Hubo
un momento en el que me di cuenta de que podías salirte con la tuya
en casi todo, siempre que lo hicieras con la suficiente convicción.
Cuando al principio cambie mi aspecto, los chavales de la escuela no
sabían como manejarlo. Supongo que la mayoría pensaba que me había
vuelto loca, pero no dejé que me molestara. En realidad,
secretamente disfrutaba de que ellos me tuviesen miedo. Incluso Marie
había salido en mi defensa cuando los niños intentaban venir a por
mí: recuerdo que un chico me arrojó una manzana, golpeándome en la
cabeza. Antes incluso de que reaccionase, Marie saltó sobre él,
dándole una patada en el culo. Pero lentamente, con pasos apenas
perceptibles, empezaron a acercarse a mí. Cuando se dieron cuenta
que su opinión sobre mis pintas no me importaba lo más mínimo.
Algún tipo de respeto me rodeo en la escuela. Pronto empezaron a
hablarme de nuevo… incluso se sentaban conmigo a la hora del
almuerzo.
Big
Red era más agradable también.
Incluso,
antes de empezar la clase, alguien me toco en el hombro. Me di la
vuelta y allí de pie, más grande y feo que nunca estaba Big Red. Me
cruce de brazos y me quede mirándole.
‘Uh,
Cherie…’ dijo ella con su cara registrando confusión total al
ver el rayo, el pelo y el traje.
Yo
no dije ni una palabra.
‘Yo,
uh…’ Big Red miraba a los lados, y entonces dejo caer su voz con
un ronco susurro. ‘Quería decirte… que lo siento. Que estamos
bien, ¿de acuerdo?’
Me
miro como si estuviera esperando una respuesta. No dije nada. Solo la
mire como si tuviese dos cabezas.
‘Uh…’,
continuo Big Red, ‘¿Estamos bien o no?’
La
mire por un instante. Luego me di la vuelta y me fui caminando,
dejándola allí de pie con su boca abierta.
Después
de eso, tuve noticias de otras personas que se estaban cortando el
pelo con mechones y tomando prestadas cosas de mi look. Había pasado
del terror adolescente a creadora de tendencias en menos de un año.
Al principio, me cabreó; todos esos chavales cuadriculados que se
burlaban de mí y llamándome de todo y de repente tiñen su pelo y
se visten como pequeños glam rockers. Pero después empecé a ver el
lado divertido. Esa fue una valiosa lección en la mentalidad de la
gente.
Había
una parte en lo profundo de mí, que casi echaba de menos ser una
rebelde en la escuela. Al contrario, la parte punk de mi misma
disfrutaba odiando a todo el mundo. Todavía me imaginaba que había
bastante gente ahí fuera a la que odiar. Siempre hay algo a lo que
patear. Que estuviera en una situación más fácil en la escuela no
significaba que los Dereks de este mundo hubieran desaparecido.
No
iría al Rodney club nunca más. Lo cerraron definitivamente. El
lugar se había convertido en un imán para todo tipo de atención
negativa, y de repente estaba envuelto de una nube de problemas
legales y económicos. Algunas personas decían que el Rodney murió
el día que Rodney permitió a Chuck E. Starr pinchar música disco,
rompiendo la hegemonía del glam-rock en el club. Por supuesto que el
hecho de que siempre estuviese lleno hasta los topes de chavales
menores de edad fumados y bebidos no ayudo mucho. Todo lo que se
necesitó fue que Iggy Pop se dejara caer por el club unas pocas
veces, y después la prensa empezó a escribir de la escena del
Rodney en su forma típicamente histérica y exagerada. Una vez que
esto sucedió, el destino del club estaba prácticamente sellado. Una
vez que el club cerró, Chuck E. Starr empaquetó sus discos y se
mudó al Sugar Shack.
Desde
la muerte del Rodney’s,, las perras glitter, la era espacial, la
juventud, los malditos y los glamurosos se dispersaron por todo
Hollywood. Algunos se hicieron groupies a tiempo completo, acampando
afuera de las habitaciones de los hoteles intentando desesperadamente
conseguir el miembro de una banda – cualquier banda – mientras
que otros se pasaron a las drogas y al alcohol. Yo, seguí con la
música y acabé parando en el Sugar Shack.
El
Sugar Shack era de muchas maneras la continuación de lo que sucedía
en el Rodney’s English Disco pero con una gran diferencia: te
pedían el carnet, se aseguraban de que eras mayor de edad antes de
dejarte entrar, lo cual fue un cambio interesante de las
circunstancias normales. Paul iba habitualmente al Sugar Shack
conmigo; Marie también. Todo el mundo nos conocía en el Sugar Shack
en esa época. Habíamos cultivado la imagen más escandalosa, y
siempre había ejércitos de chavales que basaban sus pintas en como
vestíamos Marie y yo. Nos enamoramos, nos rompieron el corazón y
rompimos corazones en el Sugar. El Sugar Shack proporciono la banda
sonora más genial a la infancia que te puedas imaginar.
Ya
que mama y Wolfgang se habían vuelto más y más serios, y mama
pasaba más tiempo fuera de casa, el Sugar Shack se convirtió en lo
más parecido que tuve a una vida familiar estable. Conocía a todo
el mundo que iba allí con regularidad. La mayoría de las veces iba
yo sola, para bailar, hacer nuevos amigos, mirar y ser parte de su
atmósfera
carnavalesca.
Fue
en el Sugar Shack donde conocí al tío que – para bien o para mal
– cambiaría
mi vida para siempre.
No
servían alcohol en el Sugar Shack, y esa noche estaba sentada en la
barra sorbiendo una coca-cola. El club era pequeño, y siempre estaba
lleno de chavales. En ese momento Chuck E. Star estaba pinchando
música disco, así que me salí
de la pista para darme un respiro, pero sabía que pronto pondría
las favoritas del público como ‘The Time Warp’ o ‘Suffragette
City’ y los chavales se alinearían con sus mejores pasos de baile,
mirándose a si mismos en los espejos de las columnas mientras
bailaban. Por supuesto, aunque no servían alcohol no quiere decir
que los chavales no lo bebieran: salían muchas veces al parking y
engullían todo en frascos llenos de priva robada a sus padres de sus
muebles bar, Colt 45, Mad Dog 20/20, antes de entrar tambaleándose y
desplomándose. También había favoritismo con los Quaaludes y
escaleras arriba podías ver supervivientes de la escena glam –
tipos con grandes plataformas color rojo fuego y pelo y sus mejores
atuendos a lo Ziffy Stardust tambaleándose totalmente marginados,
besándose entre ellos y metiéndose en todo tipo de problemas. Me
gustaban mucho los quaaludes, pero el alcohol no estaba hecho para
mí. Veía el espectáculo de esos chicos borrachos, llorando,
vomitando y peleándose un poco patético. No, yo estaba allí para
disfrutar con la música… y la música era increíble. En ese
momento cientos de chavales estaban en la pista de baile, haciendo
sus mejores bailes con ‘Love to Love You’ de Donna Summer. Estaba
observando, fumando un cigarro y admirando el océano de gente
hermosa. Siempre podía ver unas pocas bajas por la priva entre el
público y me reía para mis adentros. No todo el mundo podía
manejar el alcohol como mi padre lo hacía.
‘Hola’,
dijo una voz a mi derecha. Tenía una calidad teatral en ciernes que
me sobresalto. Me di cuenta de que quizás había algún asqueroso al
azar intentando hacer un movimiento sobre mí, así que me volví
para mandarle a tomar por culo, pero cuando clave mis ojos en la
figura pegada a mí, me paré. Me di cuenta de inmediato que no era
un asqueroso normal. Para empezar, no tenia menos de 21 años. ¡Ni
de lejos! Extrañamente, era alto – realmente alto – y vestía el
traje naranja brillante más feo y hortera en el que había puesto
mis ojos nunca. El traje parecía sucio y arrugado ya que se había
despertado con él puesto. Parecía un extraño cruce entre una
mandarina y Lurch de la familia Adams. Debajo de las parpadeantes
luces del club parecía que llevaba maquillaje y era demasiado viejo
para mí. Como alguien enfermo, ¡un abuelo travestido! Tenía un
aspecto tan extraño y rústico que empecé a reírme. Parecía no
perturbarse, pensé; seguía mirándome fijamente, radiando ese aire
de exagerada importancia. No, ese tipo no era una criatura corriente.
Era una criatura extraordinaria.
‘Te
he visto por aquí’, dijo la mandarina Lurch, ‘vienes mucho por
aquí, ¿No?
Si,
le dije, volviéndome sobre mi refresco para hacerle ver que la
conversación había terminado. En vez de pillar la indirecta,
continuo allí de pie sonriéndome. Empecé a tener un sentimiento de
incomodidad. No me gustaba la forma en que ese tipo me estaba
mirando. Pensé en Derek, y luego aparté el pensamiento. No, ese
tipo parecía raro pero inofensivo. Probablemente alguien quemado, el
tipo de freak que ves en los clubs de Hollywood, alguna vieja
criatura que solía ser actor de niño o algo así. O podía haber
estado en la industria del entretenimiento – periodista, promotor o
algo similar. De otra forma no podría haber pasado por encima de los
guardias de seguridad. Pero yo estaba en un club repleto de gente.
Este bicho no podía intentar hacer nada.
‘Me
gusta tu look’, dijo el freaki, ‘me gusta un montón, tienes
huevos, ¿sabes lo que quiero decir? El pelo platino…, los
pantalones estrechos, el maquillaje. Mola mucho. Y tienes esa mirada
en los ojos que dice ‘puedo dar de ostias a un camionero’
Esto
me hizo reír, le volví a mirar y le pregunté, ‘¿Qué es lo que
realmente quieres?’
Se
enderezó, tomo una bocanada de aire y anuncio, ‘Mi nombre es Kim
Fowley’
Lo
mire fijamente, él estaba allí de pie, balanceándose sobre sus
talones, como si todo hubiese sido explicado con solo decir su
nombre. Todavía no sabía quién era. Después de un incomodo
silencio dije, ‘Vale, bien por ti. ¿Se supone que debo conocerte,
o algo parecido?’
La
verdad es que el nombre me sonaba familiar. No es que fuese a darle
la satisfacción de conocerlo. Creo que se lo oí mencionar a Rodney
un par de veces, pero no más allá de alguna vaga conexión con la
industria musical, la verdad es que no tenía ninguna pista sobre
quien era este tipo. Aunque empezaba a intrigarme. ¿Qué quería
exactamente? Me sonrió otra vez y llamó a alguien para que se
uniera a nosotros bajo la atronante PA del club. ‘Joan, Joan, ¡ven
aquí!’
Una
chica camino hacía nosotros. Tendría mi edad. Bastante bonita, con
pelo castaño rubio, ojos oscuros que parecían irradiar fuera de su
rostro. Camino por el lado de la pista de baile y se coloco al lado
de Kim Fowley. Parecía muy tímida y esconder su cara detrás de ese
largo pelo.
‘Me
gustaría que conocieras a Cherie’ dijo. Iba a preguntarle como
coño sabía mi nombre, pero él me corto, ‘Cherie – me gustaría
que conocieras a Joan Jett’
Ahora
estaba impresionada. Había escuchado el nombre de Joan Jett por la
escena durante lo que parecía una eternidad. Rodney Bingenheimer
hablaba de ella en tonos silenciosos y reverenciales que era los que
guardaba para los faces más importantes de la escena. ‘Esta chica
va a llegar lejos’, decían. La había visto en la English Disco:
era una joven con un impresionante look a lo Suzi Quattro. Esto era
antes de que Suzi explotara de verdad en América y aunque ella era
americana, tenía más éxito en Europa. Pero para los chicos de la
escena glam, Suzi era una diosa. Todas queríamos parecernos a ella,
sonar como ella, ser ella.
Joan
sonrió y extendió la mano hacía mí, diciendo hola. Parecía
bastante amigable y su presencia me relajo un poco. Si Joan estaba
involucrada con Fowley, no podía haber nada malo, ¿o no?
‘Dime
Cherie… ¿puedes cantar?, ¿o tocar algún instrumento?’ pregunto
Kim.
Apreté
mis labios. Esa pregunta me dejo desconcertada. Busque con la vista a
Paul o Marie, sorprendida por si era esto alguna especie de trampa.
Aunque nadie nos prestaba atención. Me encogí de hombros y dije,
‘No se tocar ningún instrumento, ¿Por qué?’
‘¿Has
oído hablar de las Runaways?’, me pregunto Joan
‘Claro,
son un grupo nuevo, ¿no?’
Joan
asintió con la cabeza. Las Runaways habían sido difundidas boca a
boca por toda la escena. Nadie parecía saber mucho de ellas, excepto
que iban a ser la próxima sensación. Todo el mundo tenía una
opinión sobre ellas, aunque nadie parecía haberlas visto tocar
todavía.
Ahora
que había admitido conocer a las Runaways, Kim entró en su discurso
de vendedor completo.
‘¡Solo
son la banda más marchosa de la década!’ me informó con una
sonrisa de satisfacción. ‘Las Runaways son una banda de R&R
formado solo por chicas. Van a ser las próximas Beatles en femenino
– las chicas equivalentes a Elvis, o Bowie, o el puto Bo Diddly. Yo
soy el mago y visionario que va a hacer que esto suceda. ¡Ellas van
a cambiar el mundo! Y aquí está Joan, la guitarra rítmica…’
La
forma en que lo dijo me hizo sentir que había soltado esa charla
varias veces antes.
Aun
así, no pude evitar que me absorbiera su entusiasmo. Lo que no me
podía imaginar era porque me estaba soltando esa charla a mí.
‘Entonces,
uh… ¿Qué me quieres decir?’
‘Lee
en mis labios’ me dijo Kim, ‘Nos- Gusta – Tu Look, ¿sí?
Puedes cantar, ¿no?’
Cuando
dijo esto, unos flases atravesaron mi mente. Lo primero fue el
rechazo de mi profesora de música, Ms. Davenport, al intentar entrar
en el coro la primera vez, en base a que ella pensaba que mi voz
apestaba. No utilizo esas palabras exactamente, pero no tuvo que
hacerlo – su cara lo decía todo. Me metí a la segunda
oportunidad, quizás la vieja Davenport tenía la regla ese día o
algo parecido. Lo siguiente en lo que pensé fue en el show de la
escuela, donde había ganado recientemente el primer premio por hacer
playback con David Bowie. Marie y yo pasamos horas para conseguir el
vestuario y la coreografía perfectos. Cuando acabo la canción, el
auditorio se volvió loco. Fue la sensación más loca y emocionante,
de las que pone la piel de gallina, cuando la nota final sonó, todo
el lugar eructo en felicitaciones.
‘Si,
puedo cantar’ les dije, intentado parecer guay.
Casi
se me escapa que mi hermana y yo cantábamos canciones de Dean Martin
con mi padre en el Kiwanis Club, pero me detuve sintiéndome como una
idiota sin remedio por siquiera pensar en mencionarlo. En lugar de
eso dije, ‘Fui primera en el show escolar de talentos cantando
David Bowie’
Decidí
no mencionar lo del playback.
‘¿David
Bowie?, huh’ dijo Kim. Luego puso su dedo sobre mi pecho y apuntó,
‘si mi instinto no me engaña… y es algo que aprenderás de mí,
Cherie, es que mi instinto SIEMPRE acierta… y para cuando termine
contigo, vas a ser más grande que David Bowie. De hecho’ dijo con
una mirada de soslayo, ‘vas a tener a gente como David Bowie
lamiendo esas botas de plataforma plateadas de tus…’
Joan
empezó a reírse, volteando sus ojos. Supongo que ella estaba
acostumbrada a la forma extraña de hablar de Fowley, pero todavía
le miraba como si tuviese dos cabezas. Sacó una libreta y un lápiz
de su bolsillo y me preguntó, ‘Entonces - ¿Cuándo tienes libre
para una prueba?’
¿Una
prueba? Esto de repente me golpeo con una punzada de miedo en mis
entrañas. Obviamente andaban a la pesca en clubs para menores de 21
años, buscando una chica rubia con pantalones estrechos que
pareciese como si pudiese dar de ostias a un camionero así que ella
podría cantar en la alocada banda que estaban montando. Y aquí
estaba yo. Puse mi mano temblorosa en mi vaso de soda e intenté
parecer indiferente.
‘¡Um,
una prueba!’ repetí tontamente.
‘Si
- una prueba. ¿Cuándo puedes hacerla?’
Una
nueva canción comenzó, y una ovación llegó desde el público
cuando el primer golpe de batería golpeo el suelo ya que todo el
mundo conocía lo que se avecinaba, ‘Benny and the Jets’ de Elton
John. Esa canción era mi favorita esos días y siempre me ponía en
un estado relajado y en trance. Pero esa noche no. Ahora no…
‘Gee,
Sr. Fowley…’ tartamudee, ‘No sé, en cualquier momento,
supongo…’
Observe
como hojeaba su libreta. Todavía no me podía creer lo que estaba
sucediendo.
‘¿El
sábado a las 2?’ preguntó, fijo sobre mi con una mirada
expectante.
Me
di cuenta de un sobresalto de que solo quedaban tres días. ‘Si,
perfecto’. Solté antes de que pudiese cambiar mi pensamiento.
‘Excelente’,
hizo una anotación en esa pequeña libreta. ‘Dime - ¿Estas
familiarizada con la música de Suzy Quattro?’
‘Si…
tengo todos sus discos’ dije. Por supuesto que tenía todos sus
discos. Yo estaba loca por la música. Mi madre solía decirme que
solo tendría libre la cama de mi habitación si mi colección de
discos seguía creciendo.
‘Genial,
bien. Quiero que te aprendas una de sus canciones. Una que te guste.
Puedes cantarla en tu prueba con la banda’
Kim
Fowley era ahora todo negocio. Estaba garabateando una dirección en
la libreta. Arranco una página y la apretó sobre mi mano. Con una
astuta sonrisa empezó a darse la vuelta, pero entonces se detuvo,
como si recordase algo importante. Entonces me preguntó.
‘Exactamente, ¿Cuántos años tienes, Cherie?’
Me
senté y adopté mi mirada más madura-
‘Quince’
le dije con mi voz más confidente. ‘Voy a cumplir dieciséis en
unos pocos meses…’
Con
esto su grande y rara cara se arrugo con una sonrisa. Una sonrisa no
del todo agradable.
‘Bien’
balbuceo, ‘¡Muy bien!’ Algo sobre la forma en que lo dijo me
hizo imaginar algo sobre lo que él quería decir. ‘Joven y fresca…
¡justo como me gustan!’ pero afortunadamente, él no.
Y
así, se dio media vuelta y se alejó. Me senté allí, viéndole
alejarse, un poco sorprendido.
‘Ha
sido un placer conocerte’, dijo Joan, antes de que se fuera.
Entonces se dio la vuelta y gritó, ‘¡Nos vemos el sábado!’ y
se marchó, siguiendo a el gigantesco armazón naranja de Fowley
entre la multitud.
Me
senté allí aturdida por todo lo que había pasado. Estaba tan
atrapada en mis propios pensamientos que apenas note que ‘Benny and
the Jeys’ había terminado convirtiéndose en ‘Personality
Crisis’ de los New York Dolls, y que Paul estaba de pie enfrente de
mí, mirándome con una extraña expresión en su cara.
‘¿Estas
bien?’, pregunto, ‘parece como si hubiese visto un fantasma’
‘¿Conoces
a un tipo llamado Kim Fowley?’ le pregunte, ignorándolo.
‘Claro,
¿El productor discográfico? Hizo esa canción, ‘They’re Coming
To Take Me Away’ que Doctor Demento pone siempre en su show, ¿no
es él? Wow - ¿está aquí?’ Paul empezó a estirar su cuello para
vislumbrar a Fowley, quien ya estaba bastante lejos.
‘Si…’
dije un poco aturdida aún. ‘Estaba hablando con él. Me pregunto
para hacer una prueba para una banda de todas chicas llamada
Runaways. Joan Jett estaba con él’
‘¿Es
verdad?’
‘Si’
Paul
se rio con su extraña risa. ‘¡La leche, Cherie!, te dejo sola 5
minutos, ¿y que sucede? ¡Vas y te conviertes en una estrella del
rock!’
‘¡Calla!’
Me reí mientras Paul me arrastraba por el suelo bailando. Por el
camino, vi a Marie. La llamé, y empecé a balbucear contándole lo
que había sucedido.
‘¿Quien?’
‘Kim
Fowley’
‘¿Quién
es él?’
‘¡Ese
tipo de pintas extrañas con un traje naranja!’
‘¡Oh!’,
dijo Marie arrugando su nariz. ‘Él intentó hablar conmigo
también, me preguntó si sabía tocar el bajo. Le dije que se fuera
a tomar por culo, ¡menudo perdedor…!’
Cuando
llegué a casa esa noche, le quería contar a mi madre lo que había
sucedido, pero no podía ya que estaba en Indonesia con Wolfgang.
Últimamente iba mucho y Sandie se había convertido en el padre de
facto por un tiempo. En cierto modo, era mejor que contárselo a mi
madre, porque Sandie lo entendería; ella había estado en la
industria. Cuando yo era más joven, pensaba que mi hermana mayor era
la chica más guay del mundo: tenía su propio apartamento en
Hollywood cuando cumplió 18 años y vivía una vida que a mí me
parecía muy glamurosa: filmando anuncios por el día, esperando para
su despegue, y trabajando como camarera de noche para poder
mantenerse ella sola. Después consiguió su pelotazo por un tiempo
largo: un papel en un western llamado Rio Lobo, protagonizado por
John Wayne. Para ese tiempo había aparecido en cuatro películas
más. Conoció a T.Y. en el set de una película llamada Policewomen
donde ella interpretaba a una policía que se infiltraba en una banda
criminal femenina. Quiero decir, ¿imagínate a mi hermana mayor como
una estrella y casándose con su magnífico protagonista masculino?
Cuando tenía 15 años, pensaba que, si podía seguir los pasos de mi
hermana mayor, moriría feliz.
Era
tarde cuando llegue a casa, pero aun así golpee en la puerta de
Sandie. ‘Sandie - ¡despierta!’ sisee en la puerta de su
habitación. ‘¡Tengo que contarte algo!’
Si
alguien podía entender lo bueno que era esto, esa era mi hermana
mayor. A pesar del hecho de que había cierta tensión entre nosotras
desde el incidente con Gail, sabía que ella entendería lo bueno que
era tener una prueba con un productor musical. Marie intentaba
hablarme cuando íbamos a la cama. ‘Cherie, ¿no puedes esperarte a
mañana? Es tarde, ¡es medianoche!’
‘¡No!’
estalle, ‘¡Esto es importante!’
Sandie
y T.Y. se tambaleaban en sus albornoces, frotándose sus ojos. ‘Uh,
Cherie…’ dijo Sandie, ‘¿Qué pasa?, ¿Va algo mal?’
Yo
me reí, babeando por toda la excitación. ‘¡Oh, dios Sandie!
¡Tengo la noticia más increíble!’
La
emoción ya había alcanzado a Donnie, que se tambaleaba con los ojos
hinchados y bostezando. ‘¿Qué es todo ese ruido?’ demandó,
‘¿Se ha muerto alguien o algo parecido?’
‘Ok
Sandie, escuche esto, Kim Fowley… que es como el tío más
importante de la industria – quiero decir, importante, ¿vale? Kim
Fowley me quiere hacer una prueba para las Runaways, ¡el sábado!’
Marie
volteo sus ojos. Ella había escuchado eso toda la noche. ‘Ese tipo
es un bicho raro’ insistía, ‘¡No deberías creerle!’
Le
lance una mirada maliciosa, ‘¡Oh si!, cuéntale eso a Joan jett’
Me
volví a Sandie y T.Y. Por supuesto que no sabían quiénes eran Kim
Fowley, las Runaways o Joan jett, pero me sonrieron con indulgencia y
asintieron con sus cabezas.
‘Estoy
feliz por ti, cariño’. Dijo Sandie.
‘Vas
a darles duro en la prueba, Cherie-zee’ añadió T.Y. con
somnolencia.
Viniendo
de Sandie y T.Y.esto significaba el mundo. Notaba mi corazón
saltando en mi pecho.
Donnie
dijo, ‘así que, uh, si te unes a esa banda, ¿grabaras discos y
cosas así?’
‘¡Oh,
si!’
Suspiró,
y agitó sus brazos al aire. ‘¡Genial, ahora te escucharemos en la
radio!’
Era
tarde y Sandie nos preparo algo de comer. No hablamos mucho después
de eso. Todo el mundo estaba cansado, todos menos yo. Después de un
rato todos regresamos a la cama. Mientras Marie dormía salí
a hurtadillas de la cama, abrí la puerta silenciosamente y salí al
jardín. Era noviembre y el aire era fresco. Realmente nunca hacía
mucho frio en el Valle. Podía escuchar el constante ritmo de los
grillos. El cielo estaba claro y podía ver un millón de estrellas
extendiéndose al infinito. Había leído y releído artículos de
todas mis estrellas favoritas del rock en revistas de forma obsesiva
y sabía que a veces todo lo que se necesita es un simple giro del
destino para ser descubierto. ¿No había sido descubierta Suzi
Quattro por Mcikie Most tocando en algún antro de Detroit, solo
porque él estaba en la ciudad en otro concierto? Una parte de mí
estaba temerosa de ser decepcionada, pero otra parte mía no temerosa
estaba determinada a que este encuentro con un famoso productor
discográfico iba a cambiar mi vida para siempre. Pensé en David
Bowie sobre el escenario, la forma en que controlaba a miles de
personas con cada gesto estilizado y cuidadoso. ¡El poder que tenía
sobre mí! Quería ser poderosa; también quería ser extraordinaria…
Mire
fijamente a las estrellas. Sabía que no iba a ser posible dormir esa
noche. Me acorde del porro que tenía en el fondo de mi bolso. Había
estado metido allí un mes; me lo pusieron en la mano en alguna
fiesta, y ni me había molestado en fumármelo. Nunca reaccionaba
bien con la hierba en el pasado; me hacía sentir extraña, un poco
paranoica. Pero a veces compraba algo de marihuana, mayormente para
compartirla con otros chicos del barrio que si fumaban. Siempre
querían salir conmigo porque tenía hierba: Cuando eres adolescente,
las drogas pueden ser una importante herramienta de unión.
Saque
el porro. Estaba maltrecho y doblado de pasar tanto tiempo en el
fondo de mi bolso.
Lo
encendí y le di una profunda calada, aguantando el humo gris como
hacían los chicos más mayores. Pude sentir mis pulmones arder. Lo
notaba más fuerte que el tabaco. La necesidad casi insoportable de
toser me llegó, pero me las aguante. Cuando finalmente exhalé el
penacho de humo acre en el aire nocturno, me sentí bastante mareada.
El
cielo estaba hermoso. De repente el mundo parecía vasto y repleto de
posibilidades. Después de contemplar el cielo un instante, le di
otra calada y me las arreglé para mantener el humo dentro. Cuando lo
expulsé, empecé a pensar en lo grande que todo era. Me senté,
contemplando esa inmensa negrura de tinta, esos millones de diminutos
puntos de plata brillando allá arriba en el espacio parpadeando,
ondulando las luces de Navidad...
Finalmente
me sentí relajada, y lentamente me empecé a sentir maravillosamente
fumada.

No hay comentarios:
Publicar un comentario