Cuando
mama regreso de Indonesia, estaba rebosante por darle nuevas
noticias. En las semanas que habían pasado desde que me uní a las
Runaways, todo había sucedido bastante rápido. Kim había
organizado conciertos de calentamiento para nosotras. Empezamos a
tocar conciertos en fiestas caseras, llenas de chavales adolescentes,
montándolo en los salones e incluso una vez en la azotea. Kim nos
vestía con camisetas estampadas con el logo de las Runaways – una
cereza, inspirada en ‘Cherry Bomb’. Esos shows eran caóticos,
excitantes y desordenados. Los chicos del público reaccionaban con
locura e histeria que hacía parecer que iban a destrozar el lugar.
Uno de esos conciertos acabo siendo parado por la policía ya que los
chicos estaban alborotando mucho.
Pronto
aprendí que Kim Fowley, aparte de un raro con un estilo de vestir
parecido al de un paciente mental puesto de ácido, era también un
maestro de la propaganda y de la manipulación de los medios de
comunicación: el boca a boca sobre las Runaways se había extendido
por todos lados, y todavía no habíamos firmado el contrato con
Mercury. La idea de un grupo de chicas adolescentes tocando verdadero
R&R estaba causando una agitación seria en la escena musical de
L.A.
Así
que cuando Mama atravesó la puerta, fui hacía ella inmediatamente,
bombardeandola con noticias sobre el contrato discográfico, los
conciertos y las entrevistas. Mi madre de forma nerviosa lanzó una
mirada a Wolfgang y después aplastó mi entusiasmo tan rápido como
el tiempo que tardó mi padre en golpearme con la noticia de que él
se mudaba a Texas.
‘Bueno…
eso es genial, cariño’, dijo él, ‘esto es realmente bueno. Pero
Wolfgang y yo tenemos una noticia maravillosa para ti, también…’
Un
día más tarde, y las ‘maravillosas noticias’ de Mama realmente
empezaban a hundirme. Como una lluvia constante que golpea sobre la
ventana, empecé a enfurecerme con resentimiento. Mi madre se estaba
casando con Wolfgang y mudándose a la puta Indonesia.
Es
difícil describir como me hizo sentir esto. Decir que el viento
había dejado de soplar mis velas sería una forma de entenderlo.
Cuando mama llegó a casa, yo estaba en la cima del mundo –
rebosante con la sensación de que era parte de algo importante. A
los 15 años, era la cantante de una banda que estaba a punto de
firmar con un sello discográfico. Había encontrado mi vocación:
sabía lo que quería hacer el resto de mi vida. Me había hecho
amiga con las chicas del grupo, y siempre había un sentimiento de
familia entre nosotras. Las Runaways iban a conquistar el mundo; no
teníamos dudas sobre ello.
En
vez de haber tenido un día para disfrutar nuestro éxito, de repente
todo se derrumbo con las noticias de Mama y Wolfgang. La rabia dentro
de mi era insoportable. Me preguntaba incluso si les importaba mi
felicidad. ¿Acaso le importaba a ella? A los 15 años, siempre tuve
un grado de independencia que la mayoría de los chicos no disfrutan.
Ser arrebatada de ella de repente, recordar que yo no era más que un
accesorio en los planes de mi madre, realmente duele. Pero más que
la rabia, era el temor. La incertidumbre. Lo que quiero decir es -
¿Qué demonios iba a pasar con nosotras?
¿Indonesia?
Hasta que mi madre conoció a Wolfgang, ni siquiera tenía idea de
que Indonesia existiese. Por lo que a mi respecta, también podría
haber venido a casa a anunciarme que se iba a ir a empezar una nueva
vida al planeta Marte.
‘Entonces,
¿Qué deberíamos hacer?’ me preguntó Marie por millonésima vez
esa mañana. Marie, Donnie y yo habíamos estado sentados alrededor
de la guarida murmurando sobre los planes locos de mi madre. Mama se
había ido de nuevo; estaba en la tienda, tratando de ponerse al día
con todo el trabajo que había perdido. Ni siquiera podía insistir
en cómo me hacía sentir. Wolfgang, la tienda - se hacía difícil
ver cuál era nuestro lugar en la vida de mamá.
‘¿Qué
demonios debía saber?’, dije, ‘¿Indo-puto-nesia?’
Como
si Texas no estuviese lo suficientemente lejos para ella, ‘¿tenía
que ir más allá y saltar un puto continente?’ Me estremecí y
continúe mirando al suelo como si fuese a encontrar algún tipo de
solución ahí.
‘Bueno,
me voy’, dijo Donnie, ‘¡no quiero estar aquí!, quiero explorar
el mundo. ¡Ver cosas nuevas! ¡Vivir en la jungla! ¡Wolfgang dice
que Indonesia está repleta de jungla!
‘Es
In-do-ne-sia, mierda’, dije
No
podía decidir que me hacía más daño. El hecho de que mi madre
hubiera anunciado que se iba a Indonesia, y luego dejar caer la mayor
decisión de mi vida en un rincón a mis 15 años… o que ella
realmente hubiese aceptado casarse con Wolfgang. No se podía
describir en palabras la aversión que sentía hacía Wolfgang en
esos días. La idea de que mi madre se casase con cualquiera que no
fuese mi padre me llenaba de fanática furia. ¡Se atrevía a tomar
el lugar de mi padre!
‘¿Crees
que ella venderá la casa?’, preguntó Marie
‘Uhh,
¡por supuesto que lo hará! Ya conoces a Mama – va a hacer lo
mejor para ella, en cuanto a lo que queremos… una vez que se ha
decidido... ¡eso es todo!’
Mama
nunca cambiaba de idea. Es otra cosa de ella que me ponía enferma.
Me sentía como si pudiese romper algo. O algo similar. Si nos
quedábamos aquí, tendríamos que mudarnos con la abuela y la tía
Evie. Sandy continuaría con su indeseado rol de ‘madre’ un
tiempo más, al menos hasta que la casa y todo lo que teníamos en el
mundo se hubiese vendido. La idea de todos apretujados en la pequeña
casa de tía Evie no era algo que esperase con ansía.
‘Vale,
me voy’ anuncio de nuevo Donnie.
‘Vale,
¡te hemos escuchado!’, suspire, ‘así que, ¿Por qué no te
callas y nos dejas hablar?’
‘Estoy
diciendo que, si no me voy a mudar con la abuela y la tía Evie,
¡habrá más habitaciones para vosotras!, allí es muy aburrido…’
‘Oh,
si’, dijo Marie, ‘¿y si Papa regresa?’
Donnie
se puso a pensar cuando Marie dijo eso. Hablábamos con Papa cada
semana, y siempre le preguntábamos si iba a regresar. Él nunca nos
decía que estaba planeando. La tía Evie nos había confiado que su
negocio no iba bien, y que en vez de eso andaba vendiendo
Dishmasters. Por supuesto, Papa nunca nos lo contaría, él era
demasiado orgulloso. La abuela había ido incluso más lejos diciendo
que Papa iba a regresar en cualquier momento desde Texas. Una parte
mía todavía lo encontraba difícil de creer. Donnie se dio la
vuelta y se puso a ver la TV. Ponían el show de Andy Griffith, con
el sonido quitado. Donnie me recordaba algo a Opie, porque era como
un chico con buen corazón. Realmente yo pensaba que era una actitud
valiente querer ver mundo.
Donie
me había demostrado hacía unos pocos años lo valiente que era.
Cuando estaba en quinto curso, y tipo de sexto grado llamado Danny me
abofeteo en la cara por haber defendido a una amiga mía con la que
él se estaba metiendo.
Cuando
Donnie me vio llorando y le conté lo que me pasaba, él me dijo: ‘no
te preocupes, me encargare de ello’ Luego me dio un abrazo, Por
aquel entonces él estaba en tercer grado. Más tarde ese día,
cuando estábamos sentados en la zona del almuerzo, escuchamos
gritos, y allí estaba Danny corriendo como alma que lleva el diablo
con mi hermano pequeño, Don, pisándole los talones, golpeándole en
todas partes menos en las plantas de los pies. Desaparecieron por la
esquina mientras todo el mundo miraba. Unos pocos minutos más tarde,
un Danny golpeado, magullado y con la cara colorada caminaba hacía
mí pidiendo disculpas. ‘¡Lo siento! No te volveré a molestar
más… pero por favor, ¡no eches a tu hermano contra mí nunca
más…!
Aunque
nos peleábamos mucho, adoraba a Donnie, y la idea de que se mudase a
otra parte del mundo me ponía enferma. Nunca me imagine no tener a
Donnie alrededor para meterme con él. Incluso no le llamaría
‘orejas de Dumbo’ nunca más.
‘No
me importa’, dijo Donnie a nadie en particular. ‘Incluso si Papa
regresa, me voy. Quiero vivir con Wolfgang y Mama – me gusta
Wolfgang. Él es guay, y es inteligente, y me ha contado que me
llevara por todo el mundo. Es más… me ha dicho que me comprara una
bici’
Yo
le dije a Donnie, ‘debe ser fácil ser un imbécil’, pero no
había malicia en ello. Cuando tienes esta edad, la promesa de una
casa grande y una bicicleta nueva es irresistible. Me dio pie para
ello, así que salte sobre él y empecé a hacerle cosquillas, hasta
que se puso rojo y gritó, ‘¡TÍA!’
Parecía
que tan pronto como las cosas empezasen a irme bien, algo llegaba
para arruinarlo todo. Semanas después de unirme a las Runaways, me
veía forzada a elegir entre la banda y mi hermano y mi madre. Quiero
decir - ¿Cómo iba a hacerlo?
A
pesar de los ensayos diarios después de la escuela, y en fines de
semana, desde las 2 de la tarde y hasta última hora en ese apestoso
y pequeño tráiler, ser la cantante de una banda había sido hasta
ahora una increíble experiencia. La música era poderosa, y había
una electricidad real cuando las cinco tocábamos juntas: los
pequeños shows que habíamos hecho nos habían dado una pequeña
idea del revuelo que las Runaways podían montar. Renunciar a este
momento único en la vida por ir a vivir a Indonesia con Mama y
Wofgang era algo que no iba a suceder.
Kim
llevaba a la banda como a un equipo deportivo bien afinado, con él
como un entrenador maníaco
ladrando desde la banda. ‘¡Estúpidas perras! ¡Sois jodidas
moscas en el culo de un perro! ¡Poned un Mi allí! ¡sois una puta
mierda de perro estúpida! ¡Apestáis! ¡sonáis como vómito de
perro!’ Y funcionaba: todas teníamos miedo de Kim Fowley. Y el
temor funcionaba: si no querías a Kim en tu cara escupiendo: ‘¡culo
de perro! Acertabas en todas las notas, y dabas en cada ejecución el
100%.
Finalmente,
después de aguantar sus rabietas y desplantes bien ensayados,
estábamos dispuestas a entintar con Mercury y grabar un álbum de
debut que ‘alterara la cara del R&R – ¡PARA SIEMPRE!’ como
le gustaba apuntar a Kim.
Kim
Fowley era un maestro del bombo y platillo. Organizaba sesiones de
fotos y entrevistas con revistas. Nos instruía en como actuar y qué
decir. Inventaba historias salvajes. Incluso contrataba a chavales
para hacer piquetes fuera en los conciertos de rock, con carteles que
decían ¡QUEREMOS A LAS RUNAWAYS! La gente que hacía las
entrevistas no tenía ni qué hacer con nosotras. La mayoría de las
veces eran tipos melenudos, hastiados que pensaban ni por un minuto
que tocábamos nuestros propios instrumentos. En realidad, nos
preguntaban para confesar abiertamente ‘las mentiras’, y
demandaban que les contásemos que todo este rollo era algún tipo de
estafa inventada por Kim Fowley. Preguntaban estúpidas preguntas a
Joan como, ‘Así que, uh, ¿qué te hace pensar que puedes tocar la
guitarra?’ Joan se enfadaba cuando la gente decía estúpidas
mierdas como esa a ella, pero al final nos teníamos que reír. No me
di cuenta en ese tiempo, pero esa actitud acosaría a las Runaways en
toda su carrera. Nuestras canciones iban sobre sexo, y el estilo de
vida adolescente rockero… todas esas cosas que nos importaban. Es
divertido pensar que un puñado de chicas adolescentes podían volver
locos a los periódicos. Kim nos picaba para ser incluso más
rabiosas. Seguía diciéndonos que íbamos a ser la banda más grande
del mundo., y una parte mía empezaba a creerle.
‘El
sexo vende’ nos decía continuamente. ‘¿pero el sexo carcelario
y adolescente? ¡Hace a un hombre querer eyacular en sus pantalones!
¡Es provocador! Hace que las chicas quieran agarrar tu entrepierna.
¡Es el paraíso carcelario de seducción de esos jodidos viejos! Y
ese es el mejor tipo de sexo que existe…’
El
tren de las Runaways había abandonado la estación y yo estaba en
él, simple y llanamente. Como si estuviese leyendo mi mente, Donnie
dijo, ‘Probablemente haya grupos de rock en In-do-nemia. A lo mejor
usan cocos en vez de tambores, y tablas de lavar en vez de guitarras’
‘¡Cállate
Donnie!’ Marie río.
Sabía
que justo en ese momento Kim Fowley estaba ahí fuera haciendo el
trato con Mercury Records. ‘No hay banda como las Runaways en
Indonesia’ Le dije con la mirada perdida.
Don
se enfadó y me dijo, ‘Bueno, ¡yo me voy tanto si vas como si no!’
Le
tiré una almohada, alcanzándole en la cabeza.
Mientras
las paredes se estaban derrumbando sobre mi con mi familia, empecé a
mirar a las chicas más como una familia. La música, que siempre
había sido mi droga, era ahora la única cosa en la que podía
confiar. Y lo último que necesitaba era pedirme perdón a mí misma.
Aunque mi vida hogareña apestaba, no era la única en la banda con
problemas. ¡Esas chicas tenían mucho de lo suyo para lidiar! En las
tres semanas que las conocía, aprendí que la madre de Joan estaba
sola, trabajando como una perra para mantener a la familia unida y
poner comida en la mesa. Jackie también venía de un hogar
monoparental. Sandy y Lita eran las únicas afortunadas. Sus padres
estaban todavía juntos y yo me alegraba por ellas. ‘La casa de
Wolfgang es enorme’, dijo Marie finalmente. ‘Quiero decir – si
ves las fotos, podremos tener cada una nuestra propia habitación’
Miré
a Marie, enferma por toda la conversación acaecida hasta ese
momento. ‘¿Es eso lo que quieres?’ Le pregunte, ‘¿Es todo lo
que te importa?’
Marie
me gritó, ‘¡solo quiero que estemos juntos! ¡Eso es TODO lo que
quiero! ¿Qué hay de malo en eso?’
Mire
a Donnie, que ya estaba en Indonesia en su mente.
‘Quiero
decir tantos de nosotros como sea posible’, dijo Marie lentamente.
Se
estaba acercando las 2 en punto. Pronto me tendría que ir a ensayar.
Me imagine como me sentiría hoy entrar en el local de ensayo y
anunciar que dejaba el grupo porque me mudaba a Indonesia. Todas me
dirían si había perdido mi puta cabeza. En cuanto a Kim, no lo sé,
pero tenía la impresión de que en lo que a él concierne, una
bonita rubia de 15 años era tan buena como cualquier otra.
Probablemente me hubiera sustituido incluso antes de coger el avión.
‘Marie’,
le dije, ‘¿si me quedo y me mudo con la abuela y con la tía Evie…
qué harías tú?
Sin
ni siquiera una pausa, Marie dijo, ‘Haré
lo que sea que tú hagas, Cherie. Tenemos que permanecer juntas’
No
había nada más que decir. Enseguida escuche dos bocinazos con el
claxon ya que Stinky estaba fuera esperando. Al salir por la puerta
hacía ese bus Volkswagen machacado, mire atrás a la casa. Marie
estaba de pie en la puerta, y ella saludaba con la mano con una
ligera sonrisa en su cara como si pudiese leer mi mente.
‘¿Indonesia?’ me llamó, con un brillo en los ojos.
Me
di la vuelta, posando, luego grité. ‘¡Cuando los cerdos vuelen!’

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