8 de septiembre de 1974.
Mi hermana gemela, Marie, y yo
parecíamos sencillas inusualmente esa noche. De hecho, parecíamos
un par de quinceañeras del Valle. Un par de vaqueros, nuestras
blusas más simples y aburridas. Sin maquillaje, sin nada, nuestro
‘plan Jane’ parecía deliberado. Esta noche era especial y la
ropa estaba cuidadosamente elegida.
Mientras nos escabullimos de la habitación, colgué la mochila casualmente sobre mi espalda, mi madre sintió el movimiento de inmediato y llamó desde la cocina, ‘chicas, ¿sois vosotras?’
‘Si, mama’, respondió Marie mientras íbamos directas a la puerta principal sin pausa, ‘somos nosotras, estamos saliendo…’
‘¿A dónde vais?’ preguntó de nuevo, sospechando.
‘¡Hacer de niñera!’ repicamos a la vez, antes de añadir, ‘¡ya te lo diremos!’
Hacer de niñera es lo que decíamos a mi madre cuando estábamos haciendo algo que sabíamos que no aprobaría. Hacer de niñera fue un código para ir a los nightclubs vistiendo de forma llamativa a bailar toda la noche. Era un código para fumar y beber cerveza Big Mouth en Mickey con los chavales del vecindario. En esa noche en particular, era un código para ir a un concierto de rock. La mentira se deslizó con facilidad por mi lengua, tiramos de la puerta y el aire turbio del Valle de San Fernando golpeo en nuestras caras, dulce con aroma a enebro y la promesa de libertad. Yo tenía quince años y se sentía como si la mentira fuese una segunda naturaleza. Ese sentimiento enfermizo que solía tener con las medias verdades o las mentiras descaradas era ahora muy suave, al menos era imperceptible. De todos modos, esa noche tenía cosas mejores en mi mente que las mentiras que le conté a mi madre para mantenerla felizmente inconsciente. Esa noche era especial: la tenía marcada en el calendario desde hacía meses. Era mi primer concierto de David Bowie, y nada en la tierra me iba a impedir estar allí.
La puerta se cerró detrás de nosotras, y nos deslizamos en la noche.
Empezamos a pasear por la manzana, por si mama estaba cotilleando por la ventana de la cocina. Después de todo, no queríamos levantar sus sospechas. Caminábamos con paso ágil como si no tuviéramos nada que esconder. Marie andaba mirando por su espalda, arrastrándose por la acera como una fugitiva a la huida.
‘Cálmate, ¿quieres?’ murmure, ‘Pareces nerviosa, mama está bien. Esta demasiado ocupada con Wolfgang y no va a sospechar nada. Solo estamos haciendo de niñeras, ¿recuerdas?’
Wolfgang era el nuevo novio de mi madre, era alemán y extremadamente pudiente. Supongo que era atractivo – para ser mayor – y siempre vestía con trajes caros a medida. Trabajaba en el Bank World y viajaba mucho. Lo que realmente sabía era que ganaba mucho dinero haciéndolo, y vivía en Indonesia. Cuando él estaba en California, ella parecía feliz. Cuando estaba fuera, ella estaba callada y un poco triste.
Yo sentía que a Wolfgang le desagradaba, pero eso estaba bien para mí. A mí no me gustaba Wolfgang porque no era mi padre, y nunca lo sería.
‘No es por mama por lo que estoy preocupada’ dijo Marie, mirando aun por su espalda con la suburbana calle vacía detrás de nosotras. ‘Es por Derek’
Puse los ojos en blanco, ‘OH, POR FAVOR, para ya de hablar de Derek’ suspiré.
Derek era un ex novio de Marie, y un asqueroso del primer curso. Marie le había estado viendo durante meses hasta que papa se fue para siempre y que ella finalmente había dejado hacía unas pocas semanas. Mama no sabía nada de Derek cuando Marie tenía citas con él y es bueno, ya que estoy segura de que ella lo habría hecho arrestar, o echado de casa a Marie de casa para siempre otra vez si se hubiese enterado de que su hija de quince años se citaba con un holgazán de veinte años. No tengo ni idea de qué coño vio Marie en Derek: él no era atractivo, no era encantador; de hecho, todo lo que se puede decir de él es que tenía coche. Marie era demasiado buena para él. Ella era una chica hermosa, y yo solía sentirme totalmente inferior a ella, a pesar del hecho de que éramos gemelas y la mayoría de la gente no podía distinguirnos…
Eso es por lo que lo de Derek me desconcertaba. Toda la idea era repugnante, y se lo recordaba a Marie cada vez que tenía la oportunidad. Cuando Marie se libró finalmente de él, yo me sentí muy feliz. El inconveniente era que desde que ella se libró de él, Derek era de todo lo que parecía que Marie podía hablar.
‘No me arruines la noche’ supliqué mientras veíamos el coche parado un poco más debajo de la manzana. ‘no quiero oír hablar de Derek, ¿vale? Vamos a divertirnos esta noche’
‘Vale’ respondió Marie sonando insegura, ‘Él me pone nerviosa, está LOCO, Cherie. No son chiquilladas, algunas veces él me asusta…creo que me ha estado siguiendo’
‘No me sorprende, Marie, ¡es un freak! ¿Porque coño salías con él? Sera mejor que no nos arruines la noche hablando de él’ Escupí la palabra como si fuese tan desagradable como si no pudiera sostenerla en mi boca. ‘Es aburrido, él apesta’ No malgastes tu aliento hablando de ese perdedor…’
En esas, Marie sonrió finalmente. Ya que nos acercábamos al coche ella finalmente concedió, ‘Esta bien, tienes razón, apesta’ Después ella sonrió. Toda la preocupación finalmente abandonó su hermosa cara.
Abrí la puerta, mi mejor amigo, Paul, estaba dentro, su cartucho de ocho pistas escupía la banda sonora de esa noche: Diamond Dogs de David Bowie. ‘¡Hey chicas!’ sonrió, ‘¡Entrad!’
Paul era nuestro conductor elegido para esa noche. Tenía diecisiete años y era hijo único, sus padres le daban todo lo que quería, incluyendo un Camaro Sport amarillo con una raya negra en el costado. Fue Paul quien nos enseñó a Bowie, el glam rock y todo eso que se había convertido en el centro de mi universo. Paul era un tío extraño e introvertido que estaba totalmente obsesionado con Bowie. Hablaba a través de sus dientes, y tenía una extraña fobia sobre comer cualquier cosa que él hubiera tocado. Cuando íbamos a un McDonalds, se comía toda la patata frita menos la parte que había tenido contacto con sus dedos. Tenía una extraña y jadeante risa que me recordaba a Muttley de Wacky Races. A pesar de todas esas singularidades, me gustaba Paul; pensaba que era adorable; raro pero lindo, Supongo que era atractivo de una forma bizarra; vestía y llevaba pintas un poco como Bowie. Además, tenía buen gusto para la música. Me habría fugado con él si me lo hubiese pedido. Nunca se le vio interesado. Sentía que había algo incomodo entre nosotros cuando me acercaba demasiado a Paul.
Incomodo era la verdadera definición de Paul. No sabía demasiado de chicos y de cómo funcionaba su cerebro, y no fue hasta años más tarde que me enteré de que él era gay. Él era uno de los tíos más guays de entonces. Lo sabía, mi mejor amigo de esa época. Hubo una época cuando Marie era mi mejor amiga, pero durante esos pocos meses yo estaba más cerca de Paul que de Marie, que había sido absorbida por el vórtice de Derek. Durante el verano habíamos empezado a separarnos lentamente: Marie estaba saliendo con su propio círculo de amigos, la mayoría de los cuales pienso que no me gustaban. Esa noche se estaba comportando como era típico en ella. Habíamos estado hablando de ir a este concierto de Bowie durante meses, y ahora era el día que finalmente llego y Marie estaba demasiado ocupada de su estúpido ex-novio para disfrutarlo.
‘Jesus’, dijo Paul mientras nos alejábamos, ‘¿Por qué frunces el ceño, Marie?’
‘¡No lo estoy haciendo!’ chillo Marie, ‘solo estoy preocupada por Derek…’
Mire con los ojos en blanco a Paul, y él gesticulo, familiarizado con la saga de Marie y Derek. Fue Paul quien nos enseñó todos los buenos clubs de L.A. Fue Paul quien nos llevó por primera vez a la Disco Inglesa de Rodney Bingenheimer, un club de Sunset Strip que fue la zona cero para el glam rock en L.A. Fue Paul quien nos llevó al Sugar Shack en North Hollywood – un club para menores de 21 años donde pinchaban la mejor música nueva, todo el maravilloso glam ingles que yo amaba: Bowie, Elton John, Sweet, Mott the Hopple…El Sugar Shack se había convertido en un hogar fuera de casa para mi en esos meses pasados, un lugar donde podía olvidarme de todos los problemas que tenía en casa desde que papa se fue, un lugar para divertirse, ponerse elegante y bailar. ¡Y Rodney! Todo el mundo en Rodney era una estrella, y el club era un club frenético de jóvenes chicos vestidos con sus ropas más sexis, sucias y extravagantes, groupies, faces de la escena glam y los tíos mayores más extraños que se congregaban para comerse con los ojos a todos los adolescentes carne de talego tambaleándose en la pista de baile con reveladores trajes y botas de plataforma de seis pulgadas. Por supuesto que ahí es donde Marie conoció a Derek.
‘No te preocupes por Derek’ dijo con sorna Paul, ‘Estará en Rodney’s como siempre’
‘Pero-‘
‘¡Cállate!’ grité. ‘Derek, Derek, Derek ¡No quiero oír su nombre nunca más esta noche!’ Nos metimos en una destartalada estación de servicio de Ventura Boulevard. El dependiente era un gordo vago con un mono lleno de grasa mordisqueando un cigarrillo apagado. Sacamos nuestras sonrisas más dulces, y preguntamos por las llaves del baño. Miró de arriba abajo y con un gruñido las arrojó sobre nosotros. La llave era pequeña, pero estaba atada a una cadena de dos por cuatro tan grande como mi brazo. Nos apresuramos a doblar la esquina y nos metimos en el baño.
El lugar era peor de lo que nos imaginábamos. El inodoro estaba repletó de toallas de papel y la taza llena hasta el borde de agua amarilla y dios sabe que más. El suelo de baldosas estaba agrietado y salpicado de charcos de pis y manchas oscuras de quien sabe qué. Alrededor de la bombilla parpadeante y desnuda moscas agitadas y arremolinadas. El espejo estaba roto y mugriento, pero eso no nos importaba: esa noche ese era nuestro camerino. Usando el minúsculo lavabo como mesa de maquillaje, empezamos nuestra transformación.
‘¡Este sitió es verdaderamente repugnante!’ se estremeció Marie, agarrando sus pantalones rojos brillante y su caja de maquillar.
Yo dije, ‘Uh, Uh’ intentando no respirar por mi nariz.
Nos quitamos nuestra ropa interior, tratando de no tocar las superficies desagradables del lugar, con buen uso para sus rutinas hasta ahora. Pedazo a pedazo la vieja Cherie empezó a desaparecer. En su lugar surgió la nueva Cherie, Cherie la reina brillante: pantalones rojos como un camión de bomberos, una camiseta con un rayo brillante purpura exaltando sobre ella, y unas botas doradas de plataforma de cinco pulgadas. Admiré mi aspecto en el espejo: estaba tan resplandeciente, tan radiante que por un instante olvidé que estaba en un asqueroso y lleno de mierda aseo público. Ya que Marie se puso su impactante pinta labios rosa, comencé el delicado proceso de pegar un hilo de diamantes de imitación en mis parpados con pegamento de pestañas. Todo prestado de la caja de maquillaje de mi madre. Cuando terminé, era perfectamente bizarra, una princesa extraterrestre aterrizada en el sur de California. No era una transformación física; también lo era mental. Cuando me vestía así, finalmente me sentía en casa dentro de mi propia piel. Ya no era la sencilla vieja Cherie Currie, la dulce chica platino del Valle nunca más; era el rollo Cherie: algo salvaje, desenfrenado y glamuroso. Era mi propia creación, algo monstruoso, misterioso y poderoso.
Cuando salimos del baño, los ojos del dependiente casi se le salen de su cabeza. Arrojamos de vuelta la llave en el mostrador con una sonrisa de superioridad. Le dejamos mirando fijamente, con la boca abierta, mientras corríamos sobre inestables tacones de vuelta al coche de Paul.
¡Excelente! Dijo mientras nos introducíamos en el coche. ‘¡Me encantan los ojos!’ Después quemando ruedas sobre el asfalto, nos introducimos en la noche de nuevo.
¡Pero no por mucho tiempo! En Lamkershim Boulevard llegamos a un punto muerto – había un mar de cromo, que se extendía en la distancia. El aire de la noche estaba vivo con el sonido de los cuernos graznando, gritando y riendo como una fiesta espontanea que empezó a tomar lugar en este tráfico enfermo improvisado. Los faros lucían hipnóticamente, subían por el cielo nocturno con un ritmo constante; la gente aguantaba en sus descapotables bailando una música que no podían oír. A medida que avanzábamos, podías sentir la electricidad creciendo en el aire como el preludio de una tormenta.
¡Debía de haber un millón de personas yendo a ese concierto! Respire con asombro. Nunca había visto una masa semejante de humanidad antes. Apenas podía creer que iba a ver a Bowie en persona. Parecía demasiado bueno para ser cierto.
‘Es el último concierto de la ciudad’ dijo Paul, ‘la mitad de esas personas ni siquiera tienen entradas. Creen que va a ser posible pillar reventa. Esto es un caos…’
Respire, y dejé que la excitación llenase todos los lugares vacíos dentro de mi mientras que aparcábamos en un parking lleno. No podía recordar haber tenido esa excitación antes - ¡mi primer concierto de rock! Esta noche todo era Bowie, mi hermoso y maravilloso David.
‘¿Sabes lo que Derek dijo de mí?’ Dijo Marie, rompiendo el hechizo de repente. La mire con mi mirada más sucia y grite, ‘no lo quiero saber’ En su lugar, subí el volumen de la radio y la voz de David Bowie empezó a sacudir el interior del coche, llenándome otra vez de buenas sensaciones…No puedo expresar en palabras lo suficientemente bien lo que David Bowie significaba para mi entonces. Con el paso de los años, Bowie llenó todos esos lugares vacíos dentro de mí, espacios que empezaban a aparecer, como agujeros de gusanos en la madera de los muebles viejos, desde el día que mi padre se levantó y se fue.
Ese día todavía era una herida fresca. A menudo rondaba por mi cabeza, preguntándome si podía haber hecho algo, decir algo que hubiese hecho que todo terminase de forma diferente.
Mientras nos escabullimos de la habitación, colgué la mochila casualmente sobre mi espalda, mi madre sintió el movimiento de inmediato y llamó desde la cocina, ‘chicas, ¿sois vosotras?’
‘Si, mama’, respondió Marie mientras íbamos directas a la puerta principal sin pausa, ‘somos nosotras, estamos saliendo…’
‘¿A dónde vais?’ preguntó de nuevo, sospechando.
‘¡Hacer de niñera!’ repicamos a la vez, antes de añadir, ‘¡ya te lo diremos!’
Hacer de niñera es lo que decíamos a mi madre cuando estábamos haciendo algo que sabíamos que no aprobaría. Hacer de niñera fue un código para ir a los nightclubs vistiendo de forma llamativa a bailar toda la noche. Era un código para fumar y beber cerveza Big Mouth en Mickey con los chavales del vecindario. En esa noche en particular, era un código para ir a un concierto de rock. La mentira se deslizó con facilidad por mi lengua, tiramos de la puerta y el aire turbio del Valle de San Fernando golpeo en nuestras caras, dulce con aroma a enebro y la promesa de libertad. Yo tenía quince años y se sentía como si la mentira fuese una segunda naturaleza. Ese sentimiento enfermizo que solía tener con las medias verdades o las mentiras descaradas era ahora muy suave, al menos era imperceptible. De todos modos, esa noche tenía cosas mejores en mi mente que las mentiras que le conté a mi madre para mantenerla felizmente inconsciente. Esa noche era especial: la tenía marcada en el calendario desde hacía meses. Era mi primer concierto de David Bowie, y nada en la tierra me iba a impedir estar allí.
La puerta se cerró detrás de nosotras, y nos deslizamos en la noche.
Empezamos a pasear por la manzana, por si mama estaba cotilleando por la ventana de la cocina. Después de todo, no queríamos levantar sus sospechas. Caminábamos con paso ágil como si no tuviéramos nada que esconder. Marie andaba mirando por su espalda, arrastrándose por la acera como una fugitiva a la huida.
‘Cálmate, ¿quieres?’ murmure, ‘Pareces nerviosa, mama está bien. Esta demasiado ocupada con Wolfgang y no va a sospechar nada. Solo estamos haciendo de niñeras, ¿recuerdas?’
Wolfgang era el nuevo novio de mi madre, era alemán y extremadamente pudiente. Supongo que era atractivo – para ser mayor – y siempre vestía con trajes caros a medida. Trabajaba en el Bank World y viajaba mucho. Lo que realmente sabía era que ganaba mucho dinero haciéndolo, y vivía en Indonesia. Cuando él estaba en California, ella parecía feliz. Cuando estaba fuera, ella estaba callada y un poco triste.
Yo sentía que a Wolfgang le desagradaba, pero eso estaba bien para mí. A mí no me gustaba Wolfgang porque no era mi padre, y nunca lo sería.
‘No es por mama por lo que estoy preocupada’ dijo Marie, mirando aun por su espalda con la suburbana calle vacía detrás de nosotras. ‘Es por Derek’
Puse los ojos en blanco, ‘OH, POR FAVOR, para ya de hablar de Derek’ suspiré.
Derek era un ex novio de Marie, y un asqueroso del primer curso. Marie le había estado viendo durante meses hasta que papa se fue para siempre y que ella finalmente había dejado hacía unas pocas semanas. Mama no sabía nada de Derek cuando Marie tenía citas con él y es bueno, ya que estoy segura de que ella lo habría hecho arrestar, o echado de casa a Marie de casa para siempre otra vez si se hubiese enterado de que su hija de quince años se citaba con un holgazán de veinte años. No tengo ni idea de qué coño vio Marie en Derek: él no era atractivo, no era encantador; de hecho, todo lo que se puede decir de él es que tenía coche. Marie era demasiado buena para él. Ella era una chica hermosa, y yo solía sentirme totalmente inferior a ella, a pesar del hecho de que éramos gemelas y la mayoría de la gente no podía distinguirnos…
Eso es por lo que lo de Derek me desconcertaba. Toda la idea era repugnante, y se lo recordaba a Marie cada vez que tenía la oportunidad. Cuando Marie se libró finalmente de él, yo me sentí muy feliz. El inconveniente era que desde que ella se libró de él, Derek era de todo lo que parecía que Marie podía hablar.
‘No me arruines la noche’ supliqué mientras veíamos el coche parado un poco más debajo de la manzana. ‘no quiero oír hablar de Derek, ¿vale? Vamos a divertirnos esta noche’
‘Vale’ respondió Marie sonando insegura, ‘Él me pone nerviosa, está LOCO, Cherie. No son chiquilladas, algunas veces él me asusta…creo que me ha estado siguiendo’
‘No me sorprende, Marie, ¡es un freak! ¿Porque coño salías con él? Sera mejor que no nos arruines la noche hablando de él’ Escupí la palabra como si fuese tan desagradable como si no pudiera sostenerla en mi boca. ‘Es aburrido, él apesta’ No malgastes tu aliento hablando de ese perdedor…’
En esas, Marie sonrió finalmente. Ya que nos acercábamos al coche ella finalmente concedió, ‘Esta bien, tienes razón, apesta’ Después ella sonrió. Toda la preocupación finalmente abandonó su hermosa cara.
Abrí la puerta, mi mejor amigo, Paul, estaba dentro, su cartucho de ocho pistas escupía la banda sonora de esa noche: Diamond Dogs de David Bowie. ‘¡Hey chicas!’ sonrió, ‘¡Entrad!’
Paul era nuestro conductor elegido para esa noche. Tenía diecisiete años y era hijo único, sus padres le daban todo lo que quería, incluyendo un Camaro Sport amarillo con una raya negra en el costado. Fue Paul quien nos enseñó a Bowie, el glam rock y todo eso que se había convertido en el centro de mi universo. Paul era un tío extraño e introvertido que estaba totalmente obsesionado con Bowie. Hablaba a través de sus dientes, y tenía una extraña fobia sobre comer cualquier cosa que él hubiera tocado. Cuando íbamos a un McDonalds, se comía toda la patata frita menos la parte que había tenido contacto con sus dedos. Tenía una extraña y jadeante risa que me recordaba a Muttley de Wacky Races. A pesar de todas esas singularidades, me gustaba Paul; pensaba que era adorable; raro pero lindo, Supongo que era atractivo de una forma bizarra; vestía y llevaba pintas un poco como Bowie. Además, tenía buen gusto para la música. Me habría fugado con él si me lo hubiese pedido. Nunca se le vio interesado. Sentía que había algo incomodo entre nosotros cuando me acercaba demasiado a Paul.
Incomodo era la verdadera definición de Paul. No sabía demasiado de chicos y de cómo funcionaba su cerebro, y no fue hasta años más tarde que me enteré de que él era gay. Él era uno de los tíos más guays de entonces. Lo sabía, mi mejor amigo de esa época. Hubo una época cuando Marie era mi mejor amiga, pero durante esos pocos meses yo estaba más cerca de Paul que de Marie, que había sido absorbida por el vórtice de Derek. Durante el verano habíamos empezado a separarnos lentamente: Marie estaba saliendo con su propio círculo de amigos, la mayoría de los cuales pienso que no me gustaban. Esa noche se estaba comportando como era típico en ella. Habíamos estado hablando de ir a este concierto de Bowie durante meses, y ahora era el día que finalmente llego y Marie estaba demasiado ocupada de su estúpido ex-novio para disfrutarlo.
‘Jesus’, dijo Paul mientras nos alejábamos, ‘¿Por qué frunces el ceño, Marie?’
‘¡No lo estoy haciendo!’ chillo Marie, ‘solo estoy preocupada por Derek…’
Mire con los ojos en blanco a Paul, y él gesticulo, familiarizado con la saga de Marie y Derek. Fue Paul quien nos enseñó todos los buenos clubs de L.A. Fue Paul quien nos llevó por primera vez a la Disco Inglesa de Rodney Bingenheimer, un club de Sunset Strip que fue la zona cero para el glam rock en L.A. Fue Paul quien nos llevó al Sugar Shack en North Hollywood – un club para menores de 21 años donde pinchaban la mejor música nueva, todo el maravilloso glam ingles que yo amaba: Bowie, Elton John, Sweet, Mott the Hopple…El Sugar Shack se había convertido en un hogar fuera de casa para mi en esos meses pasados, un lugar donde podía olvidarme de todos los problemas que tenía en casa desde que papa se fue, un lugar para divertirse, ponerse elegante y bailar. ¡Y Rodney! Todo el mundo en Rodney era una estrella, y el club era un club frenético de jóvenes chicos vestidos con sus ropas más sexis, sucias y extravagantes, groupies, faces de la escena glam y los tíos mayores más extraños que se congregaban para comerse con los ojos a todos los adolescentes carne de talego tambaleándose en la pista de baile con reveladores trajes y botas de plataforma de seis pulgadas. Por supuesto que ahí es donde Marie conoció a Derek.
‘No te preocupes por Derek’ dijo con sorna Paul, ‘Estará en Rodney’s como siempre’
‘Pero-‘
‘¡Cállate!’ grité. ‘Derek, Derek, Derek ¡No quiero oír su nombre nunca más esta noche!’ Nos metimos en una destartalada estación de servicio de Ventura Boulevard. El dependiente era un gordo vago con un mono lleno de grasa mordisqueando un cigarrillo apagado. Sacamos nuestras sonrisas más dulces, y preguntamos por las llaves del baño. Miró de arriba abajo y con un gruñido las arrojó sobre nosotros. La llave era pequeña, pero estaba atada a una cadena de dos por cuatro tan grande como mi brazo. Nos apresuramos a doblar la esquina y nos metimos en el baño.
El lugar era peor de lo que nos imaginábamos. El inodoro estaba repletó de toallas de papel y la taza llena hasta el borde de agua amarilla y dios sabe que más. El suelo de baldosas estaba agrietado y salpicado de charcos de pis y manchas oscuras de quien sabe qué. Alrededor de la bombilla parpadeante y desnuda moscas agitadas y arremolinadas. El espejo estaba roto y mugriento, pero eso no nos importaba: esa noche ese era nuestro camerino. Usando el minúsculo lavabo como mesa de maquillaje, empezamos nuestra transformación.
‘¡Este sitió es verdaderamente repugnante!’ se estremeció Marie, agarrando sus pantalones rojos brillante y su caja de maquillar.
Yo dije, ‘Uh, Uh’ intentando no respirar por mi nariz.
Nos quitamos nuestra ropa interior, tratando de no tocar las superficies desagradables del lugar, con buen uso para sus rutinas hasta ahora. Pedazo a pedazo la vieja Cherie empezó a desaparecer. En su lugar surgió la nueva Cherie, Cherie la reina brillante: pantalones rojos como un camión de bomberos, una camiseta con un rayo brillante purpura exaltando sobre ella, y unas botas doradas de plataforma de cinco pulgadas. Admiré mi aspecto en el espejo: estaba tan resplandeciente, tan radiante que por un instante olvidé que estaba en un asqueroso y lleno de mierda aseo público. Ya que Marie se puso su impactante pinta labios rosa, comencé el delicado proceso de pegar un hilo de diamantes de imitación en mis parpados con pegamento de pestañas. Todo prestado de la caja de maquillaje de mi madre. Cuando terminé, era perfectamente bizarra, una princesa extraterrestre aterrizada en el sur de California. No era una transformación física; también lo era mental. Cuando me vestía así, finalmente me sentía en casa dentro de mi propia piel. Ya no era la sencilla vieja Cherie Currie, la dulce chica platino del Valle nunca más; era el rollo Cherie: algo salvaje, desenfrenado y glamuroso. Era mi propia creación, algo monstruoso, misterioso y poderoso.
Cuando salimos del baño, los ojos del dependiente casi se le salen de su cabeza. Arrojamos de vuelta la llave en el mostrador con una sonrisa de superioridad. Le dejamos mirando fijamente, con la boca abierta, mientras corríamos sobre inestables tacones de vuelta al coche de Paul.
¡Excelente! Dijo mientras nos introducíamos en el coche. ‘¡Me encantan los ojos!’ Después quemando ruedas sobre el asfalto, nos introducimos en la noche de nuevo.
¡Pero no por mucho tiempo! En Lamkershim Boulevard llegamos a un punto muerto – había un mar de cromo, que se extendía en la distancia. El aire de la noche estaba vivo con el sonido de los cuernos graznando, gritando y riendo como una fiesta espontanea que empezó a tomar lugar en este tráfico enfermo improvisado. Los faros lucían hipnóticamente, subían por el cielo nocturno con un ritmo constante; la gente aguantaba en sus descapotables bailando una música que no podían oír. A medida que avanzábamos, podías sentir la electricidad creciendo en el aire como el preludio de una tormenta.
¡Debía de haber un millón de personas yendo a ese concierto! Respire con asombro. Nunca había visto una masa semejante de humanidad antes. Apenas podía creer que iba a ver a Bowie en persona. Parecía demasiado bueno para ser cierto.
‘Es el último concierto de la ciudad’ dijo Paul, ‘la mitad de esas personas ni siquiera tienen entradas. Creen que va a ser posible pillar reventa. Esto es un caos…’
Respire, y dejé que la excitación llenase todos los lugares vacíos dentro de mi mientras que aparcábamos en un parking lleno. No podía recordar haber tenido esa excitación antes - ¡mi primer concierto de rock! Esta noche todo era Bowie, mi hermoso y maravilloso David.
‘¿Sabes lo que Derek dijo de mí?’ Dijo Marie, rompiendo el hechizo de repente. La mire con mi mirada más sucia y grite, ‘no lo quiero saber’ En su lugar, subí el volumen de la radio y la voz de David Bowie empezó a sacudir el interior del coche, llenándome otra vez de buenas sensaciones…No puedo expresar en palabras lo suficientemente bien lo que David Bowie significaba para mi entonces. Con el paso de los años, Bowie llenó todos esos lugares vacíos dentro de mí, espacios que empezaban a aparecer, como agujeros de gusanos en la madera de los muebles viejos, desde el día que mi padre se levantó y se fue.
Ese día todavía era una herida fresca. A menudo rondaba por mi cabeza, preguntándome si podía haber hecho algo, decir algo que hubiese hecho que todo terminase de forma diferente.
Tenía doce años. Me levante la primera esa mañana, helada hasta los huesos por el aire acondicionado, mi estómago revuelto por el temor y la excitación. Hoy era un día especial... ¡hoy es el día que papa regresa a casa!
Me asomé por debajo de las mantas y miré al cuarto de baño. La ropa amontonada en el suelo, los discos cubrían cada superficie disponible. La habitación estaba tan mal que mama ya no entraba jamás. Quizás tenía miedo de que el desorden la comiese viva. Por la habitación, Marie estaba somnolienta, muerta para el mundo. Siempre dormía en silencio, sin roncar ni hablar dormida, como una pequeña princesa. Todo lo hacía así. Ella duerme y come delicadamente. Ella es muy perfecta. Estoy segura de que cuando yo duermo ronco, hablo o hago cualquier cosa que sea horrorosa o vergonzosa. A pesar del hecho de que todo el mundo decía que éramos iguales, realmente no lo éramos… La cara de Marie es más llena que la mía; más linda también. Deseaba que mi cara se pareciese a la suya. La gente nos confundía todo el rato, pero no entiendo cómo. Me siento como la hermanastra, la imagen del espejo de la pequeña chica perfecta que es mi gemela.
Marie parpadeó despierta y se dio cuenta que la estaba mirando. Esto no la perturbó en absoluto; ella estaba acostumbrada a despertar y verme mirándola con una extraña mezcla de envidia y adoración. Miró hacía atrás sin decir nada. Después de darse cuenta del aire acondicionado dijo, ‘me siento como un oso polar’ y las dos nos reímos.
Mama estaba en la cocina, tomando café. Afuera, el calor siempre era sofocante. Entonces vivíamos en Encino, que es como decir el Valle. El Valle siempre estaba diez grados por encima del resto de Los Ángeles. Mire a mama y me pregunte si estaría pensando en papa. Me asombre de lo que ella dijo cuando atravesó la puerta. Me pregunte que es lo que ella le decía cuando ellos hacían las paces.
Me hice un zumo de naranja y me senté a ver a mi madre leer el periódico. Cambiaba la cara cada vez que leía sobre algo horrendo. Eran las 9 y media de la mañana, y su pelo platino estaba perfectamente peinado, su maquillaje impecable. En esa época, mi madre era la persona más glamurosa que había conocido. Me recordaba a Marilyn Monroe con una pequeña mezcla con Lucille Ball.
Mi madre vino a Hollywood desde Illinois cuando tenía 18 años para ser actriz. Con el permiso de sus padres, una amiga y ella fueron a California y alquilaron un pequeño apartamento de una habitación en Hollywood con una cama abatible por 37 pavos al mes. Encontró un trabajo en un Burger Shack, llevando bandejas repletas de hamburguesas, patatas fritas y batidos de chocolate a los clientes aparcados en Ford’s modelos A y Chryslers afuera. Todo el tiempo estuvo esperando para su gran ruptura. Mi madre era rubia, hermosa y con determinación: a veces se pagaba sus gastos en la escuela de arte dramático gracias a trabajar con vendedora de tabaco en after hours de Hollywood. Me acuerdo de que me contó que una vez Orson Welles le dio 10 dólares de propina por un paquete de Camel. La apariencia y la valentía de mi madre le daban a veces papeles en películas. Tenía contrato con Republic Pictures y trabajó con Roy Rogers y las hermanas Andrews. Encontró que era particularmente hábil para interpretar a la rubia tonta. Eso fue hace tiempo. Mama no actuó nunca más, pero cada mañana se vestía como si fuese a una prueba para un papel.
‘¿Cuándo va a estar papa?’ le pregunté.
Ella tomo un sorbo de café y suspiró, ‘No lo sabe, puede que pase tiempo. Ya conoces a tu padre…’
Eso es todo lo que pude sacarle. Mama no hablaba mucho de papa desde que anunció que se separaban. Los meses anteriores a la separación fueron insoportables. Sus peleas – a las que nunca nos acostumbramos – eran intensas y desgarradoras. Recuerdo ver a mi padre agarrar las muñecas de mi madre ya que ellos peleaban en el porche, en un desesperado intento de parar sus golpes. Y las sollozantes llamadas telefónicas de mi madre resonando en los pasillos. ‘¡Lo pille allí!, en el hotel… con… ¡con esa fulana!
El primer marido de mama era un maltratador alcohólico llamado Bill. Tuvieron una hija, mi hermana mayor Sandie. Mama nos dijo que una vez Bill la persiguió alrededor de la cama durante una de sus borracheras y le plantó un cigarrillo en su frente. Todo esto con mi madre abrazando fuertemente a Sandie atemorizada. Después de eso, mama le abandono y regreso a Illinois un tiempo, antes de volver a su carrera en Hollywood. Conoció a mi padre en el restaurante Cock and Bull de Sunset Boulevard, que era bastante famoso por su anuncio en esos días. Mi futuro padre, Don Currie, trabajaba allí como camarero y mama a veces nos contaba la historia de la primera vez que se vieron. Mama estaba bien vestida, venía de una entrevista, y se sentó en el bar con unos amigos. Uno de los otros camareros le dio un codazo a mi padre y asintió con la cabeza hacía Joan Crawford, que estaba entrando en el local, comentando ‘¡Ahora es cuando hay una mujer hermosa!’ Mi padre fijó su profunda mirada azul en mi madre y dijo ‘yo pienso que la mujer más bonita esta justo enfrente de mi…’ Fue amor a primera vista, dijo mi madre. No hay duda en ello, mi madre amaba de verdad a mi padre y él la amaba a ella también. Esa es la razón por lo que la separación fue tan dura para todo el mundo.
‘¿Qué significa separación?’ preguntaba mi hermano pequeño, Donnie, después de que mama y papa lo anunciaran. Marie puso mala cara y dijo, ‘¡significa que se van a divorciar, Dumbo!’ Dumbo era el nombre que usábamos con Donnie cuando nos enfadábamos con él, a causa de sus orejas, las cuales sobresalían de su cabeza. Él se sonrojó cuando Marie dijo esto. Después de todo, ¿qué chico no sería consciente de sus orejas cuando sus hermanas mayores le llamaban ‘Dumbo’ y su madre le hacía dormir con un extraño turbante envuelto en su cabeza en un esfuerzo para que se aplanen?
Marie y yo no teníamos mucha paciencia con Donnie, aunque él estaba bien para ser un hermano. Él la miraba con grandes ojos de incomprensión. Con una maldición, Marie salió furiosa de la habitación. Me miró buscando respuestas, pero no las tenía.
Y entonces, papa se fue. Nos fuimos a vivir con la abuela y la tía Evie, a 10 millas de Reseda. Al principio, pretendía que solo fuese un viaje, pero a medida que las semanas se prolongaban, su ausencia empezó a hacerme daño, tan dolorosamente como si hubiese perdido físicamente un pedazo de mí misma. Mama rechazaba incluso nombrar el nombre de papa después de que el se fue, pero Marie y yo podíamos hablar de lo mucho que le echábamos de menos. Mama lo llevaba como si nunca hubiera estado allí. Todos llorábamos por ello, por la noche en la cama, cuando mama no podía oírnos, pero eso no ayudaba. Las lágrimas me hacían sentir más vacía y solitaria que antes.
En nuestra familia, mi madre impartía la disciplina. O como mi padre solía decir: ‘Le gusta llevar los pantalones en casa’ Por supuesto que a mi padre le gustaba eso, y yo en secreto estaba convencida que fue una gran contribución para su separación.
Nunca tuvimos lo que podrías llamar una relación tradicional madre-hija. Nunca vi películas con mi madre o hice nada que otras chicas de la escuela parecían hacer con sus madres. Mi madre trabajaba todo el tiempo, así que nosotros tres solíamos salir a nuestro rollo. Nunca le hable a mi madre de mi primera regla o discutido cualquiera de las extrañas o vergonzosas cosas que le ocurren en la pubertad a una chica joven. Sandie fue la única que nos ayudó con todo eso. Mi madre estaba demasiado ocupada trabajando para poner comida en la mesa. De todos modos, mi madre no estaba cómoda hablando de ‘cosas como esas’ y yo siempre me sentí demasiado avergonzada para sacar el tema. Como resultado, a pesar de haber crecido en su casa, no creo que mi madre y yo nos conociésemos. Al menos no hasta mucho más tarde, cuando pudimos hablarnos como mujeres adultas. Como adolescente, era un misterio para mi madre. Ella estaba totalmente absorta en su trabajo: llevando una exitosa tienda de ropa llamada Donna-Rie Shop. Después de que mi padre se fuese, mi madre tuvo que mantener a tres chicos y se volvió incluso más irritable y distante que antes. Ahora puedo entender porque ella actuaba así, pero en esa época me llenaba de confusión y resentimiento. Todo lo que siempre quise es que mi madre estuviese orgullosa, nunca me sentí como si sumara o fuese suficientemente buena. Supongo que la mayoría de los chavales se sienten así en uno u otro momento. Cuando mi padre se fue de casa, mi mundo se derrumbó, literalmente. Mi padre era el protector, el único que dormía con un arma debajo del colchón, el último que siempre te aseguraba que nadie vendría a hacerte daño. Con papa fuera, sentíamos miedo, como si no hubiera nadie para defendernos. La familia se desmoronó.
Pero entonces, un día, en respuesta a mis oraciones hubo noticias de que papa regresaba, para hablar. Yo decidí que esto solo podía significar una cosa: habían entrado en razón e iban a regresar juntos.
Le di un sorbo a mi zumo de naranja, y busqué pruebas en mi madre. Pero ella era inescrutable, absorta por los últimos horrores urbanos servidos por los periódicos. Mire por la ventana, y observe que el cielo estaba azul – perfecto, raso, azul infinito. Así que supe que todo iba a ir bien.
Después de todo, supuse, que las cosas malas no pueden suceder en días calurosos, despejados y soleados como hoy.
‘¡Da-vid!’ ‘¡Da-vid!’ ‘¡Da-vid!’ ‘¡Da-vid!’
Dentro del Universal Amphitheater, el público se estaba poniendo inquieto, y los fans estaban cantando más y más alto, los gritos y silbidos se acumulaban en un sector de la sala para luego desvanecerse, el ruido crecía en otro lugar. El aire estaba caliente, húmedo e intoxicado. El aroma intenso y dulce de la marihuana colgaba del aire pegajoso…
‘¡Da-vid!’ ‘¡Da-vid!’ ‘¡Da-vid!’
La excitación era mucha. Podía sentir mi corazón golpear contra mi caja torácica, y tuve la idea de que podría abrirse de golpe. No podía limpiar la grande y estúpida sonrisa de mi cara. Cuando se apagaron las luces, y el rugido de la audiencia era ensordecedor…En la oscuridad, pude ver un mar de caras y luces rebotando en un mar brillante cómo algún tipo de caleidoscopio mareante. Lo siguiente para mí fue un colgado con un traje espacial plateado, todo el traje de Ziggy Stardust, y botas de locura con peces vivos nadando en suelas de plataforma de cristal. El escenario parecía como si hubiese algún tipo de ciudad extraña futurista con sangre cayendo desde lo alto de los edificios. Mis ojos estaban a punto de salir de mi cabeza: ¡No había visto nada como eso antes! El equipo era excelente, cargado con humo, y había figuras oscuras bailando como arañas en la oscuridad. La banda estaba en algún lugar del escenario; los pude escuchar tocar sus instrumentos, confuso, un numero impreciso. Escanee el escenario buscando a David Bowie, pero estaba en algún lugar que no se veía. Yo estaba gritando, aun sin darme cuenta de ello. Luego, cuando las luces se atenuaron, comenzó el tintineo de las campanas…Conocía esa música personalmente, había puesto el LP casi hasta que se desgastaron los surcos…Era ‘1984’ Por todos lados, figuras retorcidas y sudorosas empujaban contra mí bailando, gritando, animando…
Después apareció una silueta detrás de las cortinas y todo el mundo se volvió loco porque sabíamos que era Bowie. Se puso en posición, y el público perdió la cabeza. Abrió sus piernas, agachándose…y después, mientras mi boca permanecía abierta, se rompieron las cortinas en pedazos y David Bowie saltó hacía el escenario.
Yo estaba en shock – tanto que deje de gritar por un instante. ¡Ese no era el David Bowie de la portada de Diamond Dogs! Ese no era Ziggy Stardust, o Aladin Sane…ese era un David Bowie totalmente diferente. Iba vestido con un traje zoot beige, con tirantes, y su pelo rojo fuego resbalaba hacía atrás. Estaba alejado de los leotardos y plataformas que yo me había imaginado. Incluso la banda era distinta – Spiders From Mars se había sustituido por un tipo de traje con espíritu de mutante de la era espacial. Parecía Soul Train, repensado en marcianos travestidos. Por supuesto que él no era lo que me esperaba, me di cuenta. ¡Él NUNCA era lo que nadie se esperaba!
Observe ese imposible príncipe alíen delgado y pálido cantándome a mí. No era un vinilo, estaba realmente allí…justo enfrente de mi cara, ese extraño hombre hermoso e hipnótico me estaba cantando a mí, y aunque no podía expresarlo en palabras, instintivamente sabía que lo que estaba experimentando era algo religioso, algo profundo. El público parecía moverse como un solo ser, empujando al frente, una marea de energía adolescente y aunque había escuchado las letras salir de la boca de Bowie un millón de veces sentía como si las estuviera escuchando por primera vez, cada línea subía por el repleto anfiteatro y caía sobre mi como una ducha de meteoros.
El calor y la frustración, la alienación y la soledad, la lujuria y la ansiedad y la alegría parecía como si se hubiesen construido dentro de mi durante años, y de repente era insoportable, como si fuese demasiada presión y me sentía como una bomba preparada para explotar, y solo David Bowie sabía cómo me sentía. Sus palabras expresaban que lo que había dentro de mí era mejor de lo que siempre pudo haber. La insoportable energía adolescente cocida a fuego lento dentro de mí de repente se encendió. Me di cuenta de que debía entrar en erupción, explotando como las viejas fotos que te mostraban de la bomba atómica, ¡solo explotar! Salí de ese concierto con una erupción de brillantina y furia…
Alrededor mío todos eran chavales de Bowie… Hijos bastardos de Ziggy Stardust, los chicos que sabían que David Bowie era la criatura de plástico-profundo más hermosa del planeta. No eran los estúpidos de la escuela que ironizaban con que Bowie era un ‘marica’ o demasiado ‘raro’…El lugar estaba repleto de chavales que se sentían como yo, que también sentían que habían caído a la tierra. Gritábamos por él…gritando, cantando y bailando por toda nuestra rabia, frustración y diversión.
Cuando acabó la canción, las luces se apagaron. Y por una fracción de segundo, antes de que el lugar brotase con una erupción de histeria, pareció haber un instante de impactante silencio.
Por ese momento, yo estaba en algún lugar. En algún profundo lugar. Lo que estaba presenciando esa noche era algo parecido a una revelación.
Regrese a casa y mi hermana y yo estábamos viendo a Donnie saltar a bomba en la piscina, cuando sonó el timbre y todos miramos. ¿Puede que sea papa? Estaba de pie al filo del trampolín, a punto de saltar, y de repente no podía moverme. El timbre sonó de nuevo. ¿Tenía llave, o no la tenía? Si era papa, ¿Por qué tocaba el timbre? Después me golpeó una reflexión: toca el timbre porque lleva sus maletas y necesita nuestra ayuda. ¡Papa regresa de verdad a casa!
Mi padre era el hombre más atractivo y hermoso que había conocido. Antes de conocer a mi madre, él era un paracaidista marine, un sargento de artillería. Muy condecorado por sus servicios en alguna de las más traicioneras campañas japonesas de la II Guerra Mundial. Don Currie era un hombre atractivo y delgado con una tranquila voz al estilo de Dean Martin. Su voz era tan buena que Larry Crosby quería haberla grabado, aunque mi padre nunca lo persiguió. Papa era un tipo feliz, amante de la diversión y genial con nosotros sus hijos. También era exitoso con las damas. Mi madre nos contó que cuando tenían una cita, ella le descontaría 500 dólares cada vez que ella le pillara citándose con otra mujer. Cuando se casaron, tenían ahorrado lo suficiente de las indiscreciones de mi padre para amueblar su primer apartamento.
Había también un lado oscuro en mi padre. Sus experiencias durante la guerra le habían causado grandes traumatismos, y a veces recuerdo, cuando nos contaba sus historias de guerra, que sus ojos parecían ponerse más azul, con una mirada lejana que parecía llevarte allí. Recuerdo que nos hablaba de un viejo amigo que pillo la sífilis durante la guerra, y que se volvió seriamente depresivo. Lo suficiente para que el resto de la unidad le cogiesen su pistola y escondiesen sus propias armas, temerosos de lo que pudiera hacer. Una mañana se despertó mi padre y su arma había desaparecido. Se temió lo peor de inmediato, corrió por los barracones buscando a su amigo. Le encontró en las letrinas, parado muy quieto, con el arma de mi padre al lado. Cuando papa cuenta su historia, hacía una pausa, estirando el brazo hacía su vaso de bourbon con agua y hielo, y tomaba un trago largo. Estaba extrañamente a gusto cuando hablaba de la guerra, envuelto en su memoria como si tuviera puesto un viejo abrigo confortable. Nos contó que lo último que dijo cuando su amigo llevó su arma a la cabeza fue ‘¡No lo hagas!’ Y luego, con un flash del arma, el amigo de mi padre se voló la cabeza.
‘Él se quedó allí de pie’ decía mi padre con una voz que de repente se hizo débil. ‘Solo se quedó allí con la pistola quieta, y su cabeza se fue de forma limpia. Después su cuerpo se sentó tranquilamente en un banco. Luego se cayó al suelo. Mi arma todavía estaba en su mano’
Mi padre era bebedor. Bebedor social – mis padres hacían unas fiestas increíbles, donde escuchaban a Dean Martin o a Mills Brothers cantando ‘Shine, little glow-worm, glimmer, glimmer, Shine, little glow-worm, glimmer’ y papa estaba detrás de la barra del bar que hicieron en la sala familiar, haciendo cocteles, contando historias, e interpretando al genial anfitrión. Pero otras veces él bebía solo, y su cara parecía de algún modo más vieja. Sus ojos se volvían distantes, perdido en su memoria. Cuando le veía así, le preguntaba ‘¿Estas bien, papa?’ regresaba a la realidad, me sonreía, y decía ‘lo estoy haciendo bien, gatita, me siento como un tigre’ Mi padre fue un héroe de la guerra, y ahora siento a veces que era incapaz de adaptarse al papel de hombre común. Podía ver que había alguna insondable tristeza en el corazón de mi padre, algo muy profundo y oscuro que ninguna niña como yo podía comprender.
‘¡Papa!’
Corrimos, sudando, a través de la madriguera hacía la puerta. Mama era la que siempre abría la puerta, y allí, con el sol cayendo detrás de él, era papa. Donnie pasó por delante de nosotros, y saltó a sus brazos, todavía goteando, y papa sonriendo dejó las maletas en el suelo para poder cogerle. De repente estábamos todos encima de él, hablándole a la vez, de todo lo que había ocurrido en las cuatro semanas que habían pasado desde que él se fue. ‘Marie y yo hemos empezado séptimo grado’. ‘Se han mudado vecinos nuevos a la puerta de al lado’. He aprendido a hacer volteretas en la piscina’ Papa se reía y agitando su cabeza intentaba escuchar. Pero había mucho a lo que atender…Donnie estaba preguntando ‘¿Quieres beber algo, Papa, ¿estas sediento?’
‘¿Estas hambriento?’ interrumpió Marie, ‘¡tenemos barbacoa!’
Yo estaba tirando de la manga de mi padre. ‘¿Quieres darte un baño? ¡Te refrescara!’
Papa no podía responder, solo sonreía y nos besaba, felizmente agobiado por toda la conmoción. Nos miraba como si nunca quisiera apartar los ojos de nosotros nunca más. Dio un paso adentro y yo dije ‘¡Cogeré tus maletas, papa!’
‘¿Puedes con ellas, gatita?’ ‘¡Claro!’
Me agache, cogí sus gruesos asideros de cuero y me prepare para el peso de las pesadas maletas.
Solo que algo iba mal, Cuando las cogí se levantaron fácilmente. Demasiado fácil. Empecé a llevarlas hacia la habitación de mis padres, y a cada paso parecían más y más livianas. Un sentimiento de vacío empezó a crecer en mi estómago y me di cuenta de algo terrible. Algo que me hizo desear no haberme levantado esa mañana. Algo más terrible que cualquier otra cosa que había sucedido desde que papa se fue hace un mes.
Me di cuenta de que las maletas estaban vacías. No eran para traer las cosas a casa. Eran para llevárselas.
En la habitación, las deje en silencio sobre el suelo. Camine hacía el armario de papa y lo abrí: se veía disperso. Papa se había llevado muchas cosas cuando se fue hace un mes. Puse mis manos sobre las ropas que quedaban – las camisas, los pantalones de vestir y las chaquetas deportivas de mi padre. Tomé las mangas de una de ellas con mi mano, las puse sobre mi cara. Respire, profundamente. Olían al Old Spice de mi padre. Una sensación dulce-dolorosa se apoderó de mí. Esperé silenciosamente que dejase su chaqueta allí. Escuche algo detrás de mí y me giré, con miedo de que me pillase husmeando, pero era Marie.
Estaba de pie frente a la puerta, mirándome en silencio. Su cara era una mezcla de confusión y dolor. Siempre supo que yo lo sabía, de esa extraña forma en que los gemelos pueden meterse en los pensamientos del otro. Finalmente ella dijo, ‘¿Qué crees que se llevara esta vez?’
Me impactó ligeramente en mi mente.
‘¿Crees que se llevara su ropa?’ Preguntó Marie, avanzando hacia mí. ‘¿O los muebles?, ¿Quizás incluso el coche?’
De repente, llena de furia auto-justidficada grité, ‘¿Eso es todo lo que te importa?, ¿el estúpido coche?’
Marie parecía herida y enseguida me sentí mal porque yo sabía que no era Marie, era yo la que estaba enojada. Estaba enojada y temerosa, y necesitaba descargar. Marie resultó ser la única que estaba allí.
‘¡No!’, dijo de repente ruborizándose. Luego añadió con una vocecilla. ‘Todo lo que quiero decir es sí que solo coge su ropa…lo que quiero decir es que probablemente regrese alguna vez. Eso es todo’
Esquivé su mirada y dije ‘Tiene dos maletas. ¿Crees que se va a llevar los muebles, genia?’
‘Lo se’, dijo Marie, aproximándose a centímetros de mí. Sentía su presencia cerca de mí, nuestros cuerpos casi tocándose. No me gire para mirarla. ‘¿Así que eso es bueno, ¿no? Quiero decir, no es como si hubiera aparecido con un camión de mudanzas. Si lo tuviese, sabrías que son malas noticias. Pero, él no se iría de esa forma. ¿esta es su casa! ¿su piscina! Los muebles son…el negocio también. La gente no deja todas esas cosas, ¿no crees?’
Me encogí de hombros, pero ella siguió adelante.
‘No, si solo toma su ropa, significa que tiene que regresar’
Marie estaba intentando parecer fuerte y con decisión, pero cada frase que salía de su boca sonaba a duda. Suspiré, pensé para mí misma, la gente se levanta y se va…Él siempre lo hacía así, ¿Qué había de diferente esta vez? A cambio dije, ‘Tienes razón veamos que se lleva’
Cuando papa se metió en la habitación a empaquetar, puso su vaso sobre el tocador sin posa vasos. Le iba a decir algo, ya que mama odiaba cuando él hacía eso, pero me detuve dándome cuenta de que realmente no me importaba. Observe como se apoyaba ahí, medio lleno de whisky escoces aguado con un hielo derretido, la condensación descendía por el exterior, se formó una mancha de agua en la madera. Mama siempre se quejó de que papa debería usar posa vasos, y papa siempre le decía que se olvidaba. Había pequeñas manchas de agua de los vasos de mi padre por toda la casa. Pequeños souvenirs suyos. Pequeños rastros de lo que una vez fue.
Lentamente, mi padre tomó su ropa de las perchas. Luego paró, y se giró hacía mí.
‘No tienes que verlo, gatita’ dijo, ‘¿Por qué no sales a jugar en la piscina?’
Sacudí mi cabeza, ‘no quiero ir a la piscina, he estado allí todo el día, quiero estar aquí contigo’ No sabía dónde estaba mi madre. Podía oír a Donnie gritar y chapotear en la piscina, ajeno a todo lo que estaba sucediendo. Marie estaba en nuestra habitación, molesta, intentando ver la TV. Papa guardo su chaqueta, la única que olía como él. Lo hizo rápidamente, y yo observe lo rápido que dos maletas engullían todo lo que colgaba del armario. Empecé a sentir un irracional odio a esas estúpidas maletas. Tomaba solo su ropa. Incluso aunque Marie decía que eso era bueno, tenía malas sensaciones con todo eso. Me sentía mal en lo profundo de mi estómago. Tratando de ignorarlo dije, ‘¿Vendrás a vernos pronto? Quiero decir…¿Te veremos los fines de semana? ¿Qué hay del próximo fin de semana?
Cuando mi padre me miró, me asuste porque parecía diferente. Parecía viejo, cansado y triste. Sus ojos enrojecidos y su cara arrugada de dolor y preocupación. Normalmente mi padre parecía atractivo, incluso más joven que los otros padres de mi instituto, pero hoy parecía vaciado, agotado. Como si le hubiesen caído 20 años más. Esa misma mirada que se le ponía cuando se sentaba en su silla, silenciosamente taciturno en dios sabe que terribles recuerdos de la guerra. Se volvió de nuevo, agarro el escoces. Dio un sorbo largo, cambio la marca de agua. Apenas mirándome, dijo ‘gatita…supongo que os contara vuestra madre…’
En el momento en que dijo eso yo quise llorar, porque sabía lo que pasaba. Cuando decía eso, significaban malas noticias. No solo eran malas noticias, era el tipo de malas noticias que te cambian la vida con la fuerza de una explosión atómica. ‘Supongo que mama os contará…el abuelo a muerto’ o ‘supongo que mama os contará…nos vamos a divorciar’
Esta vez era único, duro, y por un instante pensé que debía haberlo oído mal, o que era algún tipo de mal sueño, y yo todavía estaba escondida en mi habitación, retorciéndome y agitada en un agitado sueño.
‘Supongo que vuestra madre os lo dirá’ dijo esta vez, ‘me mudo a Texas’
De pie, boquiabierta sin poder soltar una palabra. Sentí el rubor en mi cara, y una oleada de nauseas me atravesó. Sentía lo que una chica de doce años no debería sentir. Intente graznar la palabra ‘¿Texas?’ hacía él. Quiero decir… la casa de la tía Evie parecía estar lejos. Pero ¿Texas? ¿Como en el Álamo y esas cosas de cowboys? ¿Cómo a miles de millas? ¿TEXAS?
‘Voy a montar un negocio’, dijo mi padre, como si algo así fuese la cosa más racional del mundo. ‘Voy a hacer un negocio de cintas de 8 pistas. Hay dinero ahí. Creo que tienen mucho futuro…’
¿Qué era lo que Marie dijo? La gente no abandona sus casas, ¡ni sus negocios!
‘¿Qué pasa con la tienda de ropa?’ tartamudee, maldiciéndome por no decir lo que de verdad quería decir ‘¿Qué pasa con NOSOTRAS?’
‘Tu madre puede manejar la tienda bien sin mí. Ya la conoces… ella siempre es la que quiere llevar los pantalones en la familia. Ya sabes que no me gustan ese tipo de noticias, gatita’ Su voz tenía dureza y goteaba con resentimiento cuando dijo lo siguiente: ‘No quiero hablar mal de tu madre, gatita… pero supongo que tiene ahora lo quiso todo el tiempo’
Abrí mi boca, y la cerré de nuevo. Me di cuenta de que ya no había más que decirle a mi padre. Finalmente estábamos más allá de las palabras. Había venido a recolectar sus pertenencias, y ahora se iba y se mudaba a Texas y no había nada en el mundo que pudiera hacer. Lo supe cuando el apareció hoy con esas maletas vacías. El divorcio estaba en marcha, no había marcha atrás. Seguro, serían meses antes de que el papeleo se resolviese, pero a todos los efectos, cuando mi padre salió de casa con las maletas llenas de ropa, solo dejó un armario vacío y alguna mancha de agua para recordarnos que él siempre estuvo allí, el divorcio sería el final. Dentro yo estaba gritando. Podía sentir las lágrimas brotando dentro de mí, pero sin embargo no salían por mis ojos.
‘No es el fin del mundo, gatita’ dijo débilmente. Yo quería gritarle. Quería gritar eso que era PEOR que el fin del mundo. Mucho peor. Si el mundo se acabase justo ahora, yo estaría conforme. Un gran BOOM y todo se acabó. ¿Pero esto? ¡Nos iba a hacer daño el resto de nuestras vidas!
Mi padre continúo empacando, inseguro e inestable, abriendo cajones y cerrándolos de forma distraída sin sacar nada. ‘Gatita’ dijo con resignación, ‘por favor, sal a jugar…’ Silenciosamente me di la vuelta y salí de la habitación en shock. En la habitación, Marie estaba viendo la TV con el sonido quitado. Sabía que había escuchado cada palabra de mi padre. Su cara estaba fría, blanca.
¡Estúpida Texas! Dijo ella finalmente, con voz temblorosa. ‘¡Todo esto apesta! ¡No se debería permitir el divorcio! Después salió furiosa de la habitación, cerrando la puerta de golpe detrás de ella.
Camine despacio hacia la ventana. El cielo todavía estaba perfecto. Era otro día soleado en el sur de California. Dejabas de notar la climatología después de un tiempo. Incluso la perfección puede ser rutina. Hoy debería haber nevado. O llovido. Debería haber relámpagos, y truenos retumbando o granizos del tamaño de pelotas de golf golpeando contra los cristales. Pero no había nada de eso. Solo había luz solar y ese terrible e interminable cielo.
A la hora y media, mi padre se había ido. Incluso Donnie lo sabía ahora, aunque probablemente él no captaba la enormidad de lo que estaba sucediendo. Mi padre nos abrazó a todos a la vez, y lloramos juntos. Cuando se me acercó, podía oler su after shave, y podía sentir la humedad en sus mejillas. La única vez que vi lágrimas en la cara de mi padre fue cuando tenía 4 años, el día que el abuelo murió. Ahora intentaba decir adiós, pero le salió un sollozo de asfixia. Nos abrazamos a él, intentando evitar que se fuese. Nos aferramos a él. Nos arrastramos a la puerta, teniendo que quitar las manos de él, lágrimas en sus ojos. Finalmente tuvo que llamar a mama y decir, ‘Marie, ¿puedes ayudarme, por favor? Nos aferramos a él, gritando, llorando y suplicando a papa que no se fuese. Mama apareció y empezó a arrancar nuestras manos de él. Nos dio una última mirada larga y triste y desapareció. La puerta se cerró detrás de él, con terrible golpe.
Al alejarme de la puerta, me di cuenta de un espacio en la pared en la que solía haber una foto suya. Una foto nuestra con él. Además de la ropa, eso fue lo único que se llevó con él. Me di cuenta de lo mal que estaba Marie. Solo se llevó su ropa, no porque fuese a regresar, sino porque quería dejarlo todo exactamente igual para nosotros. No quería que nada desapareciese de nuestras vidas. Nada, así es, solo él.
Esa noche me eche en la cama, las lágrimas frías en mis mejillas, con unos cascos escuchando mi música. Las guitarras se arremolinaban y caían en cascada sobre mi cabeza. Intentaba escuchar tanto que acabe desapareciendo dentro de la música. Sabía que algo fundamental había cambiado hoy, que nada sería igual de nuevo. Me sentía muy vacía dentro. Todo lo que sabía se había alejado de mí, todo lo que parecía tan sólido, real y acogedor… Me di cuenta no había garantías en este mundo. ¿En quién o en que puedo creer? Subí el volumen, más y más, hasta que la música sonaba tan ruidosa y poderosa que golpeaba mis oídos y no había nada que hacer, solo entregarte y rendirte a ello. Quería que la música hiciera desaparecer esta terrible sensación de vacío. Cuando fuertemente en la música, desapareció el temor y la soledad. Estaba en el lugar en el que no había nada, solo música. Solo el ritmo violento, glorioso y primario de la batería, el rugido vertiginoso de la guitarra…
Mientras sonaba la última nota en el Universal Amphitheater, las luces empezaron a encenderse, señalando que era el final del show y que no habría bis. Todo mi cuerpo estaba vibrando con una energía que se sentía como el resultado de ser golpeada por la iluminación. De repente nos bañamos en el brillo fluorescente de las luces del local y nos veíamos de nuevo – un mar de chavales, bañados en sudor y maquillaje agrietado deslizándose por nuestras caras, y el aroma seco del humo de la marihuana y cerveza derramada por todos lados…
Yo no quería que terminase.
Me di cuenta de que el resto de los chavales serían felices por regresar ahora a casa, continuar sus vidas, habiendo dejado salir un poco de la presión que se había estado construyendo dentro de ellos. Ahora no tendrían miedo de que sus cráneos volasen por una mina olvidada de la II Guerra mundial. ¡Pero yo no! Se que nunca sería suficiente. Necesitaba más que eso, Mire hacía el escenario, donde la gente estaba estirando los brazos hacia los roadies que estaban retirando cables del escenario, pidiendo un recuerdo, un fragmento del repertorio, cualquier pedazo de esta noche que llevarse y guardar.
Pero los recuerdos no eran suficiente para mí. Incluso las manchas de agua de papa se disolvían con el tiempo. No quería regresar a mi realidad ordinaria y solitaria. Quería algo más…
Esa noche yo cambie, fui alterada de alguna forma profunda, y sabía que nunca sería lo mismo. Marie y Paul no podían verlo según íbamos de vuelta al coche…Me sentía completamente distinta a antes. Incluso cuando regresé a casa, limpiando los restos de mi maquillaje mirándome en el espejo del baño, no podía ver ninguna manifestación física de ese cambio. Pero podía sentirlo, un brillo dentro de mí que estaba creciendo a cada momento que pasaba.
¿Era esto de lo que hablaban los religiosos cuando hablaban de que habían vuelto a nacer? Supongo que sí. Todo lo que sabía es que algo iba sucediendo, y que iba a ser pronto.
¡Podía sentirlo!


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