Antes
incluso de saber lo que estaba sucediendo, Sandy West me había
recogido y arrojado, literalmente, en un coche aparcado. Sandy era mi
amiga y me encantaba, pero tenía temperamento y músculos para
respaldarlo. En la lejanía, podía escuchar a Kim Fowley gritando,
‘¡Putas perras!, si ese vomito de perro me responde UNA VEZ MÁS,
¡se acabó! En realidad, se acabó para todas vosotras. ¡No debéis
olvidar quien es el perro principal aquí!’
‘¡Cállate,
Cherie!’ Me grito Sandy en mi cara. ‘Joder, ¿no puedes mantener
tu puta boca cerrada? Vas a arruinar esto para todas. ¡Ya sabes como
es Kim!’
Si,
sabía como era Kim, de acuerdo. Este incidente tuvo lugar solo unas
semanas después de entrar como cantante de las Runaways. Incluso
desde que me uní a la banda, mi existencia día a día se convirtió
en todo lo que gritaba Kim Fowley: sus demandas, sus amenazas, sus
expectativas, sus… y sus promesas. De repente mi vida era todo
ensayos y palabrería sobre potenciales contratos discográficos; y
Kim era implacable en el timón como una especie de capitán loco de
un barco. A pesar del hecho de que Kim era escandaloso, y tan grosero
como todas nosotras, algo de lo que estaba haciendo parecía
funcionar: había una sensación definitiva entre la banda de que
algo grande iba a suceder.
Pero,
joder, era un sucio bastardo. Eso es lo que llevo a la crisis entre
Sandy y yo, Los fuertes brazos de Sandy que de repente me lanzaron
por el aire me impactaron lo suficiente como para calmarme un poco.
Hace
un momento había estado lista para estallar. Era un ensayo típico,
y Kim estaba con su habitual carácter abusivo, gritando y lanzando
insultos sobre nosotras y yo ya había tenido suficiente.
‘Escucha,
tío’, le dije, ‘¡no me jodas hablándome así!, yo no soy tu
puta perra, ¿de acuerdo? ¡No me llames así nunca más!’
Cuando
le gritabas a Kim, te miraba como si estuviese aguantándose la risa.
Sus ojos te miraban, su cara pasaba de una sonrisa a una mueca. Era
frustrante. Cuando lo hice, Kim sonreía y sacudía su mano con
desprecio.
‘Ve
y canta’, decía con una profunda voz con sarcasmo. ‘Eso es lo
que has de hacer aquí, ¿Por qué no me dejas pensar a mí, cariño?’
Nos
mirábamos uno a otro un instante mientras el resto de la banda
miraba con desinterés. Lita tenía una sonrisa vacilante en sus
labios. Después de todo, no le gustaba mucho y pensaba que Kim era
un gilipollas, así que esto era un entretenimiento de primera para
ella, sea cual fuese el resultado. Fue la primera vez que intente
hacerme valer con Kim desde que entre en la banda.
Mi
corazón bombeaba, con la cólera
corriendo a través de mí, pero Kim se limito a asentir de nuevo con
su cabeza, indicándome que volviera a coger el micrófono y cantar.
‘Vamos’, decía. Le eche una última mirada, pensando, ‘que te
jodan’ volviendo hacía mi sitio.
Después
escuche su murmullo, ‘buena perrita’
¡Hijo
de puta!
En
la pelea que siguió, le llamé pésimo bastardo chupa pollas y
perdió conmigo, y empezó a amenazar con echar toda la banda y
encontrar otras chicas. ‘Más jóvenes, más bonitas, con más
talento ¡y que apreciaran todo lo que hago por ellas!’ como él
mismo dijo. Ahí es cuando todas salimos de la sala de ensayo
gritándonos entre nosotras y Sandy me arrojó sobre el capó de un
coche aparcado para que me callase.
La
mire asomándose por encima de mí. Pude ver en sus ojos que ella
realmente no me quería hacer daño. Desde que me junte con las
Runaways, Sandy y Joan habían sido las dos personas más cercanas a
mí, y sabía que la banda lo era todo para ellas. En cuanto caí al
suelo, Sandy fue la primera en ayudarme a levantar. Ella me apartó a
un lado y murmuró, ‘Lo siento, Cherie - veras, esta banda lo
significa todo para mí. Cuando oigo a Kim decir que lo iba a
desenchufar, me asuste… tía, ¿estás bien? Se puso detrás de mí
y me limpio la suciedad de mi culo.
‘Estoy
bien’, dije mientras empezaba a reírme un poco por lo ridículo de
todo. ‘Lo entiendo’
Bien…’Me
sonrió con esos bonitos ojos azules perforantes. En unos instantes
todo parecía haberse olvidado y continuó el ensayo como si nada
hubiese sucedido.
Ya
que aprendía rápido, este solo fue otro día en la vida de las
Runaways.
Unirme
a las Runaways fue un poco como la primera escena del mago de Oz
donde Dorothy es recogida por el tornado girando y dejándola caer en
el revuelto mundo de Oz. Desde el instante en que me uní a la banda,
mi vida cambió. No cambió a mejor necesariamente, pero cambió.
El
primer paso era completar la formación. Joan, Sandy, Lita y yo
empezamos a probar bajistas. Por ese tiempo yo no sabía mucho de
música, e incluso ni entendía porque necesitábamos una bajista.
Pensaba que sonaba bien tal y como estaba. Pero no, Kim estaba
explorando los clubs para menores de 21 años en busca de talento, y
una de las posibilidades, por recomendación de Rodney Bingenheimer,
fue una chica tranquila y aficionada a los libros con el
desafortunado nombre de Jackie Fuchs. Jackie era muy distinta al
resto de nosotras. Para empezar, ella era muy femenina, y me
recordaba a Marie ya que sus uñas y sus pelos siempre estaban
perfectos. El resto de nosotras éramos un poco más duras, menos
preocupadas de cosas como esas.
Yo
pensaba que el contraste era interesante, pero el resto de las chicas
no pensaban igual. Tampoco podía tocar bien. Lita, Sandy y Joan se
tomaban en serio sus instrumentos. Lita podía tocar riffs complejos
de Deep Purple con facilidad, y algunas veces pensaba que ella y
Sandy hubieran sido más felices tocando en una banda Heavy más que
con las Runaways. Así que cuando Jackie hizo la prueba y toco mal su
bajo, pareciendo bonita y femenina, ellas estaban preparadas para
arrojarla fuera de la sala de forma literal. Fui yo quien se puso a
favor de ella. Me sentí mal por Jackie. Ella parecía dulce y un
poco perdida.
Pensé
que sería un buen contraste para el resto de la banda, y me di
cuenta de que su forma de tocar el bajo mejoraría con el tiempo. Fue
una decisión que definitivamente llegaría a lamentar.
‘¡Vamos!’,
dije, ‘¿Por qué no le damos una oportunidad?’
Me
salí con la mía por dos razones. Una fue que, aunque incluso Jackie
no podía tocar bien, ella era mejor incluso que las otras chicas que
probamos. Y otra fue Kim, que estaba ansioso por que las cosas
empezasen a funcionar. Cada vez que las cosas se ralentizaban,
rápidamente nos recordaba que ‘¡esto me esta costando un puto
pastizal! Tengo que pagar por el tráiler, y a menos que vosotras,
perras, no empecéis a abriros camino pronto, voy a tener que
mandaros de vuelta a las calles, ¡a donde pertenecéis!’
Todo
con Kim era dinero. Ese era todo su foco – el contrato. El contrato
discográfico era el pago con el que Kim estaba totalmente
obsesionado. Nunca nos hablo del dinero que haríamos con el disco.
Por el contrario, ponía el foco en que íbamos a ser estrellas,
leyendas. Si preguntaba Jackie sobre la cantidad de dinero que
podíamos ganar, la hacía callar con una mirada fulminante, antes de
informarle con severidad que debería preocuparse por su forma de
tocar el bajo y dejarle las finanzas a él. También, cuando
escribíamos canciones, Kim estaba siempre involucrado. Yo era lo
suficientemente inocente en esa época como para pensar que era
normal que él se preocupase de las canciones, pero no paso mucho
antes de darme cuenta de que Kim era lo suficientemente listo para
saber que el dinero estaba la publicación de canciones y él quería
que su nombre estuviera junto a las canciones tanto como fuera
posible.
También,
el hecho de Jackie fuese joven y bonita no iba contra ella, según
Kim. Así que cuando le hable de ella, se puso de mi lado al
principio. Aun así, con Joan, Lita y Sandy plantándose de forma
conjunta, Kim le dijo a Jackie que no tuvo suerte. Unas pocas semanas
más tarde, nos vino con la noticia de que después de la primera
prueba infructuosa, Jackie, supuestamente, había formado una banda
con solo chicas. La forma en que lo dijo me dejo perfectamente claro
que él admiraba su tenacidad y que le iba a pedir que volviese. De
esta forma, Jackie estaba en la banda. Solo necesitábamos cambiar su
‘poco atractivo’ apellido – así que Jackie Fox era de forma
oficial el quinto miembro de las Runaways.
Con
la formación completa, los ensayos se pusieron en marcha. El tráiler
donde ensayábamos era estrecho y sucio. Era un tráiler pequeño a
ruedas entre Cahuenga y Barham, atrapado en la parte trasera de un
minimercado con una autopista rugiendo más allá de ella. Era el
local de ensayo menos glamuroso y más desagradable que te puedas
imaginar. Supongo que, cuando no ensayábamos allí, alguien guardaba
un perro dentro, porque cada vez que nos asomábamos allí para
ensayar, el lugar estaba lleno de mierda de perro fresca. Tenías que
rodearlas para coger los instrumentos. Lo limpiaban algunas veces,
pero el lugar estaba alfombrado, así que la mierda se atascaba en la
fibra de la alfombra, asegurando que el lugar siempre apestase en
extremo. Había algunas sillas plegables y las paredes estaban
insonorizadas, y eso era todo.
Tuvimos
un roadie, un viejo hippie con pelo largo castaño y barba. Nos
recogía a Jackie, Joan y a mí, en su bus VW para llevarnos a
ensayar después de la escuela y los fines de semana. Era un buen
tipo, pero chico, apestaba. Pronto se ganó el apodo en la banda de
‘Stinky’ (apestoso). Obviamente, él nunca usó desodorante ni un
día de su vida. En la parte trasera del bus no había asientos;
dentro había una cama donde nos sentábamos. Supongo que el autobús
era su hogar lejos de su casa. No se de donde lo sacó Kim, pero era
la clase de tipo que había nacido para ser roadie de una banda de
R&R. Joan y yo nos sentábamos detrás mientras él hacía sonar
Jefferson Airplane en su cassette y un porro colgaba de algún lugar
de su barba. Nos poníamos la chupa de cuero de Joan en nuestras
narices para intentar bloquear su tóxico olor corporal. Joan me
ponía caras y yo literalmente lloraba de risa de lo ridículo de la
situación. No sabía que esperar de estar en una banda, pero la
verdad es que no era eso.
‘Dios,
tío’, dijo Joan un día que ya no pudo aguantar más. ‘Sabes…
quizás deberías usar desodorante o algo parecido’
Mire
a Joan y casi se me rompe una costilla por la risa. Me imagine que
quizás se hubiese ofendido. Pero en vez de eso, él dijo con mucha
frescura, ‘No tía… no creo en los desodorantes. ¿Sabes que el
desodorante provoca cáncer? De todos modos, el olor del cuerpo
humano es hermoso, es excitante’
Buenos,
eso fue todo. Me daba nauseas y risas al mismo tiempo. Él había
llevado todos los instrumentos y ayudo a instalarlos, así que no
podíamos quejarnos mucho.
Los
ensayos eran largos, y trabajábamos duro. Era un sueño, ya que
estábamos haciendo algo que ningún chico de la escuela estaba
haciendo. Estoy segura que, incluso David Bowie, tuvo que soportar
locales de ensayo mierdosos, con mierda de perro, y managers
chillándole en los primeros días. La escuela empezaba a ser una
distracción, y me sorprendía a mí misma soñando despierta con
contratos discográficos y conciertos empaquetados con gritos de fans
durante las horas de trabajo que pasaba en clase.
Después
del incidente en el que Sandy me arrojo sobre el capó del coche,
aprendí a mantener mi boca cerrada, e incluso me acostumbré a los
gritos de Kim. Quizás era porque no tenía una figura paternal
fuerte en casa, pero cuando me maldecía por no cantar en la línea
correcta, me sentía genuinamente fatal, y me aseguraba siempre de
hacerlo mejor la próxima vez. Lo que más me heria, más incluso que
el abuso verbal, era el sentimiento de haber defraudado a Kim. Era de
repente otra chica otra vez, intentando hacer que el único adulto de
la habitación se enorgulleciese
de mí.
Kim
tenía la manía de llamarnos perras. Éramos ‘mierda de perro’,
‘vómito de perro’, ‘meada de perro’, ‘pis de perro’. Si
no tocábamos una canción bien, éramos ‘menos que moscas sobre el
culo de un perro’. Éramos ‘las moscas revoloteando alrededor de
una mierda de perro’ Joder, tenía 15 años y no sabía hacerlo
mejor – ninguna de nosotras lo sabía. Nos imaginábamos que ese
tipo de cosas era normal cuando estas en una banda.
Joan
era el motor que conducía la composición, y cuando empezamos a
tocar canciones como ‘You Drive Me Wild’ y ‘Thunder’,
empezamos a sentir realmente que la banda tenía una química
especial. Incluso yo co-escribía algo, arrojando ideas líricas
sobre las canciones ‘Secrets’ y Dead End Justice’. Después de
unirme a la banda, Kari Krome empezó a desquiciarse. Nunca supe toda
la historia, pero escuché que Kim un día la despidió y nunca más
la volví a ver ni a oír. Incidentes como ese parecían diseñados
para que nos diésemos cuenta de que éramos reemplazables, así que
dábamos lo mejor de nosotras para no rivalizar con Kim demasiado.
Con
Kari fuera, Joan se convirtió en la principal compositora además de
Kim. Era inflexible sobre involucrarse a cualquier nivel con el
proceso, y la rutina era que Joan aparecía con una canción y Kim le
añadía algunas letras para asegurarse en el futuro los royalties.
Mirando atrás, era obvio que Joan no necesitaba a Kim para ayudarla
a escribir, pero ella era tan joven e insegura como el resto de
nosotras, y Kim nos hacía sentir a todas que le necesitábamos.
Después de todo éramos las perras afortunadas que Kim había sacado
de la cuneta para ser superestrellas. Este era el plan de Kim Fowley,
y nosotras éramos las afortunadas que él había escogido para
acompañarle en el viaje.
Todo
se escribía muy rápido, y funcionaba con el espíritu de la banda,
éramos jóvenes y estábamos cabreadas y lo queríamos todo ahora,
ahora, ¡ahora! Y la música lo reflejaba. Nuestras canciones iban
de beber, chicos, acostarse tarde, gritar ‘puta autoridad’. Puede
que fuese duro y cerca del límite, pero tenía cierta clase de
energía adolescente que no podías imitar, y aunque la banda empezó
como un concepto, rápidamente nos convertimos en una banda real.
Supongo que eso es por lo que Kim tenía que imponerse tan duramente
en el local de ensayo y en cada aspecto de nuestras vidas.
Probablemente él tenía miedo que de repente espabilásemos y nos
diésemos cuenta de que NOSOTRAS éramos las Runaways, no Kim, y como
el monstruo de Frankenstein, de repente nos volviésemos contra el
hombre que nos había cosido juntas.
‘Ok,
perras, ¡escuchen!’ nos dijo Kim una tarde, ‘vamos a tener una
visita. Él es de Mercury Records. Él es un ejecutivo y tiene el
poder de haceros famosas. Su nombre es Denny Rosencrantz y vais a
tocar para él, y vais a hacerlo bien…’ Él puso una pose,
chasqueando la lengua y subiendo la manga de su camiseta por encima
de su huesudo hombro. Por alguna razón, él pensaba que era
seductor. Pero todas pensábamos que era simplemente asqueroso.
Denny
Rosencratz tenía un aspecto muy latino, atractivo, un tipo mayor con
perilla y bronceado. La leyenda dice que estaba buscando una banda de
R&R de todo chicas porque su amigo Jimi Hendrix una vez le había
dicho, ‘Un día, las chicas van a tocar guitarras y habrá chicas y
mujeres en el R&R y van a ser jodidamente buenas’ Así que
cuando las Runaways aparecieron, él pensaba que la predicción de
Jimi se iba a hacer realidad. Cuando Kim le dejó en el local de
ensayo, con su traje a medida, parecía un poco sorprendido por el
lamentable entorno. Yo esperaba que Kim nos presentase, pero no lo
hizo. En vez de eso, se quedo allí de pie, el maestro de ceremonias,
y dijo, ‘estas son las Runaways. Ellas son el futuro del R&R…’
A
principios de ese día, Joan me dijo que era la segunda visita de
Denny al tráiler. La primera vez que vino a ver a la primera
formación de la banda el resultado fue que Kim hecho a Micki Steele
empezando de nuevo con Joan, Sandy y Lita. Escuchar cosas como esas
me ponía realmente nerviosa. Esta era una actuación decisiva.
‘Bien’,
ladró Kim, ‘no os quedéis ahí de pie con aspecto sexy. ¡Tocad,
maldita sea!’
Sandy
hizo la cuenta atrás y entramos con ‘Cherry Bomb’ Todo por la
actuación, yo miraba a cualquier sitio menos a los ojos de Denny
Rosencrantz. Cuando sonó la nota final, todas le miramos
expectantes. Denny miró a Kim y asintió con la cabeza. Estaba
sonriendo. Luego se volvió hacía nosotras y dijo, ‘Chicas - ¿Cómo
podrían hacer un disco para mí?’
Nadie
sabía que decir. ¿Un disco? Me sentía como si apenas hubiese
estado en la banda dos minutos, ¿y ahora tenía un contrato
discográfico con Mercury Records? Me sentía mareada, eufórica.
Lita resumió el estado de ánimo de la sala cuando ella dijo, ‘Joder
si, Sr. Rosencrantz, ¡queremos hacer un disco!’
