente todo lo que Marie me había dicho de Derek en las últimas
semanas se desbordó detrás de mí.
Creo
que ha estado siguiéndome. En serio, Cherie, realmente me asusta
mucho. Algunas veces me aterroriza. Algo en sus ojos. Él está LOCO,
Cherie.
De
repente mi boca se secó, y con un rayo brillante de comprensión,
supe que estaba en peligro. Mire a Derek buscando pistas, pero miro a
otro lado y empezó a pasear por la habitación, sintiéndose en su
casa. Pasó por encima de mi puf y agarró los cascos. Los puso y
preguntó ‘¿Qué estás escuchando?’
‘Mira,
Derek’ le dije con una voz que sonaba un poco más confiada de lo
que verdaderamente me sentía. ’No hay nadie en casa. No puedes
estar aquí. Te lo prometo, le diré a Marie que has venido, ¿vale?
¡Así que quiero que te vayas ahora!’
Pero
Derek no estaba escuchando, miró por encima del tocadiscos y
murmuró, ‘Ah si, te gusta Bowie. Es un marica. ¿Sabes…?’
Entonces
se quitó los cascos y los dejo de nuevo sobre el puf. ‘Marie me
dijo que te gustaba Bowie. No soporto esa mierda. No es un verdadero
hombre. ¿Qué clase de hombre se pone maquillaje?’
Le
observé como andaba por la habitación, sopesando cada cosa. Cogió
al azar un libro, o un disco, y lo miró. Dijo alguna tontería como,
‘uhm, álgebra.
Yo odio el álgebra.
No sé porque te obligan a aprender esa mierda’ Tocándolo todo.
Poniendo sus manos en mis cosas. Quería decirle que se fuera a tomar
por culo, pero no me salía la voz. Sabía que, si le gritaba,
saldría como un chillido seco.
Entonces
se paró, y me miró con una expresión curiosa en su cara. ‘Eres
exactamente igual a tu hermana’ con una voz extraña y melancólica.
‘No puedo superarlo’
No
respondí, temerosa de que cualquier cosa que dijese le haría perder
la cabeza conmigo.
Se
inclinó un poco hacía adelante, y añadió con un susurro ronco
‘¿Eres….completamente igual?’ Cuando él dijo esto, miraba a
mi entrepierna, levantando sus cejas y luego trayendo sus ojos hacía
los míos.
Su
presencia física me atemorizaba. En el concierto de Bowie, yo me
sentía una super humana. Recordándolo me sentía como si midiese 3
metros. Pero ahora, con Derek de pie a solo un metro de mí, me
sentía como lo que era: una chica de quince años que se habría
meado en sus pantalones de puro pánico.
¡Por
favor, déjame sola! Gritaba mi mente. Pero mi boca no decía nada;
solo le miraba con la mirada desviada y confusa.
¿Qué
hora es?
¿Ya
son las diez?
Miedo
y rabia estaban creciendo dentro de mí. No hacía mucho yo estaba en
la cima del mundo, la reina glitter, dura e invencible. Ahora este
horrible y sudoroso asqueroso con necesidad de una ducha estaba de
pie en mi habitación, tocando mis cosas. ¿Por qué no se marchaba?
Era más temor que rabia. Si Derek hubiese empuñado un arma frente a
mí, no me habría sorprendido. Yo sabía que él era inestable.
Forzar la entrada en la habitación de alguien no era un
comportamiento normal, ¿verdad? Derek estaba loco, no había duda de
ello.
‘¿De
que tienes miedo, Cherie?’ dijo sonriendo, mostrando una terrible
visión de sus dientes. ‘¡Sabes que no me debes tener miedo! ¡No
te voy a hacer daño!’
Una
parte loca de mí estaba desesperada por creerle. Pero yo no, la
verdad es que no. Estaba más asustada de lo que había estado en
toda mi vida. Me miraba como un perro hambriento.
‘¡Deja
de mirarme!’ me quebré. Él no me escuchó, creo. Continuó
mirándome fijamente. Sentí como si pudiese mirar a través de mi
camisón. Me sentía totalmente avergonzada, humillada, y aterrada a
la vez. ¿Qué coño había visto Marie en este asqueroso?
Cuando
tenía diez años, mi padre me azotó. Lo recuerdo claramente porque
fue la única vez que hizo eso. Me pilló besando a un chico llamado
Winnie, que vivía calle abajo. Winnie era un chico salvaje; los
demás lo llamaban Winnie el lobo. Siempre merodeaba por las calles
solo, y no veíamos mucho a sus padres. La casa donde vivía estaba
desgastada y en ruinas. Vestía muy desaliñado, y era notorio por
ser un malote, y todo el mundo del vecindario lo sabía. Podía
caminar directamente hacía otros chavales y darles de ostias sin
ninguna razón. Ahí mismo, con los padres de los chicos gritándole
asesino sangriento mientras salían corriendo de la casa para
intentar patearle el culo. Pero a Winnie no le importaba, y a sus
padres tampoco, y por alguna extraña razón Winnie me gustaba mucho.
Winnie no encajaba. La diferencia entre Winnie y yo era que Winnie no
se preocupaba por encajar, y supongo que por alguna extraña razón
lo encontraba intrigante.
Winnie
el lobo fue el primer chico que me beso. Sabía a chicle y tabaco, y
la verdad es que no me gustó, pero fue una sensación
suficientemente extraña como para que yo pensara en ello mucho
tiempo después.
Fui
amigo de Winnie un tiempo; fumé mi primer cigarrillo con él. Era
domingo cuando estando de pie en una esquina apretamos nuestros
labios y nos besamos. Ni siquiera estoy segura porque lo hicimos –
no fue un beso verdadero. Solo éramos unos chiquillos que imitaban
lo que veíamos en la TV. Nuestros labios estaban estrechamente
cerrados, y contoneábamos nuestras cabezas de derecha a izquierda
imitando pasión, la verdad es que entendíamos que estábamos
haciendo. De repente escuche a mi padre chillando, ‘¡Cherie!’
Cuando
mi padre doblo la esquina y gritó, le echo a Winnie una mirada lo
suficientemente amenazante para hacer que Winnie se separase
inmediatamente. ‘Te he estado buscando’ usando esa voz que
utilizaba cuando algo le volvía loco. ‘Llegas tarde a la iglesia’
Empecé
a llorar inmediatamente. Sabía por la cara de mi padre que tendría
un montón de problemas. Agarró mi mano y empezamos a bajar juntos
hacía casa. Le dije con una vocecilla, ‘¿Voy a ir a la iglesia,
papa?’
No
Cherie, vas a esperar en casa. Voy a llevar a Mama, Marie y Donnie a
la iglesia… y cuando regrese hablare contigo.
Aterrada,
empecé a rogar a papa ir a la iglesia. Yo era una buena chica
católica. Me había tragado todas esas historias de culpabilidad y
pasión, sacrificio y maldición sin cuestionarlo.
Quería ir a rezar por mi alma inmortal, porque había besado a un
chico. Quería suplicar a Jesús por su perdón. Pero papa no estaba
escuchando. Me llevó a casa y me dijo que me sentase en la esquina y
le esperase. La abuela se ofreció para quedarse conmigo, pero papa
dijo que no, lo cual hizo que me diese más miedo. La abuela era tan
dulce y tenía tan buen corazón que temblaba y lloraba cada vez que
íbamos a recibir una paliza. Supongo que no quería que la abuela lo
viese. Me quede allí sentada, temblando y llorando, con un terrible
sentimiento de desolación dentro de mí. Papa se fue y en todo el
tiempo que la familia estuvo fuero yo no moví ni un musculo. Sentada
allí; el único movimiento que hice fueron los espasmos de mis
hombros cuando lloraba. Escuché el coche dentro de la entrada
después de un reto, y sentí mi estomago hacerse un nudo. Cuando
papa entro en el salón, llevaba la paleta.
Nunca
olvidare esa paleta. Mama la había traído de un viaje a México:
era una pequeña paleta de madera con un dibujo de una mano pintada
en ella, era de un tipo con sombrero azotando tres culos rojos que
sobresalían. Yo pensé que era divertido la primera vez que la vi,
hasta la primera vez que ella la uso. Tan pronto como vi la paleta
empecé a llorar y suplicar a papa que no lo hiciera.
Papa
miro de frente. Nunca le había visto así. Luego, sin mediar
palabra, me puso sobre sus rodillas y empezó a azotarme. Mirando
atrás, supongo que no me dolió mucho, pero el hecho es que había
decepcionado mucho a mi padre. Nunca lo olvidare. El recuerdo está
tan fresco hoy en día como nunca lo estuvo.
Cuando
lo hizo, me miró fijamente con una mezcla de tristeza y
arrepentimiento y dijo: ‘mantente alejada de ese maldito chico,
Cherie, no es buena influencia. ¡Lo digo en serio gatita, aléjate
de él!’
Yo
estaba lloriqueando, moqueando, histérica y le pregunte, ‘¿Por
qué papa, POR QUE?’
‘¡Por
qué lo digo yo!’
Después
de aquello, el tema de Winnie el lobo no se sacó más. No sé qué
fue de Winnie el lobo. Su familia se mudó lejos y eso fue todo. Pero
ahora, con Derek mirándome fijamente de esa espeluznante manera, me
vino el recuerdo, porque por primera vez en mi vida me di cuenta
porque mi padre me había azotado. Porque hay cierto tipo de personas
en este mundo que tienen algo oscuro dentro de su alma.
Como
Winnie, como Derek. Pero Derek era PEOR que Winnie el lobo. Derek era
lo que crecía dentro de Winnie. Algo que no era normal del todo.
Algo más monstruoso que humano. Mis mejillas se enrojecieron ya que
recordé la forma en que sentí los labios de Winnie en los míos.
Sentí nauseas. Deseaba no haberle besado jamás. Deseaba que Winnie
el lobo estuviese muerto. Winnie y Derek, los dos. Miré a Derek,
miré directamente a esa cara roja y horrible. Deseé poder ser capaz
de asesinarles a los dos yo sola, lo pensé. ¡Deseé tener los
ovarios para hacerlo!
‘Marie
me lo contó’ Me dijo Derek con una voz profunda y flemática.
Empezó caminar hacia mí, ahora a propósito. Como si estuviera
decidido. ‘Ella me dijo…que eras virgen’
¡No
sabía dónde mirar! No me podía creer lo que me estaba diciendo. Me
sentía tan avergonzada, tan pequeña, tan condenadamente asustada.
Acercó una mano y me agarró por el brazo.
‘Tan
bonita’ me dijo, ‘Tan fresca. Me gustan las chicas frescas’
Sacudí
mi brazo ‘Aléjate de mí, Derek’
‘¿Cuál
es el problema?’ sonrió, ‘¿No quieres un verdadero hombre?’
Marie
y mama vendrán a casa pronto, pensé para mí misma.
Muy
pronto.
Por
favor.
Por
favor volved a casa.
Por
favor…
Seguí
diciendo esto mientras se acercaba. Más cerca. Seguí diciendo esto
mientras me agarraba, está vez usando sus dos manos, para sujetar
mis hombros con fuerza. Puso su rostro muy cerca del mío, y podía
oler su apestoso aliento cuando dijo, ‘te gustara, te lo prometo’
Intenté pelear, pero él era más grande y fuerte que yo mientras el
empezó a empujarme hacía la cama.
Por
favor…
Por
favor…
Continúe
diciéndolo mientras me empujaba a la cama, echando mis peluches a un
lado, y poniendo una mano sudorosa en mi boca para que no pudiese
gritar. ¡Bastardo estúpido! ¿No podía ver que estaba tan aterrada
que no podía gritar?
Puso
su cara pegada a la mía. Demasiado pegada. Podía oler su aliento.
Tabaco y priva rancia, podrido y descompuesto. Todavía con esa
estúpida sonrisa.
‘Te
va a gustar. Me lo vas a agradecer. Te lo juro…’
Cerré
mis ojos. Podía sentir su aliento caliente sobre mi cara. Peleé
furiosamente, pero él apretaba tan fuerte su mano sobre mi boca que
no podía ni respirar. ‘Tengo una cosa para las vírgenes’ estaba
diciendo desde algún lugar lejano. ‘Vamos, Cherie…no quiero
herirte. Te gustara…lo prometo…’
Podía
sentir como tiraba de mi camisón. Y su mano tiraba libremente de mis
medias de forma ruda. Tenía todo el peso de su cuerpo ahora sobre
mí, y como estaba peleando se volvió más difícil moverse.
‘Quítate…de…encima…Derek’ Grité. ‘¡Quítate…de…ENCIMA…DE
MÍ!, ¡QUITATE DE ENCIMA!, ¡QUITA DE ENCIMA!’
Podía
sentir su presión sobre mí. Su cosa. Podía sentirlo hurgando ahí
abajo, desabrochándose la cremallera y respirando sobre mi oreja.
‘Deja de joderme con la pelea, te va a gustar…me lo vas a
agradecer, ¡ahora…deja…de…joderme con la pelea!’
Después
se llevó una mano a su boca y escupió sobre su palma. Forzó su
mano entre mis piernas, manchándome de baba. Podía sentir su cosa
presionando duro contra mí. Oh dios, oh dios, no puede estar
sucediendo esto.
Cuando
me empujó, grité. Nunca había sentido un dolor así. Fue el dolor
punzante más horrible, y emanaba de mi interior. Como si me
estuvieran abriendo. Él estaba empujando dentro de mí, gruñendo en
mi oreja cada vez que lo hacía. Me volví literalmente loca…sacando
fuerzas de donde no sabía que las tenía, empecé a golpearle con
mis puños, dejando sueltos gritos desde lo profundo de mi alma.
Estaba
maniobrando por puro instinto. Todo lo que pensaba hacer era herirle
tanto que se tuviese que levantar de encima mío. Empecé a desgarrar
su pelo, arrancándoselo de su cabeza a puñados, arañando sus ojos,
dándole puñetazos. Intentó agarrar mis muñecas para que parara,
¡pero no había opción! Grité y le golpeé, e intenté desgarrar
su carne de una vez por todas. En un frenesí, gestione en herirle
lo suficiente para que se echase atrás un instante, y que esa puta
sonrisa dejase mis labios. Ya que él se giró hacia atrás, su cosa
se deslizó fuera de mí, y esto me dio la palanca que necesitaba.
Llevé mis rodillas a posición fetal y las puse para empujarlas
sobre su pecho, empujándolo hacía atrás. De repente Derek, el
violador, el matón, el monstruo, estaba gritando como un perro
apaleado. Podía ver los arañazos rojos brillantes en su cara, la
sangre saliendo por donde rasgue su piel. ¡Y el aspecto de su cara!
Incomprensión total y completa. Se alejó tambaleándose,
deslizándose por las puertas abiertas huyendo como alma que lleva el
diablo en la oscuridad, sus pantalones aún colgaban por la mitad de
sus piernas.
‘¡SAL
DE AQUÍ! ¡TE MATARE! ¡HIJO DE PUTA! ¡FUERA DE AQUÍ!’
Estaba
dispuesta a matar. Jamás había sentido rabia como esa. Me sacudía
con furia y podía sentir la rabia, el dolor y la adrenalina fluir a
través mío. Pero Derek se había marchado. Le había dado una
paliza.
Me
tambaleé hacía la puerta, sollozando histéricamente, y tiré de
ella para cerrarla, colocando de nuevo la cerradura en su lugar.
Tijeretazo
Tijeretazo-tijeretazo
Vi
mi pelo tirado en el suelo del baño, pequeños mechones rubios,
pequeñas partes amputadas mías. ¿Me sentía triste? ¿Feliz? No lo
sabía. No sabía que sentía, aparte de la rabia. Me sentía muy
rabiosa, pero supongo que siempre he sentido rabia.
Tijeretazo.
Tijeretazo.
Sentía
odio. Odio es una palabra poderosa; me gustaba la forma en que lo
sentía en mi boca. Odio, es una palabra dura, como un puñetazo a la
boca. Te deja un sabor cobrizo después de decirla de la forma
adecuada. ODIO.
Pensé
en la sangre que goteaba por mis piernas, y en el ardiente y profundo
dolor que Derek dejó atrás. Oh dios, el me hirió, me hirió mucho.
Tijeretazo.
Sale
otro bucle.
A
Derek le gustaban jóvenes. Jóvenes y dulces. Eso es lo que contó.
Esa es la razón que me dio para hacerlo. Joven y dulce. Como yo era.
Como yo era antes de esa noche.
Cuando
Marie me encontró le dije lo que había sucedido, tomamos la
decisión de no contárselo a mama. Incluso no conocía a Derek, ¿y
como podía hablar sobre algo así con mi madre? Y si llamaba a los
polis, sabía lo que Derek diría – que le había dejado entrar en
mi habitación. Si una chica deja entrar a un tío en su habitación,
todo el mundo sabe que es lo que esa chica está pidiendo, ¿de
acuerdo? La única cosa que podía pensar es que peor que lo que me
acababa de suceder era que todo el mundo lo supiera. Podía imaginar
lo que dirían, lo que murmurarían a mis espaldas. No, eso tendría
que ser nuestro secreto. Mi secreto. Decidí irme a la tumba sin
contarle a ningún espíritu viviente lo que me había sucedido con
Derek.
En
las semanas que siguieron a la violación, descubrí que Derek no
solo se había llevado mi virginidad, también dejo un souvenir –
una puta infección. Mi madre tuvo que llevarme al doctor, lo cual
era una experiencia totalmente embarazosa. Nunca me pregunto nada;
supongo que quería dar imagen guay y moderna o algo parecido. Por
supuesto, nunca le he contado lo que sucedió.
Pero
eso fue todo lo que vino. Ese día tomé una decisión, ese día
decidí que no me iban a decir que hacer nunca más, y que nadie iba
a tomar lo que querían de mí. Ese día me di cuenta de que hay dos
tipos de personas – la gente que hace el TRABAJO, y la gente a la
que se lo hacen. Sabía cuál quería ser.
Sentada
en el filo de la bañera. Con las brillantes y afiladas tijeras de mi
madre en la mano, tomé otro mechón de pelo y lo puse entre las
hojas.
Tijeretazo.
Sabía
que cuando fuese a la escuela al día siguiente, todos iban a saber
como me sentía. Todos iban a sentir el odio radiando fuera de mí.
Bien. ¡Que les jodan! Quería tomar ese odio que estaba dentro de mí
y empujarlo dentro de sus putas gargantas. Hacer que atraganten con
él.
Con
el montón de pelo en el suelo creciendo más y más, me vi a mí
misma más y más fuerte. Cuando entrase en una habitación todo el
mundo iba a saber que Cherie Currie estaba allí desde ese momento.
Todos los Winnie el lobo de este mundo, todos los Dereks de este
mundo, todos los chicos de la escuela que pensaran que eran duros…
¡todos esos cachitas, snobs y tontos! Quería que me temiesen, saber
que no podías joder a Cherie.
Nunca
más una chica surfera del Valle.
Fingir
nunca más.
Iba
a ser la reina brillante en la noche, y es lo que sería de día
también. No intentar encajar nunca más: si no les gusta… mala
suerte.
Tijeretazo.
Si
lo odiaban, ¡estupendo! Si no les gustaba, ¡no importa! Les daré
más. Si pensaban que David Bowie era un marica y un raro, bien. Seré
tan jodidamente rara que no querrán que les alcance. Van a tener
todo el odio que siento dentro estampado en su estúpida cara.
Tijeretazo.
Tijeretazo.
Me
mire al espejo. Había hecho un buen trabajo. Horroroso, hermoso,
como David Bowie. Me sentía exhausta, como si me hubiera librado de
un gran peso. Ahora todo lo que tenía que hacer era averiguar cómo
convertir lo que tenía en mi cabeza en algo que se asemejase al
estilo que Bowie llevaba en la portada de Pin Ups. Ese raro casco
alrededor de su cabeza de pelo encrespado y largo por detrás.
Siempre admiré ese look, pero por supuesto yo era demasiado floja
para hacerlo así. ¡Pero nunca más!
Los
profesores iban a odiarme. ¡Bien! Dirían, ‘deberías afeitártelo
del todo, Cherie, ¡se vería igual de mal!’
‘¡Quizás
lo haga!’ le escupiría como respuesta, y luego me daría la vuelta
y me alejaría andando. Lo tenían que aprender también: no jodas a
Cherie Currie. Nunca más.
Mi
pelo pronto se parecería al de David Bowie. Iba a SER David Bowie.
Iba a ser horrible-hermosa, horrible y atractiva. Ese momento, ese
flash eléctrico en el concierto de David Bowie cuando me sentía
verdaderamente invencible – así es como me quería sentir todo el
rato. Sin temor. No como pequeños chicos cuadriculados del suburbio.
La jodida Cherie Currie, la reina del odio.
Y
nadie – NADIE – iba a poder herirme nunca más